Nacional

En la ‘zona roja del narcotráfico’ la gente calla y vive con miedo

Hablar de narcotráfico es un tabú en al menos ocho pueblos intermedios del municipio de Yapacaní, a 180 km al norte de Santa Cruz. La gente se ve atrapada entre el miedo y el silencio por la proliferación de fábricas de cocaína y los operativos antidrogas.

La Razón / Iván Condori / Santa Cruz

02:58 / 08 de octubre de 2012

Entre esos pueblos están San Germán, Nuevo Horizonte, Kilómetro 35, 40, El Chore, El Palmar y Puerto Gretel, en la provincia Ichilo, frontera de Santa Cruz con Cochabamba, ubicadas en el camino nuevo entre ambas regiones. La Razón recorrió esa área declarada “zona roja del narcotráfico” por el ministro de Gobierno, Carlos Romero, tras la desarticulación de una organización criminal y la confiscación de ocho armas de fuego de grueso calibre y 320 kilos de droga la pasada semana. En septiembre destruyeron más de 100 narcofábricas.

La combinación del miedo y el silencio convierte en testigos mudos de lo ilícito a sus habitantes, quienes prefieren callar cuando se les consulta qué es lo que pasa en su comunidad. Durante su recorrido, el equipo del periódico sufrió la persecución de personas en motocicletas y vehículos.

Visita. En diversos intentos de entrevistas, sólo se obtuvo una respuesta superficial del subalcalde de San Germán, Feliciano Cruz, y del dirigente vecinal Mario Segovia, mientras que algunos pobladores se refirieron al tema del narcotráfico a mucha insistencia y con la condición de no ser identificados. La travesía despertó el asombro del alcalde de Yapacaní, Senovio Meneses, quien preguntó al reportero y al fotógrafo “¿cómo lograron salir, acaso no los corretearon?”.

“Estamos preocupados por todo lo que pasa, la violencia ha proliferado y a esto se suma la inexistencia de uniformados”, declaró el burgomaestre de San Germán, aunque luego evitó referirse al narcotráfico cuando añadió que “es delicado hablar del tema, nos enteramos a través de los controles que se hacen”.

Según el dirigente Segovia, el pueblo está atemorizado, aunque contó que “en varias oportunidades concretamos reuniones con los sectores sociales de la zona y pedimos a la juventud que no se meta en esas cosas (de narcotráfico) y no hicieron caso. Hoy San Germán está escarmentando”.

Al margen de esas entrevistas, se logró hablar con gente de la zona roja. Por ejemplo, un técnico del Kilómetro 35, que se identificó con las iniciales R. M., giró la cabeza para ver si no había nadie a su alrededor para luego relatar que “estas poblaciones se han vuelto peligrosas, a la gente que no es del lugar, ya no más los corretean y si logran agarrarlos, los golpean. Aquí nadie dice nada porque ni siquiera tenemos policías”.

En esta zona es preocupante  el narcotráfico “en horas de la noche, vieran ustedes cómo los motores empiezan a hacer ruido, como abejas, en las riberas del río Ichilo, vemos cómo ingresan autos lujosos con vidrios polarizados, pero preferimos callar por temor a represalias”, narró. Agregó que él no puede encontrar un ayudante porque, le dijeron, los jóvenes prefieren ganar alrededor de Bs 400 por noche en actividades ilícitas.  

En las localidades de la zona roja la gente coincidió en señalar que el estallido de un petardo alerta a los lugareños, quienes de inmediato salen a las calles y forman un cordón humano para rodear a la persona no identificada o a la Policía cuando intenta ingresar hasta las comunidades en busca de factorías de droga.

Para los vecinos de Nuevo Horizonte es incomodo hablar del narcotráfico; cuando se les consulta, de inmediato responden con una negativa y piden no abordar el tema por seguridad. En San Germán, el cambio producido por el narcotráfico es evidente para doña Juana, una persona de la tercera edad. En una conversación informal con este diario, contó que el narcotráfico corrompió a la población y más a los jóvenes que se encuentran “atrapados” por esa actividad.

Desde la percepción de la mujer, algunas personas aparecieron con vehículos caros y casas lujosas de la noche a la mañana. “Antes la gente utilizaba la bicicleta o el caballo como medio de transporte, hoy ha cambiado y con eso la inseguridad se ha incrementado”.

Adriana, dueña de una tienda en San Germán, dijo que estos días no hay venta, tras los operativos policiales de la pasada semana. Indica que la gente está atemorizada ante posibles represalias.

La vendedora calla al percatarse que una persona se aproximaba a su negocio, cambia de conversación y, una vez que se aleja el aparente comprador, en voz baja dice “no se puede hablar mucho aquí, es peligroso, mejor no me pregunte más”, luego se retiró.

Para el Alcalde de Yapacaní hay demasiada hoja de coca en esta zona, por lo que pidió al Gobierno cortar el tránsito de ese producto. Dijo que cree por eso que viene gente desconocida a trabajar en la actividad ilícita.

Falta la presencia de policías

Vigilancia

La ausencia   de funcionarios para preservar el orden es  evidente. Por ejemplo, las localidades de San Germán y Nuevo Horizonte (Santa Cruz) no cuentan con la presencia   de policías. Por ese motivo, los casos son atendidos desde  Yapacaní, que está a 25 km.

A la población le sorprende los bienes de lujo

La presencia de motorizados     lujosos —entre camionetas y     jeeps—, casas suntuosas, motocicletas y antenas parabólicas, llama la atención de los pobladores de Villa San Germán, Nuevo Horizonte, Kilómetro 35 y 40, quienes sospechan que son el resultado de actividades ilícitas.

“Antes la gente de estos pueblos utilizaba la bicicleta, el caballo y el más pudiente tenía un camioncito; hoy, en cambio, la gente ostenta vehículos costosos y construye casas lujosas en medio del monte”, sostuvo un mototaxista, mientras observaba con preocupación el mal estado de las llantas de su motorizado y además recuerda que él trabajó dos años para adquirir su transporte.

Este diario comprobó la circulación de coches de alto valor económico y la existencia de viviendas lujosas. También se observó autos sin placa que circulan en la zona.El dirigente de las juntas vecinales de San Germán, Mario Segovia, reconoció que el ilícito ayuda de alguna manera en el movimiento económico y que al mismo tiempo daña, porque “este pueblo antes era tranquilo y no se escuchaban esos enfrentamiento o muertes en la refriega con la Policía”.

Para el subalcalde de Villa San Germán, Feliciano Cruz, la economía del pueblo es generada a través de la producción de arroz y soya. “Puede ser que el narcotráfico haya incidido en el movimiento económico, pero la gente que está ligada a eso no es de aquí de la zona. Son foráneos que llegaron en los últimos tiempos y se han acomodado en diferentes distritos”, sostuvo.  

El alcalde de Yapacaní, Senovio Meneses, no cree que el hecho ilícito haya incidido en el movimiento económico en la comuna como lo quieren hacer ver algunas personas, siendo que la zona está caracterizada por la producción agropecuaria.

María, una joven que tiene un puesto de venta de comida, contó que hay días en que vende bien. “En los últimos meses se ha visto mayor afluencia de gente, eso es bueno para nosotros”.Un mototaxista, que prefirió no ser identificado, relató que hay gente que sale de las comunidades alejadas para comprar comida de las pensiones y retornar al monte. Suponemos que ellos deben ser de parte de lo ilícito”, dijo.  

El presidente del Concejo Municipal de Yapacaní, Max Eliazar Barrientos, indicó que de alguna manera el narcotráfico impulsa la economía, pero ello no quiere decir que apoya lo ilegal.

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