Animal Electoral

Soledad Chapetón hace campaña corriendo

La aspirante va corriendo a una entrevista. Foto: Pedro Laguna

La aspirante va corriendo a una entrevista. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

08:55 / 08 de septiembre de 2014

Mientras corre, una señora se le acerca y le lanza una pregunta disfrazada de afirmación: “¿Usted es Soledad Chapetón, no ve? La candidata de Unidad Demócrata (UD) le responde que sí y no detiene el paso. “Le voy a contar que en Tarija están regalando computadoras con la fotografía de Evo Morales…”. Entonces, trotando, empiezan una charla en la avenida Mariscal Santa Cruz. Es media mañana de jueves y los jubilados bloquean las principales calles del centro paceño. La postulante corre para llegar puntual a una entrevista. Metros atrás, allá por la avenida Montes, ella se baja de su carro y dice: “Nada me detendrá”. Su frase suena a una amenaza hecha contra cualquier fuerza humana o de la naturaleza que se le oponga en la meta que se propuso: ser senadora del país.

LA RAZÓN estuvo un día con Chapetón, conocida como La Sole o, simplemente, Sole, la alteña licenciada cientista en Educación que estudió en la UMSA.

Su papá Luis (71) está orgulloso del nombre que escogió para su hija. Cuenta que su apellido “debe ser algo que nos han impuesto en nuestra comunidad Ambaná (provincia Camacho de La Paz) porque antes nos obligaban nomás”.

Cuando faltan unos diez minutos para las 08.00, Soledad llega al comedor familiar. Está recién bañada, luce un cabello azabache limpio, tiene una polera amarilla y una delgada chamarra del mismo color. Su figura contrasta con el frío que impera en la zona Nuevos Horizontes 2, de la ciudad de El Alto. El pronóstico, para esa hora, es de cero grados centígrados.

Las noticias de la radio Panamericana amenizan la mañana. Como todos los días, la primera que enciende la radio canchera es su mamá, Danila. Ella, a sus 73 años, se convierte en la primera asesora de campaña porque en el desayuno la pone al tanto de todo el acontecer político. 

El desayuno es familiar. Junto con Soledad están sus padres; su hermana Lourdes y Jorge, el hijo adolescente de Lourdes. Nadie se sienta en la cabecera y todos desayunan refresco de soya con marraqueta. La candidata lleva la voz cantante. Habla del resto de la familia que dejó la casa, de un hermano que está en Brasil y de otro que se encuentra en Caranavi. “¿Cómo estarán?”, es la frase que trae un poco de nostalgia a la mesa. Pero, en la vida de Soledad no hay tiempo para la melancolía. Llega Hugo, un compañero de Unidad Demócrata y brazo derecho de la postulante. Enciende el Toyota 4Runner de Soledad (“todavía estoy pagando por este coche”, aclararía después la candidata) y mientras el motor calienta, Chapetón habla por teléfono celular y coordina la agenda. Rumbo a su casa de campaña, en el vehículo, atiende el llamado de una periodista de radio Pachamama. Responde unas preguntas respecto de la violencia contra  las mujeres y la renuncia del excandidato Jaime Navarro. Observa las noticias que le enviaron a su celular y llena una hoja de su libreta con anotaciones. No es amiga de las redes sociales y confía más en el papel y el bolígrafo.

A las 09.10 llega a su casa de campaña, en la avenida 6 de Marzo. Allí, unas 25 personas trabajan como hormigas. Unas sacan cuadernos con la cara de un sonriente Samuel Doria Medina. Otras abren paquetes con calendarios de Unidad Demócrata. El aspirante a diputado uninominal por la circunscripción 11, Marco Antonio Fuentes, se remanga la camisa y también colabora  a sus compañeros. Soledad no puede quedarse quieta y ayuda a poner sellos en los cuadernos. Después va a su oficina para charlar con dos alteños que le presentan otra denuncia. Van a ser las 10.00 y por enésima vez un periodista de El Deber hace timbrar el móvil de Soledad y le recuerda que tiene una entrevista en 30 minutos.

Después de hacer algunas proezas en el volante, el Toyota está en la autopista, bajando hacia la ciudad de La Paz. La cita es cerca del cine Monje Campero y hay el tiempo exacto para llegar al destino.

En la avenida Montes, a unas diez cuadras del sitio de la entrevista, un policía detiene el coche y anuncia que no hay paso. Metros más abajo se ve el caos total. Vehículos en un concierto de bocinas, gente que camina por los sitios libres que dejan los coches.

Soledad mira sus Sneakers (zapatos informales, pero con tacos) y dice: “Nada me detendrá”.

Se baja del Toyota y empieza a correr. Detrás de ella va su hermana Lourdes, que es su lugarteniente y quien lleva su celular. La calle se convierte en una pista con obstáculos. Personas sentadas, otras simplemente paradas como postes y conversando, se interponen entre Chapetón y su entrevista.

En la carrera saluda a algunos conocidos. Es entonces cuando una mujer le empieza a contar que Evo Morales entrega unas computadoras en Tarija.

Soledad asiente y va charlando deprisa. Sin detenerse, le pide que le sostenga la chamarra amarilla y se pone una tricolor. La gente de El Deber le sigue llamando.

Con unos cinco minutos de atraso, Soledad llega a su entrevista que, en realidad, es un debate.

Poco más de dos horas después, acaba la cita periodística. Ya es tarde para ir a visitar las dos zonas a las que se propuso ir. Le pide a su hermana que postergue una de ellas. Va, corriendo también, hasta la plaza Isabel la Católica. Espera unos cinco minutos y llega su vehículo. Se mete en el coche casi al vuelo.

El Toyota va reptando por la avenida Landaeta y entre llamada y llamada a su celular, se da tiempo para maquillarse un poco. Primero los ojos, después los labios y la aspirante de 33 años reniega con un nuevo granito que asoma por su tez. Afirma que nunca le interesó tener una asesora de imagen.

El frío aún hace de las suyas y ella parece no darse cuenta de aquello. Algunas gotas caen y el cielo se torna plomizo.

Poco antes de las 14.00, llega a la zona Pacajes Caluyo, donde una decena de simpatizantes la espera. Baja del coche casi sin esperar que el motor se apague. Agarra unos cuadernos y empieza a liderar la campaña.

Cuando ve a una mujer le dice: “Mamita, vota por el Samuel y lee nuestro programa, ¿ya?”. Cuando se topa con algún varón cambia el adjetivo “mamita” por el de “papito”. La mayoría le sonríe y hasta hay quienes la abrazan. Otros se quedan mirándola en silencio y un zapatero no acepta el cuaderno que le quiere regalar. En todos los casos, ella mantiene una sonrisa inquebrantable.

El grupo va al mercado alteño de Pacajes Caluyo, los cuadernos son un éxito entre vendedores y compradores. Es entonces cuando el cielo complota contra la campaña. Las gotas se hacen granizo y los adherentes de Unidad Demócrata buscan un refugio. Van a un comedor popular. Son las 14.00 y hay quienes tienen hambre. El equipo casi toma por asalto una gran mesa y ahí llegan los platos de falso conejo. La hora del almuerzo dura unos 30 minutos  porque ya van a dar las 15.00 y la postulante debe ir a la zona 16 de Julio para hablar con la gente del lugar. El coche va disparado hacia la plaza La Paz, de la zona alteña. Allí la espera la candidata uninominal Reveca Cruz. Se reúnen, Soledad habla con sus militantes y les pide que mantengan el optimismo. Habla y mira de reojo a un productor de video que observa la hora en su reloj. Son las 16.30 y ya debía grabar una propaganda. Se aparta de sus militantes y va corriendo a elaborar el spot, ahí mismo, en la plaza La Paz. Está casi una hora sonriendo y abrazando gente para las cámaras. Cuando queda lista la última toma y el sol va muriendo, se sube a su coche y va hacia la zona Sur de La Paz para otra entrevista. Con el cielo oscuro asciende a la ciudad de El Alto porque tiene que cumplir otra reunión con su militancia. Poco antes de la llegada de la medianoche del jueves, recién descansa. Tiene que estar lista para vivir una nueva campaña política, una maratón que acabará el 12 de octubre.

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