Seguridad nacional

Grupos de narcos colombianos y brasileños operan en el país

Hay indicios de que en Bolivia se instalaron ‘oficinas de cobro’ colombianas

Cabecilla. La colombiana Alicia Vargas es detenida en Santa Cruz, en julio, acusada de liderar a sicarios.

Cabecilla. La colombiana Alicia Vargas es detenida en Santa Cruz, en julio, acusada de liderar a sicarios. Foto: AFKA

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cusicanqui

01:27 / 19 de octubre de 2014

En Bolivia operan al menos dos grupos de narcotraficantes extranjeros, uno colombiano y otro brasileño, ambos relacionados con organizaciones armadas e ilegales, según sostiene el periodista Jeremy McDermott en su libro El desafío de Evo: Bolivia, el epicentro de la droga, que fue publicado el fin de semana.

Un oficial de la Policía Boliviana entrevistado por McDermott reveló que actualmente operan tres redes colombianas. “La más antigua tiene sus raíces en un grupo paramilitar de los llanos orientales de Colombia, las Autodefensas Campesinas de Casanare (ACC), alguna vez dirigidas por Héctor Buitrago, alias ‘Martín Llanos’. A finales de los años noventa Buitrago envió unos 300 paramilitares a Bolivia. En junio de 2011 la Policía Boliviana arrestó a su primo, Carlos Noel Buitrago Vega, alias ‘Porremacho’, en Santa Cruz. En febrero de 2012, Héctor Buitrago fue capturado en Venezuela”, señala en su texto.

Grupos. Los otros dos grupos colombianos identificados son los rastrojos y los urabeños. Estas organizaciones son las más “poderosas” estructuras de crimen organizado de Colombia, agrega el autor.

Después de esos grupos, los segundos grupos importantes del crimen organizado transnacionales vienen de Brasil, se agrega en la investigación. En este caso se identifica al Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), que son los que controlan la venta de drogas en Sao Paulo y Río de Janeiro. “Estos grupos han dado el salto al crimen organizado transnacional y en Bolivia están ubicados principalmente en los departamentos fronterizos de Beni y Santa Cruz”, se lee en el texto.

En el caso de las redes brasileñas, se menciona a la captura de dos células diferentes del PCC en enero y marzo de 2013 en Santa Cruz.

Pero al margen de la actividad de estos grupos de narcotraficantes, McDermott da cuenta del hallazgo de indicios del establecimiento de “oficinas de cobro” colombianas en Bolivia, las mismas que son estructuras criminales utilizadas para controlar y regular el tráfico de cocaína, un sistema  utilizado en el pasado por Pablo Escobar en Medellín, Colombia.

Estas oficinas de cobro, se indica en el libro, fueron instaladas en Panamá, Honduras, Costa Rica, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, España y Bolivia. “En julio la Policía de Bolivia capturó a Alicia Lorena Vargas Muñoz, alias ‘La Mona’, una colombiana acusada de dirigir una oficina de cobro en Santa Cruz, que fue vinculada a una serie de asesinatos en la ciudad relacionados con las drogas”, sostiene McDermott en su trabajo.

A fines de julio fue detenida La Mona, presunta cabecilla de una banda de sicarios. Ella está acusada de ser la autora intelectual del asesinato del peruano Ángel Taype R., que también tenía la identidad de José Zamora Chipana. Sin embargo, la pasada semana un juez dispuso su libertad condicional, con arresto domiciliario, principalmente por el hecho de que tiene una niña de cinco meses.

Corrupción judicial

El periodista Jeremy McDermott sostiene que hay corrupción en la administración de Justicia. Señala que la libertad de un narco cuesta entre $us 20.000 y 50.000, monto que se dividen entre fiscales y jueces.

En Ichilo operan cuatro clanes

La provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz se constituye en un centro de producción de cocaína donde operan al menos cuatro clanes bolivianos, señala el periodista Jeremy McDermott en su libro El desafío de Evo: Bolivia, el epicentro de la droga.

Un integrante de uno de esos clanes reveló que cerca de 600 personas trabajan de manera conjunta en dos grupos. “En una buena semana los dos clanes pueden producir hasta 800 kilos de base de coca”, agregó. “Parte de esta cocaína es transportada a la frontera con Brasil, donde se vende directamente a los grupos del crimen organizado brasileño; otra parte es comprada por los colombianos”, dijo el narcotraficante al programa Sin letra chica.

A diferencia de grupos de narcos colombianos y brasileños, en Bolivia estas organizaciones son pacíficas, apunta McDermott, ya que aborrecen la violencia.

Otra revelación que se encuentra en esta investigación es el hecho de que los traficantes prefieren llevar al exterior droga líquida, impregnada en la ropa, ya que es mucho más difícil su detección por policías y canes antidrogas.

La cocaína es recuperada en el exterior con el uso de diferentes soluciones químicas. Así se llega a perder el 10% de la droga, según un microtraficante entrevistado. Añadió que colombianos administran la mayoría de los narcolaboratorios.

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