Nacional

‘La violencia en las calles era abierta y criminal, nunca se investigaron esos delitos’

El periodista Jorge Mansilla Torres respondió a un cuestionario de La Razón sobre lo que vivió aquel 21 de agosto de 1971 y proyecta un balance a 45 años de esas jornadas.

La Razón Digital / Micaela Villa / La Paz

00:34 / 21 de agosto de 2016

 ¿Dónde estaba usted y qué hizo aquel 21 de agosto de 1971?

— En  agosto de 1971 era yo el jefe de informaciones de Radio Illimani, emisora del Estado, y también el secretario general del sindicato de radialistas de La Paz. Ese  sábado, muy temprano, trascendió que unos jefes militares se amotinaron en el Oriente contra el gobierno del general Juan José Torres. Fui a la radio y a eso de las  09.45 empezamos a dar cuenta periodística de los sucesos. A las 11 de la mañana ya estuve convocando a la protesta popular en defensa del proceso aperturista después de la sangrienta dictadura de Barrientos.

Llegaron otros colegas solidarios, periodistas y locutores, y ahí estuvimos por casi 11 horas  transmitiendo en cadena nacional, con el soporte de radioemisoras sindicales y mineras. Con la vida jugada, pero con clara conciencia política dijimos de todo contra el fascismo y la traición. La conjura reaccionaria crecía hora tras  hora. Y la violencia en las calles era abierta y criminal. El presidente Torres dejó el Palacio al ser  traicionado por la FAB —fuerza que lo había impuesto en la presidencia nueve meses antes— y porque los tanques del Tarapacá ocuparon la Plaza Murillo.

Los golpistas, con Banzer y Paz Estenssoro adelante, se apoderaron del Gobierno. Feria de traiciones y deserciones que hubo ese día: regimiento tras regimiento, en seguidilla.  Movimientistas, falangistas y delincuentes comunes, como Los Marqueses, se sumaron a la conjura porque recibían ofertas de dinero y cargos inmediatos por parte de la oligarquía, el comité del separatismo camba y del imperialismo. La batalla estaba perdida a eso de las ocho de la noche. Hubo como 100 patriotas indefensos asesinados en las calles paceñas y emprendimos la amarga retirada.

¿Qué nos puede decir del  padre Mauricio Lefebvre?

— Lo  mataron en la calle Ravelo, ahí por la UMSA; él  había ido en auxilio de un doctor Pinto, que yacía herido, pero fue rafagueado por francotiradores apostados en los techos de esa vecindad. Apoyaba a la Cruz Roja llevando heridos y muertos en su vagoneta ploma y vieja, blanco fácil.  Nos tocó avisar de su muerte por la radio. Yo conocía a Mauricio en mi niñez de Llallagua. Diez años después, en otro  exilio, escribí un libro sobre  la entrega social, política y humanista de ese cura en favor de los jodidos y humillados de mi pueblo.

¿Qué le recuerda de la resistencia en el Laykakota?

— El ametrallamiento de dos aviones Mustang de la FAB contra universitarios que allí resistían. Mito e historia en torno a Aguilita voladora, el nombre de un carnavalito. El dirigente minero Waldo Tarqui nos llamó a la radio para pedir que por orden del compañero Lechín dijéramos que ‘ Aguilita voladora caerá al atardecer’. Lechín era el mandamás del llamado Comité de Defensa de la Revolución, una faramalla, y esa consigna aludía a un presunto pacto de la COB con la FAB para defender a Torres. El dirigente de los periodistas, Andrés Soliz, preguntó al Palacio si existía tal alianza y allí no sabían nada. Seguía la presión a nombre de Lechín Eterno para que propaláramos la frase de una vez. Pusimos a tocar el disco de Los Caminantes con esa pieza, hasta tres veces. Nada. Hasta que el locutor Gonzalo Otero se atrevió a pronunciarla ante el micrófono. Y luego yo.

Los aviones militares irrumpieron, en efecto, sobre el cielo de La Paz pero bombardearon el Laykakota, causando muchos muertos. Nadie investigó nunca a los autores de esa ‘victoria’ de las armas de aquella república contra la gente desarmada e idealista.

Aquel compañero Otero fue apresado días después y sometido a torturas por los áulicos del coronel Sélich. Murió en  el  destierro, en Venezuela, al no superar los traumas del tormento físico que le infligieron.

Han transcurrido 45 años de ese entonces. ¿Qué piensa ahora?

— Además del coraje de la gente, la violencia fascista y la coherencia de los radialistas y periodistas, tengo siempre en cuenta la actitud de la izquierda frente al gobierno de reaperturas.  Desconfianza, resentimiento y condenas al ‘Kerensky reformista’. La Asamblea Popular, gran conquista revolucionaria fue convertida en parapeto de fuego contra Torres por los tiradores del trotskismo, enemigos seculares de todo lo que se anuncie como progresista (Siles Zuazo, Gueiler y otros), y también por los ucapos del partido comunista pro-chino, los anarquistas y los libre pensantes de entonces. Muy en su derecho democrático a la discrepancia, pero con una ominosa falta a sus deberes  de conciencia, porque al final de esa historia, en la clandestinidad y el destierro nos tuvimos que ver las caras, luego de que llegaron los sarracenos y nos molieron a palos a los malos y a los buenos.

Perfil:

Periodista, poeta, escritor. En el mundo de las letras es conocido como Coco Manto. Fue radialista en Pío XII, Vanguardia, Altiplano. Nació en 1940 en Uncía, provincia Tomás Frías de Potosí. Fue embajador de Bolivia en México (2009-2012) donde radica en la actualidad.

Blog: http://www.mantologia.com/acerca-del-autor/

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