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La diversidad puso su sello

65 fraternidades participaron de la denominada Fiesta Mayor de los Andes

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre / La Paz

02:57 / 15 de junio de 2014

Transformistas, modelos, comerciantes, profesionales, amautas, intelectuales y políticos, entre otros, pintaron un abanico de diversidad que marcó la fiesta del Gran Poder de este año.

Son las 09.45 en la avenida Camacho, sitio donde se ubica el palco oficial de la Fiesta del Gran Poder, la gente ya está a la espera de las primeras fraternidades que llegarán al paso de las danzas y con las tonadas de sus bandas.

Después de una hora y media de recorrido desde la zona Garita de Lima, punto de partida de las 65 fraternidades, los primeros en llegar son las autoridades. El gobernador de La Paz, César Cocarico, acompañado de allegados, folkloristas y una asociación de amautas que dejaba una estela con los humos blancos del sahumerio son recibidos con aplausos.

Muchas graderías y asientos están vacíos, aún es temprano, los vendedores ofrecen a todo el que pase un sitio entre Bs 30 y 70. El costo depende de la ubicación.

El sonido ya baña de fiesta la mañana fría. Por la avenida Montes ingresa la primera fraternidad de bailarines, son los Caporales Simón Bolívar. Vestidos de un color rojo escarlata ejecutan con pericia cada paso. Saltos, contoneos y movimientos ágiles entusiasman a los asistentes que responden con aplausos y arengas.

Como ellos, este año un aproximado de 35.000 bailarines despilfarran color y cultura por los ocho kilómetros de recorrido.

“Hoy madrugué, no me podía perder la fiesta. Me gusta mucho el Gran Poder porque además de ver a los bailarines y alegrarse con la música, uno se llena de esperanza y fe, ve cómo el Señor hace milagros”, expresa Carmen Vega, una de las asistentes que aplaude eufórica a los bloques.

Una tras otra, morenadas, waka wakas, caporales, awatiris, llameradas, entre otras danzas, deleitan la pupila de los asistentes, tanto locales como turistas, que se contagian de la euforia de cada uno de los bailes.

El frío de invierno se siente, pero parece no importar a los bailarines que danzan sin parar. “Es la primera vez que bailo, la motivación para participar ha sido mi hermana, de hecho a ella es a quien han invitado y me dijo ‘tenemos que bailar’. Yo había participado en Oruro, pero en el Gran Poder es la primera vez. El recorrido es más corto, sin embargo se siente la energía y la potencia, es maravilloso”, explica la exmodelo y gestora cultural Viviana Fernández, ataviada de un traje de chola antigua, quien es una de las figuras que encabeza la morenada de la fraternidad Transporte Pesado.

Para muestra de la diversidad, basta un botón: la Plana Mayor está encabezada por el transformista Alisha Galán, activista de la Familia Galán. Con el pelo rojo, vestida de azul eléctrico y altos tacones, marca el paso en la primera fila de su bloque como figura. Luce gallarda. Al lado de Alisha también guía la palla ecológica 2013, Gabriela Lucero.

De igual modo, figuras como la modelo cruceña Maricruz Ribera y su esposo el alcalde Luis Revilla, la presentadora y esposa del vicepresidente, Claudia Fernández, el historiador Fernando Cajías igualan el paso en sus respectivas fraternidades.

Otro bloque que encanta son la Saya Negritos del colegio Ayacucho, quienes en su danza y en la sencillez muestran un trozo de la historia de los esclavos africanos que llegaron al continente. Otros que imponen a su paso son los Eloy Salmón, las mujeres, dedicadas al comercio, destellan por sus joyas y sus guardaespaldas. El bloque está acompañado de la legendaria banda orureña Intercontinental Popoó, que celebra en cada tonada sus 50 años de existencia.

A media mañana, el hambre ya se siente. Los platos desfilan, de un lugar a otro: choripán, sajta, chairo, lechón, pollo al horno, fricase. Un banquete suculento recorre las graderías.

“Hace 15 años que vendo pollo al horno. En esta fiesta se vende bien nomás. Yo me pongo con mi olla en una esquina hasta que se acabe y la gente siempre quiere comer pues algo antes del mediodía. Da hambre”, dice Justina Mamani, vendedora ambulante. Como Justina, comerciantes de gorras, cervezas, refrescos y agua deambulan por las graderías.

Otro sector que ha visto un ingreso seguro en la festividad son los administradores de baños públicos que cobran de Bs 1 a 2. Cada dos esquinas no falta un letrero vistoso que dice “baño” con letras de colores.

Por la calle Illampu, los hoteles que allí se ubican tienen a sus hospedados pegados a las ventanas. Cómo perderse la experiencia de observar la Fiesta Mayor de los Andes.

En la iglesia de Jesús de Gran Poder, la imagen luce majestuosa. Tiene los brazos abiertos como abrazando a todo aquel que busque su auxilio y un letrero a sus pies pide una colaboración para el santuario. Los bailarines se persignan e introducen monedas y billetes en el ánfora.

“Para mí es milagroso, le tengo una gran devoción, es mi Tata”, dice Berna Morante, fundadora del bloque las Vicuñitas de la fraternidad Amaba, quien ayudada por una silla de ruedas no dudó en mostrar su fe. 

El Gran Poder es derroche de belleza, lujo, folklore, cultura, color y diversidad. Y los que participan no se cansan, la fiesta recién empieza…

Los orígenes de la fiesta del Señor

Historia

El origen se remonta al 8 de diciembre de 1663. Según historiadores, en España las postulantes al convento de  las Madres Concepcionistas debían entregar una imagen. La monja Genoveva Carrión portó un lienzo de la Santísima Trinidad, una imagen con tres rostros: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En América

En 1904 la Iglesia le hizo retocar el rostro ya que se le atribuía que, según el lado de la cara, se pedían favores de todo tipo, desde personales hasta muertes de enemigos.

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