Nacional

Pueblo-frontera

No aceptaron el ofrecimiento de Brasil de que sus hijos estudien en escuelas brasileñas

La Razón / La columna sindical - Carlos Corz

01:37 / 04 de marzo de 2012

Uno estrecha las manos de decenas o cientos de personas en sus relaciones laborales y sociales, por citar sólo algunas ocasiones. Sin embargo, pocas quedan marcadas en la piel, retina y memoria porque son parte de personas únicas en este mundo o, como en este caso, en Bolivia. Son manos de quienes decidieron alejarse de su tierra que los vio nacer y migrar en busca de mejores días.       

En 1992 animaron a sus familias a emprender el viaje, desde el sur hasta el norte del país. Son de Tarija y Chuquisaca; no sabían nada de la selva amazónica hasta que llegaron a Bolpebra, en el extremo de Pando, frontera con Brasil y Perú. Aprendieron, a fuerza de errores y necesidad, a pescar o cazar en el monte. Inicialmente eran 15 familias, hoy llegan a 33.

Construyeron el pueblo con sus manos, porque nadie los llevó a arriesgarse y empezar esta aventura. Si no contaban con el apoyo del hombre, por lo menos querían la gracia de Dios, por eso bautizaron a Bolpebra como San Pedro de Bolpebra.

Construyeron una posta de salud y una escuela, y estaban a punto de inaugurar un sistema de agua potable, construida por el Gobierno. Todo, incluido el esfuerzo de 20 años de cada uno, se llevó el río Acre, frontera natural con el coloso Brasil.

Lo de coloso no es casual. Assís, ubicada frente a San Pedro de Bolpebra, tiene al menos dos supermercados, calles asfaltadas y hasta ahí se llega vía carretera asfaltada, desde Brasilea, frente a Cobija.

No sería justo hacer la comparación entre estas dos realidades por las diametrales diferencias, entre ellas económicas, pero sólo así uno puede llegar a entender el esfuerzo y sacrificio de aquellos bolivianos que decidieron cambiar su destino y, sin saberlo, convertirse en centinelas de la heredad nacional.

Brasil los apoyó desde el principio en áreas como salud, pero declinaron la invitación de enviar a sus hijos a escuelas del país vecino. “Nosotros queremos nuestra propia educación”, afirmó Nicolaides Cazón,  uno de los habitantes del pueblo-frontera. Bolivia limita con Brasil, Argentina, Perú, Paraguay y Chile. La mayor extensión territorial fronteriza es con Brasil. Silda Valencia contó que muchos jóvenes, como ella, trabajan o tienen negocios en los países vecinos, mientras que la mayoría se dedica a la agricultura, caza y pesca en el suelo boliviano. Estreché manos de Santusa Castillo, Freddy Cruz, Emilia Pacheco, Rómulo Terrazas, Nicolás Flores, Mercedez Vásquez, Seferino Santos e Irineo Ayllón, quienes, junto al resto planeaban cómo volver a levantarse y construir un nuevo pueblo. Cazón me pidió que no los olvidáramos y me estrechó la mano.

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