Demanda Marítima

Eduardo Rodríguez Veltzé: Chile admitió que hay una injusticia histórica con Bolivia

Estudió Derecho e hizo su maestría en Harvard. Fue presidente de la Corte Suprema de Justicia y, luego, presidente de Bolivia por una sucesión constitucional inédita, en 2005

Eduardo Rodríguez Veltzé.

Eduardo Rodríguez Veltzé.

La Razón (Edición Impresa) / Elisa Medrano / La Paz

04:01 / 07 de mayo de 2015

“En 1825, cuando Bolivia obtuvo su independencia de España tenía una costa de 400 kilómetros, el desierto de Atacama sobre el Pacífico, llamado en aquel momento el departamento del Litoral. En los años siguientes, la política expansionista y militarista de Chile con vistas a controlar recursos naturales, las vastas riquezas de este territorio, llevaron a que esta parte costeña de Bolivia fuera invadida y ocupada, hasta el Tratado de Paz de 1904. Nuestro país pasó a ser un país mediterráneo, un enclave en el continente sudamericano, con graves consecuencias para nuestro crecimiento económico y social, y para nuestra integración internacional.

No obstante, a partir del acuerdo de armisticio de 1894, Chile había prometido permitir que Bolivia mantuviese su acceso soberano al mar. Las palabras de Domingo Santa María, ministro de Exteriores y presidente en aquel momento: “No podemos sofocar a Bolivia y de alguna manera debemos brindarle su propia puerta, una puerta de entrada para poder llegar a su territorio, tierra adentro, en forma segura sin estar pidiendo permiso”.

Acceso. A este entendimiento que se reafirmó en 1895, no se le puso fin con la firma del Tratado de 1904. En los años siguientes, la promesa de negociar el acceso con plena soberanía de Bolivia al mar fue manifestada en diversos compromisos jurídicos (...).  Chile reafirmó, una y otra vez, que con independencia de lo dispuesto en el Tratado de 1904 negociaría este acceso con plena soberanía por parte de Bolivia al mar, reconocía que el haber negado este acceso soberano seguía siendo una injusticia histórica contra Bolivia que socavaba su desarrollo y que impedía que se desarrollasen relaciones amistosas entre dos Estados vecinos.

No comparece Bolivia ante esta Corte con la intención de modificar el pasado histórico (...). Bolivia quiere dejar bien claro que no se presenta ante la Corte para rechazar o repudiar el Tratado de 1904, ni las cuatro enmiendas posteriores promovidas por Chile, en volver a abrir cuestiones que ya hubiesen sido convenidas. Bolivia se presenta ante esta Corte ejerciendo sus derechos en virtud del derecho internacional. Sencillamente, lo que pide Bolivia es que Chile cumpla su obligación, que respete sus promesas repetidas, su acuerdo de negociar el acceso con soberanía al mar, un acuerdo independiente al Tratado de 1904. Lo que pide Bolivia de Chile simplemente se expresa en el principio pacta sunt servanda (lo pactado obliga) (...). El planteamiento de Chile se refiere a un asunto diferente que el que ha traído Bolivia ante esta Corte porque lo que ha de tratarse es el acuerdo de negociar el acceso soberano, un pactum de contrahendo (promesa bilateral) y no el acuerdo de 1904. Además, el esgrimir un argumento de que no puede existir un acuerdo de esa naturaleza independiente del Tratado de 1904 es rechazar el planteamiento de Bolivia en función de los méritos del mismo. (...) El planteamiento de Bolivia ante esta Corte no viola el principio de pacto sunt servanda; muy por el contrario, es Chile el que ha contravenido este principio y es por ello que Bolivia se presenta ante la Corte, pidiendo que sí hay acuerdo de negociar el acceso con soberanía por parte de Bolivia al mar, acuerdo independiente al Tratado de 1904 y que Chile debería respetar dicho acuerdo. Lo que advierte Chile no es una situación que pudiese suponer un precedente peligroso, no es una situación en que volvería a tener que tratar esta Corte una larga lista de dificultades y problemas históricos en la región latinoamericana, eso es lo que ha sugerido Chile para crear temor, para crear un ambiente tenso ante esta Corte.

(...) En diversas resoluciones que fueron suscritas, concretamente por Chile, la Organización de Estados Americanos (OEA) confirmó que era una cuestión de interés hemisférico de que se encuentre una solución equitativa en virtud de la cual Bolivia pueda obtener un acceso soberano adecuado al océano Pacífico. Confirmó, además, que este resultado consolidaría, no amenazaría, una relación estable, duradera y pacífica “que fomentaría el progreso económico y social de toda la zona de las Américas, directamente afectada por las consecuencias de la situación de enclave mediterráneo en que se encuentra Bolivia actualmente”. Como resultado, la Asamblea de la OEA recomendó que Chile “debe abrirse a negociaciones con el fin de brindar a Bolivia una conexión y vínculo libre y soberano con el océano Pacífico”. Afirmó la OEA que el planteamiento de Bolivia se basa en el multilateralismo, la integración regional y el respeto del derecho internacional.

Entonces pudieran preguntarse por qué Bolivia se presenta ahora ante esta Corte pasados ya tantos años, la respuesta es muy sencilla: en 2011, tras más de un siglo de promesas repetidas y negociaciones, Chile repudió directamente ese acuerdo, en su obligación de negociar el acceso soberano al mar (...). No le quedó otra opción a Bolivia, solamente la posibilidad de procurar hacer cumplir sus derechos ante esta Corte y lo hizo en el marco del Pacto de Bogotá, en el espíritu de la Carta de la OEA para lograr este resultado de justicia internacional. Chile presenta, pinta ahora a Bolivia como un país que no respeta los tratados simplemente porque Bolivia reclama sus derechos. Si ése es el caso, por qué Chile ha prometido una y otra vez, por qué Chile ahora hace todo lo posible para dejar sin efecto la jurisdicción de esta Corte y privar a las partes de este medio fundamental de encontrar resolución pacífica al diferendo.

Chile presenta este litigio en un contexto jurídico como una acción unilateral y hostil. Bolivia no está contraviniendo la ley pidiendo recurrir a procedimientos judiciales cuando todos los otros medios han fracasado, está claro que no, Bolivia es un país pacífico que tiene fe en sus derechos y en virtud del derecho internacional. Y Bolivia tiene la convicción de que un juicio, una sentencia imparcial del principal órgano judicial de las Naciones Unidas es la mejor manera de brindar solución a los diferendos internacionales, cuando los otros medios han fracasado, (así) dará a los vecinos la oportunidad de lograr la justicia para vivir en armonía.

El presidente Evo Morales ha confirmado recientemente las intenciones específicas de Bolivia al presentar este caso. Dejó en claro, en primer lugar, que Bolivia no pide a la Corte que modifique el Tratado de 1904, sino que solamente pide que se cumpla la obligación de Chile de negociar el acceso con soberanía al océano Pacífico. En segundo lugar, que su reivindicación se basa en los principios fundamentales, tal como la resolución pacífica de los litigios y la buena fe. En tercer lugar, lo que procura es cerrar una herida que sigue abierta, a través del diálogo y la negociación.

Dejó también claro el presidente Morales que Bolivia tiene gran fe y deposita su esperanza también en el pueblo chileno, de quienes se ha recibido tantas señales concretas de apoyo y solidaridad, y que lo que queremos es establecer y continuar con nuestra relación sincera y constructiva de cooperación e integración con Chile y con todos los demás Estados vecinos. Este caso no se refiere a situaciones del pasado, sino que se trata de las promesas que suponen futuro. Éste es un diferendo que existe entre dos naciones desde hace muchísimo tiempo, pero nada justifica este enfrentamiento para siempre, ha llegado el momento de la Justicia, (de que) la memoria por más herida que se sienta debe pasar a ser una fuerza de esperanza poderosísima para todos nuestros pueblos”.

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