Animal Electoral

Candidatos, partidos y contextos: incertidumbres paceñas

En La Paz y El Alto, tres factores están en juego: la capacidad del MAS para movilizar, el desafío de Chapetón y Revilla de seducir, además de la necesidad de Mendoza de convencer a la clase media.

Resultados electorales en La Paz y El Alto en 2009-2014. Infografía: La Razón/Con datos del Atlas Electoral-OEP

Resultados electorales en La Paz y El Alto en 2009-2014. Infografía: La Razón/Con datos del Atlas Electoral-OEP

La Razón (Edición Impresa) / Armando Ortuño

07:02 / 02 de marzo de 2015

Dada la sensación de incertidumbre en las cruciales elecciones en los municipios de La Paz y El Alto, parece interesante reflexionar sobre la combinación de factores que podrían converger en las decisiones de los ciudadanos. Cualquier decisión electoral surge de evaluaciones combinadas sobre los candidatos, la situación coyuntural y las respuestas a las inquietudes sociales. Todo esto inmerso en determinados marcos ideológicos y socioculturales.

Cada elección es un fenómeno particular, contextual, dependiente de la volubilidad de las emociones y racionalidades individuales, pero no por eso desligada de una historia colectiva y en una cultura política de larga data.

PISTAS. El punto de partida, en el caso de La Paz y El Alto, es la masiva fuerza de la identidad política nacionalista de izquierda y la persistencia de casi un 20% de votantes alérgicos al populismo, sobre todo en la hoyada. Por otra parte, los comportamientos electorales son el reflejo de las desigualdades sociales y territoriales de la ciudad, las cuales han estado cambiando con el crecimiento de las clases medias, la expansión popular masiva en El Alto, el rejuvenecimiento del electorado, la revalorización de la identidad aymara y su despolitización, además de los impactos del ciclo de expansión económica. La política, por supuesto, no puede ser inmune o ciega frente a estos cambios.

Hay tres cuestiones clave en estos comicios: el potencial de movilización del electorado masista, sobre todo en El Alto, donde las debilidades del candidato oficial y el creciente desprestigio de las dirigencias sociales que le apoyan son más un lastre; la capacidad de Luis Revilla y sobre todo de Soledad Chapetón de transformarse en una opción viable, y la posibilidad de Guillermo Mendoza de seducir a la clase media emergente.

En ambos municipios, la contienda se produce en un contexto de preponderancia del MAS en las elecciones nacionales, aunque con algunos signos de erosión entre 2009 y 2015. Esta fortaleza es, sin embargo, muy volátil cuando se trata de comicios locales.

El oficialismo tiene razones para preocuparse, puesto que con posiciones mucho más consolidadas que hoy, en 2010 sufrió una contundente derrota en La Paz y ganó por un pelo en El Alto. Tampoco existe una articulación política opositora sólida: La mayoría revillista de 2010 fue una combinación ad hoc de electores de centro derecha, votantes propios del MSM y de evistas alejados de su partido. El fenómeno es más impresionante en El Alto, donde más de la mitad del votante potencial masista no votó por Édgar Patana. Así, ningún candidato, que quiere ganar, puede encerrarse en un “anti-masismo” unidireccional.

Al contrario de 2010, Chapetón ya no es una sorpresa, tiene consolidado un tercio de preferencias y se ha colocado en la punta del pelotón aprovechando la debilidad de Patana y la apatía de casi un tercio de los electores, la mayoría de ellos evistas. El resultado dependerá de la capacidad de Chapetón de seguir erosionando al evismo alteño, acudiendo a la imagen presidencial.

En esta cuestión, el discurso y la propia imagen del líder serán cruciales: Chapetón parecería más en fase con la sociedad aspiracional y modernizante que le ha dado su tercera victoria a Evo Morales, mientras que Patana y sus viejos cuadros de la Fejuve parecen antiguos e ineficientes.

ARTICULACIÓN. En La Paz, la contienda es por llamar la atención de las clases medias, dominantes en la ciudad. En ese juego, Revilla partía con mucha ventaja —entre otras— gracias al “factor Rocha” y al tradicional papel de bisagra entre mundos populares y clases medias; entre izquierdas y derechas que supo construir hábilmente Juan del Granado. Sin embargo, sea por el carisma ligero de Revilla, por su inercia para desmarcarse del antimasismo o por las habilidades retóricas de Mendoza, la situación se complicó.

El exalcalde tiene ventaja, pero la posibilidad de ganar depende de un puñado de votos que votaron por Evo Morales en octubre.

(*) Armando Ortuño es especialista en Gobernabilidad

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