Nacional

Tres provincias son las más golpeadas

Desvío del Lauca afectó a unas diez comunidades y generó disputas internas

Esclusa. La toma de agua que frena el avance del agua para desviarla a territorio chileno.

Esclusa. La toma de agua que frena el avance del agua para desviarla a territorio chileno.

La Razón (Edición Impresa) / Luis Mealla

00:00 / 28 de abril de 2014

Desde 1962, cuando se oficializó el desvío del curso del río Lauca, las provincias Sabaya, Sajama y Litoral, en Oruro, fueron las que más sufrieron el impacto por la disminución del caudal, que afectó la agricultura y la ganadería camélida regional.

Hugo Araníbar, representante de la Federación de Ganaderos del Altiplano (Fegal) y exalcalde de Sabaya, explicó que de esas tres provincias, en al menos diez comunidades hubo “el éxodo rural  y la desintegración familiar”, incluso existió peleas entre los ayllus Manasaya y Aransaya, pueblos hermanos de la nación Uru Chipaya.

Problemas. “Hace 52 años, las vicuñas y guanacos desaparecieron de la región y se fueron a territorio chileno debido a que el caudal del río bajó y en la zona comenzó a escasear el forraje. Los animales nunca más volvieron y Chile creó en su territorio el Parque Nacional Lauca (1965) y en  1981 pasó a ser parte de la lista mundial de reservas de la biosfera de la Unesco”, afirmó.

Mermada la actividad ganadera, el principal sustento económico de esas comunidades, los jóvenes se fueron a las ciudades, dejando casi despoblada la región altiplánica fronteriza.

“Antes, incluso, se criaba chanchos y ovejas; además, cada familia tenía hasta 100 llamas, pero ahora solo poseen entre 10 y 15. La realidad es triste en esas comunidades. Si ahora se hace un recorrido por esos pueblos, se encontrarán unas cinco o seis familias en cada una. Calcular las pérdidas es muy difícil”, agregó el dirigente.

Incluso, relató que Cotasi, un pueblo del cantón Julo, desapareció totalmente. “Antes tenía una escuelita, pero toda la gente migró; ahora solo figura en el mapa, pero ya no tiene habitantes”.

Los líos internos también han aflorado. Los Manasaya y Aransaya se ven envueltos en pugnas constantes debido a la escasez de agua, y si bien en los últimos años no se registraron enfrentamientos  físicos, los reclamos ante las subprefecturas de Oruro continúan.

Y hay otro riesgo: la explotación minera. “Tememos que las empresas vayan a la región, porque cerca de la cordillera sabemos que existe azufre, cobre, plata y oro. Cuando Gonzalo Sánchez de Lozada, cuando era presidente (2002-2003), pidió áreas de explotación en la provincia Mejillones, que hubiese significado el uso de las aguas de la región y su contaminación”.

Con todo, lo que las comunidades afectadas propondrán en el simposio sobre el Lauca, del 23 de mayo, será que el Gobierno efectúe estudios serios sobre el aprovechamiento de los recursos hídricos del altiplano central y la Cordillera de los Andes. “Hay muchas comunidades con escasez    y eso merece una atención preferencial”, agregó Hugo Araníbar.

Las aguas del Lauca, en territorio extranjero, recorren 80 kilómetros hasta llegar al valle de Azapa (Arica), para luego alimentar las turbinas de la central hidroeléctrica de Chapiquiña, que amplificó la provisión de energía eléctrica a las plantas industriales del norte chileno, refiere el dirigente.

‘Hay agenda, pero no hay gestión’

Gustavo Aliaga es diplomático boliviano.

Con la actual Constitución, el Gobierno tiene una responsabilidad mayor en la administración de esas aguas; en este sentido, hay tres problemas que no hemos arreglado, el Lauca, el Silala y el Quetena.

Lo que pasó es que con Chile no se logró construir una agenda que se ejecute, porque aún no hay gestión ni propuestas. Lo que ahora se debe hacer es reconstituir la agenda a la brevedad posible.

Tenemos una riqueza impresionante de recursos hídricos y el Estado tiene que tomar el control de la administración de esas aguas.

Hacer un juicio por esas aguas durará otros cinco años, y el agua va a seguir cruzando porque falta gestión diplomática, ése es el problema. 

Además, no hay gestión de reclamo y las reuniones o simposios son saludos a la bandera. Por tanto, tenemos agenda, pero no contamos con una gestión diplomática efectiva.

No creo que la opción para este tema esté vinculada con un juicio internacional. Se requiere una negociación y para eso debe existir voluntad política y diplomática efectiva. Se deben evitar los fracasos y enfrentar esta agenda con capacidad de gestión que no hay.

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