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Policía sospecha que deuda con el PCC activó el atraco a Brinks

“Esa era nuestra pena, que los atrapen los brasileños; yo lloraba. También nosotros tenemos cierta autoestima. Que los agarren los brasileños sería desastroso para la Policía”, sostuvo el comandante de la Policía, Abel de la Barra

El brasileño Mariano Luiz Tardelli cayó este sábado por el atraco a Brinks.

El brasileño Mariano Luiz Tardelli cayó este sábado por el atraco a Brinks. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Corz / La Paz

16:31 / 16 de abril de 2017

Mariano T., el líder de la banda que atracó la remesa de Brinks, es descrito por la Policía como un hombre frío y un matón a sueldo. Una deuda que ponía en riesgo su vida con el peligroso grupo brasileño Primer Comando de la Capital (PCC) lo habría llevado a perpetrar el asalto.

Está en Bolivia hace 10 años, camuflado como un hacendado en la zona fronteriza de Santa Cruz con Brasil, su país de origen. Tiene vínculos con el PCC, una de las organizaciones criminales brasileñas más grandes que nació en la década de 1990, dedicada, principalmente, al narcotráfico. 

El comandante de la Policía, general Abel de la Barra, informó que Mariano T. estaba dedicado a la actividad del narcotráfico y que quedó en la bancarrota debido a los “duros golpes” que sufrió como consecuencia de los operativos ejecutados por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN).

“Lo dejaron en la bancarrota. Al parecer este sujeto tiene una deuda con su propia estructura criminal, con el PCC; entonces, tenía que llevar (dinero, ya que le advirtieron:) ‘Me trae la plata, la inversión o es que aquí mismo mueres’. Por eso se animó a hacer este golpe”, reveló en una entrevista con La Razón.

El 30 de marzo, un grupo armado atracó en la vía a Roboré, Santa Cruz,  un vehículo de la empresa Brinks. Utilizó armas militares de grueso calibre y con un impacto de bala anuló el motor del vehículo, según los reportes policiales. Se hicieron de un botín de $us 350.000 y Bs 2,6 millones, y escaparon en tres motorizados, de los que posteriormente incendiaron dos para continuar con su huida.

La Policía activó un operativo de rastrillaje. Poco después halló a los delincuentes y ejecutó el 1 de abril un operativo en medio de una resistencia armada que dejó cinco policías heridos de diversa gravedad, sin lograr ninguna detención.

Una semana después, el 8 de abril, fue ejecutado un nuevo operativo, tras varios realizados a partir de informes de Inteligencia y de datos de comunarios —la mayoría intencionalmente equivocados—, que terminó con la captura del líder de la banda delictiva. “Lo hemos encontrado agitado, abatido, cansado y queriendo todavía correr, pero ya no daba”, relató el general De la Barra.

Tenía una herida de bala infectada y con gusanos en el hombro, que habría recibido en el fuego cruzado del primer operativo. Fue cercado en cercanías de una riel, porque tenía pensado subir a un tren para huir.

Las tareas policiales eran coordinadas con sus pares de Brasil. “Esa era nuestra pena, que los atrapen los brasileños; yo lloraba. También nosotros tenemos cierta autoestima. Que los agarren los brasileños sería desastroso para la Policía”, sostuvo.

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