Demanda Marítima

El resultado neto ya está dado: es la negociación

Gustavo Fernández. El “resultado neto” del fallo preliminar sobre el incidente presentado por Chile es claro, dice Fernández: “Bolivia y Chile deben negociar para encontrar una solución a este conflicto. Porque ése es el sentido básico del sistema jurídico internacional: las controversias entre Estados se resuelven por vías pacíficas, esa vía es la negociación, no se trata de diálogo. Ése es el dato, vamos a llegar a ese punto y debemos prepararnos para esa negociación”.

Gustavo Fernández

Gustavo Fernández Foto: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar / La Paz

00:00 / 23 de marzo de 2016

— ¿Cómo ve el estado de la reintegración marítima en este nuevo recordatorio del 23 de marzo?

— Desde una perspectiva larga, se puede decir que Bolivia ha dado dos pasos de gigante en los últimos 40 años. Primero, la Resolución de la OEA de 1979, que hizo explícito el apoyo de la comunidad hemisférica a la demanda de reintegración soberana al océano Pacífico, y ahora el 24 de septiembre de 2015, con el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la excepción preliminar de Chile, que afirma de manera contundente que el compromiso de conceder a Bolivia acceso soberano al Pacífico es diferente y posterior al Tratado de 1904.

Es un hecho jurídico que invalida la tesis histórica de Chile de que esa solución implicaba la modificación del Tratado de 1904 y que por ello la demanda boliviana era una amenaza al Derecho Internacional Público y podía abrir paso al caos en las relaciones políticas en el mundo. La presentación de la excepción preliminar de incompetencia ante el Tribunal de La Haya fue un error, porque adelantó la derrota chilena.

Esos dos hechos, sin ninguna duda, han colocado la demanda boliviana en una situación mucho más sólida que la que pudo haber tenido, sin olvidar que se reavivó y solidificó la unidad del país en torno a la demanda. Sin desconocer que ésta es una construcción histórica que comenzó virtualmente al día siguiente de la firma del Tratado de 1904, en la que trabajaron muchísimos bolivianos a lo largo de la historia.

— Una construcción de Estado.

— Una construcción de Estado e histórica en la que hemos ido avanzando y nos coloca en una situación sumamente ventajosa.

— El 25 de julio es el límite para la presentación de la Contramemoria, ¿cómo debe conducirse Bolivia?

— Bolivia debería seguir conduciéndose como lo ha hecho. El equipo jurídico, bajo la dirección de Eduardo Rodríguez ha funcionado muy bien, no creo que haya que hacer muchos ajustes, la línea está clara. El respaldo político en el país es inconmovible, a pesar de las tormentas que se presentan de vez en cuando. Si Chile piensa que la unidad boliviana sobre el tema se puede resquebrajar está haciendo una mala apuesta, esa unidad no se va a romper de ninguna manera, podemos tener las controversias más agudas sobre problemas internos, pero eso no ha de afectar la unidad.

— Hay quien habla de autosabotajes como por ejemplo en 1979 con el golpe de Alberto Natusch Busch o actualmente con las descalificaciones al vocero  de la demanda, Carlos Mesa.

— Es lo que quisieran. Recuerdo la alegría con que varios comentaristas chilenos recibieron el golpe de Natusch, pero la historia demostró que estaban equivocados. Igualmente, la Resolución de 1979 se convirtió en un ícono de la causa boliviana sobre la reintegración marítima. La unidad boliviana se fortaleció más, una vez que despejamos el camino de esa aventura insensata y estúpida (la de Natusch). Las discrepancias de política interna que pudieron haberse presentado entre el vocero y el Presidente no son comparables con las de entonces. Así quedó demostrado. Se ha probado el hecho cuando las propias autoridades dijeron que el equipo y la línea de unidad continuará.

— La anterior semana, Colombia indicó que no asistiría al nuevo juicio que hace Nicaragua en la CIJ, ¿cómo ver esto desde Bolivia y su causa?

— La decisión de Colombia de no comparecer a las etapas futuras de la nueva demanda planteada por Nicaragua creo que va a terminar por levantar la voz de algunos comentaristas chilenos que plantearon la conveniencia de que Chile se retirara del Pacto de Bogotá y no reconociera más la competencia de la Corte, pero eso no tendría ya ninguna significación en el proceso que está en marcha. Si Chile resolviera retirarse de las fases siguientes del proceso, éste continuaría y el fallo tendría las consecuencias jurídicas y políticas que debe esperarse de un instrumento de esta naturaleza.

¿Qué consecuencias políticas y jurídicas tiene la decisión de Colombia?, es algo que se está examinando allá, pero no cabe duda que es un paso de consecuencias mayores para el sistema jurídico internacional, no solo para Colombia.

— Cuando se da el fallo sobre el incidente, Chile vio deficiencia en su estrategia comunicacional y la fortalece; acá algunos miembros del equipo entienden lo contrario: que lo comunicacional ya no importa.

— La estrategia boliviana tiene tres componentes: el jurídico, el político y el comunicacional. La coordinación armónica de esos componentes dio buenos resultados. Nadie esperaba que las declaraciones del vocero (Mesa) influyeran en el fallo de la Corte, que falla sobre hechos y datos jurídicos, pero contribuyó a clarificar la posición boliviana ante la opinión pública internacional y fue útil en esa dimensión. La gestión política —con los muchos gobiernos a lo largo de estos años, quizá no necesariamente de manera orgánica y sistemática, pero que se lo hizo, tanto por el vocero como por las autoridades de gobierno y expresidentes de la república en los foros en que participaron— contribuyó a revitalizar el apoyo latente de la comunidad internacional sobre la justicia y la validez de la demanda boliviana. Las tres funcionaron.

Yo pienso en el siguiente paso. La fase jurídica ya está avanzada, el juicio será de uno a tres años más, pero el resultado neto ya es claro: Bolivia y Chile deben negociar para encontrar una solución a este conflicto. Porque ése es el sentido básico del sistema jurídico internacional: las controversias entre Estados se resuelven por vías pacíficas, esa vía es la negociación, no se trata de diálogo. Ése es el dato, más temprano (que tarde) vamos a llegar a ese punto y debemos prepararnos para ello.

— Insulza dijo algo en ese sentido en una entrevista en La Razón, publicada el lunes.

— Desde luego, es así y lo reconoce no solo Insulza, es un dato en Chile: esto tiene que resolverse por la vía de negociación y si esa negociación implica a Perú, entonces debe incluirse a Perú. Punto. Pero hay que prepararse para esa negociación. Chile está comenzando a reconocer que la única salida es la negociación. Es lo que reconoce implícitamente José Miguel Insulza en su declaración, que comparten muchos otros políticos, historiadores y comentaristas chilenos.

— El resultado neto está entonces dado...

— El resultado neto ya está dado, ya sea que la Corte falle que Chile tiene la obligación de negociar para conceder a Bolivia un acceso soberano al mar, o que, siguiendo su lógica del fallo sobre el incidente preliminar, la Corte declare que Bolivia y Chile tienen la obligación de negociar para encontrar una solución, Ésa es la diferencia. Ése es el final del camino, ahí debemos llegar y para ese momento debemos prepararnos.

— Las dos posibilidades que saldrán del juicio incluyen un mismo elemento: negociación, ¿cómo avanzar?

— Más que adelantar la negociación con Chile lo que es importante e impostergable es comenzar a construir una posición de consenso nacional, como política de Estado, sobre el planteamiento que hará Bolivia para tener acceso soberano al Pacífico. ¿Qué elementos tendrá ese planteamiento? Eso implica una estrategia que considere la posición de los otros jugadores: ¿qué intereses tiene Chile y, eventualmente, Perú?; ¿qué objeciones pueden plantear?; ¿cómo Bolivia puede contribuir a que esos obstáculos se eliminen?; ¿cómo debemos demostrar a la comunidad internacional, y particularmente a Chile y Perú, que el fin de la Guerra del Pacífico nos beneficia a los tres? Ése es el tema, y eso implica una estrategia comunicacional que influya en la opinión pública de Chile y Perú, que lleve a esas sociedades al convencimiento de que está en su interés resolver el conflicto que los ha dividido, que todos ganan. En lugar de continuar en este conflicto permanente que, por ejemplo, significa para Chile un gasto militar del más del 3% de su producto y una confrontación diplomática y política constante.

—  Con todos su vecinos.

— Con todos sus vecinos. Es decir, está en el interés de todos encontrar una solución, no por la “generosidad” de Chile. Ahí viene otro elemento que no hay que olvidar: la persistencia del conflicto entre los tres países ha sido un freno a la integración regional y es una amenaza a la seguridad regional, ésa es la razón porque la comunidad hemisférica apoyó a Bolivia en 1979 y ésa es la razón que está detrás de la lógica de los otros países cuando les dicen a Bolivia y a Chile, ‘por favor, pónganse a negociar y encuentren una solución’. Porque no solo afecta a Bolivia, afecta a los tres y, por último, a la región. En esa perspectiva tiene que verse una solución definitiva, Bolivia tiene un papel importante porque debe poner sus cartas, su planteamiento. Ciertamente estamos en el siglo XXI, las necesidades y características de la demanda de reintegración marítima tienen diferencias respecto de las del siglo XIX y XX, y ésas son las cosas que hay que trabajar.

— ¿Cómo, dónde comenzar?

— Hay que reactivar el componente político y comunicacional con criterio de Estado y de consenso nacional en una dimensión distinta de los últimos dos o tres años, cuando estuvimos en la fase de la denuncia, del planteamiento de la posición injusta en que Bolivia había sido colocada en el sistema económico y político regional y en la formulación de la demanda en la Corte para demostrar la validez de los argumentos jurídicos de Bolivia. Esa etapa en gran medida ha sido superada, ahora debemos prepararnos para la siguiente, el final del camino, es un proceso que tiene sus dificultades, que no va a ser de un uno, dos o tres años y que requiere un proceso de concertación nacional importante.

— En el contexto de un escenario en que podamos hacer ver a Chile y Perú que todos vamos a ganar, surge, por ejemplo, un problema coyuntural como el triángulo terrestre.

— Forma parte del complejo, es una manifestación aparentemente pequeña de las cicatrices que quedaron de la guerra. Cuando parecían que todas las dificultades peruano chilenas se habían superado, siempre aparecía algún nuevo elemento.

— Que es además un problema por algo pequeño.

— 20 canchas de fútbol, pero no es el tamaño.

— ¿Sino el síntoma?

— El síntoma de un problema que no termina de resolverse, y no hablemos de la necesidad de construir sobre bases mucho más sólidas y firmes la propia relación boliviano-peruana, que damos por sobreentendida y que, sin embargo, tiene momentos de fricción que tampoco se pueden pasar por alto. Todas esas cosas deben resolverse en un programa de cooperación e integración entre los tres países, cuyo centro es la demanda marítima de Bolivia.

Bolivia ha avanzado mucho en la reafirmación de la voluntad nacional de lograr un acceso soberano al océano Pacífico, se ha probado que la constancia y la continuidad de su política exterior ha sido eficiente en dos acontecimientos que aunque separados por el tiempo marcan una unidad muy grande: la Resolución del 79 y el fallo de la Corte, ambas dejan clara la validez y la justicia de la demanda boliviana y el apoyo que tiene internacionalmente. Llegados a este punto, tenemos que prepararnos para lo que realmente importa, que es la negociación directa con Chile y, eventualmente, con Perú.

Perfil

Nombre: Gustavo Fernández Saavedra

Profesión: Abogado. Ejerció diversos cargos en la diplomacia boliviana

Exministro de Relaciones Exteriores

Gustavo Fernández fue ministro de Relaciones Exteriores tres veces: en 1979, 1984-1985 y 2001-2002. Ocupó diversos cargos en la administración pública, entre ellos el de Ministro de la Presidencia, de 1989 a 1993, o diversas misiones diplomáticas como embajador o cónsul, un ejemplo de ello es una de las más delicadas misiones de Bolivia, el Consulado en Chile. Presidió la IX Asamblea General Ordinaria de la Organización de Estados Americanos, de la cual resultó la histórica Resolución que declara que la solución del conflicto marítimo entre Bolivia y Chile es de interés continental. Asimismo, desempeñó funciones en organismos internacionales como la representación de la Corporación Andina de Fomento en el Perú; la dirección de Consulta y Coordinación Latinoamericana; o la jefatura del Departamento Jurídico de la Junta del Acuerdo de Cartagena. Como académico ha publicado numerosos libros entre ellos Una mirada a las relaciones Bolivia/Chile/Perú; Ensayos sobre política exterior; Bolivia en el laberinto de la Globalización; entre otros.

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