Demanda Marítima

Difícil turno de Chile tras finalizar el primer tiempo

La pausa reglamentaria del miércoles, dispuesta por los jueces de la CIJ, ofrece a Chile un holgado tiempo de reflexión y análisis para encontrar los posibles flancos débiles por donde atacar al adversario.

Delegación. Insulza es fotografiado junto a otros connacionales en el frontis de la Corte de La Haya.

Delegación. Insulza es fotografiado junto a otros connacionales en el frontis de la Corte de La Haya. Foto: ABI

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco - enviado especial a La Haya

07:39 / 21 de marzo de 2018

En la sala reservada a la delegación de Bolivia, en el Palacio de la Paz, al término de la segunda jornada de la fase oral, ingresaban uno a uno los abogados internacionales, que fueron recibidos con halagadoras frases de admiración por la contundencia de los argumentos expuestos y el alto grado de profesionalismo demostrado en las tres horas precisas que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) habitualmente concede.

Acompañaba una atmósfera de fiesta entre los expresidentes bolivianos, los representantes oficiales y los asesores extranjeros.

Al contrario, a pocos pasos, en la sala asignada a Chile, un aire de preocupación develaba los rostros de los circundantes. El ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) José Miguel Insulza, que antes había tenido buenas relaciones con el presidente Evo Morales, fue el primero en salir, escondido en el ala de su sombrero negro. Tropezó con el vocero boliviano Carlos Mesa y el excanciller Gustavo Fernández. Intercambiaron mutuas muestras de cordialidad.

Astuto político y ahora senador de Chile, Insulza renunció hace un año al puesto de agente en La Haya para soslayar el fiasco que presumía en el pleito con Bolivia. Pero ayer intentó rebatir los argumentos de Bolivia respecto de las resoluciones de la OEA sobre su demanda. “Esas resoluciones, como lo dijo ahí el Agente, se produjeron en un periodo en el que la situación internacional de Chile era muy precaria, estaba muy debilitada y naturalmente por el Gobierno militar que existía”, dijo ante los periodistas chilenos.

“A mi juicio, esas resoluciones no son vinculantes”, afirmó.

El equipo jurídico de Bolivia citó ayer, durante los alegatos del juicio, las 11 resoluciones que la Asamblea General de la OEA aprobó entre 1979 y 1989, en las que, de una u otra forma, pedía una solución a ambos países para resolver el tema marítimo, cita la agencia EFE.

En cambio, el novelista Roberto Ampuero, flamante ministro de Relaciones Exteriores, no pudo ocultar su molestia frente a la prensa que lo aguardaba en el atrio.

“Chile siempre ha estado dispuesto a escuchar las aspiraciones de Bolivia. Pero, tras su primera ronda de alegatos orales, constatamos importantes contradicciones que solo pretenden horadar el Tratado de 1904 que Chile defiende ¡La soberanía se mantendrá intacta!”, escribió en Twitter.

Pronto el Canciller convocó a una reunión de evaluación en su enclave del hotel Hilton, para estudiar la nueva estrategia que se impone tras escuchar la intensa argumentación de Bolivia que demolió en detalle los puntos contenidos en su réplica. La pausa reglamentaria del miércoles, dispuesta por los jueces de la CIJ, ofrece a Chile un holgado tiempo de reflexión y análisis para encontrar los posibles flancos débiles por donde atacar al adversario.

Argumentos. Chile dispondrá de tres horas tanto el jueves como el viernes. Para ello se apresta a ordenar sus elementos discursivos y atribuir tareas entre los miembros de su elenco legal, dentro las 31 personas acreditadas. Será difícil emprendimiento tratar de convencer a los jueces que, evidentemente, Bolivia expuso contenidos de tergiversación histórica y jurídica, como acusa el agente trasandino Claudio Grossman.

  • Audiencia. Santiago se presentó en los alegatos de Bolivia con una delegación de 31 personas, de autoridades del Gobierno, agentes y legisladores de oficialismo y oposición. Foto: ABI

Otro motivo de inquietud se debe a que la última recomposición de la Corte privó a Chile de tres amigos firmes: primero, la renuncia del japonés Hisashi Owada, que si bien tendrá efecto el 18 de junio, provocó su decisión de inhibirse a participar del caso, porque, además, la Asamblea General de la ONU deberá elegir a su sucesor, poltrona que el Japón no desea perder y que piensa conservar con Yuji Iwa Sawa, su posible candidato. Durante la objeción preliminar fue Owada quien formuló la pregunta aparentemente ingenua sobre la definición de “acceso soberano al mar”.

Segundo, el australiano James Crawford, quien se excusó desde 2015 por haber sido abogado de Chile en su pleito con el Perú, y, tercero, el británico Christopher Greenwood, también vinculado a Santiago, que perdió en la ONU la búsqueda de su reelección frente al postulante de India, Dalveer Bhandari. Grave golpe porque Greenwood era favorito para la presidencia de la Corte. A ello debe añadirse la defección de su juez ad hoc Louise Arbour (Canadá) por razones aún desconocidas y su reemplazo por el neozelandés Donald Mc Rae.

Todo ese trajín cambió para Chile un escenario favorable, menos propicio aún por la rotación de tres diferentes agentes y la irrupción de un nuevo Canciller, bisoño en las lides de la Corte de La Haya. Pareciera que Chile, en este caso, está perseguido por la musa de la mala pata.

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