Columnistas

‘Acá no se rinde nadie’

No basta ser anticoloniales, tenemos que descolonizar nuestros cuerpos y nuestras vidas

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 13 de diciembre de 2015

La frase “Acá no se rinde nadie” enunciada por el comandante Hugo Chávez es visionaria, dicha a propósito de la entrega de títulos de bachiller en la Misión Ribas, donde de 957.689 graduados el 72% son mujeres, llamadas “vencedoras”. “Acá no se rinde nadie” nos resuena hoy en el corazón, al ver los resultados de las elecciones legislativas venezolanas, que muestran la inclinación del voto del pueblo hacia la derecha.

El contexto de esta votación es una guerra económica que prácticamente ha matado de hambre al pueblo venezolano, un asedio permanente por parte de la derecha desde diferentes flancos. Es mentira que la democracia es para el pueblo, pues cuando el pueblo la usa para proyectar sus sueños de país, la derecha jode, y jode para no dejar un día de tranquilidad. ¡A tomar en cuenta cómo es esto de la llamada democracia! Cuando el pueblo se insurrecciona, se llama “poner en riesgo la gobernabilidad”, se llama “caos y anarquía”, se llama “quiebre de la institucionalidad”.

La guerra de los precios del petróleo, que cayeron y siguen cayendo como para decirnos: “¿tienen recursos naturales?, pues de nada les va a servir si quieren organizar otra sociedad por fuera del capitalismo”, es sobre todo la demostración del poder de Estados Unidos y de su aliado Arabia Saudita. Se trata de una guerra mediática principalmente internacional, que ha taladrado los oídos de la población latinoamericana todos los días; y para yapa, grupos de paramilitares han generado las llamadas warimbas con el propósito de crear una impresión de guerra civil.

Pero no seríamos revolucionarias si no analizamos las responsabilidades propias, si no autocriticamos como revolucionarias y revolucionarios. Gravísimo error depender de los petrodólares, no generar una autonomía productiva coordinada con una crítica del capitalismo y los “valores” de la explotación, la acumulación y el dinero fácil. No basta ser anticoloniales, tenemos que descolonizar nuestros cuerpos y nuestras vidas. Reconducimos los procesos con base en la autocrítica, y en ese camino es necesario entender cómo el machismo es el caldo de cultivo para las acciones prepotentes, soberbias, y se desarrolla al margen de decisiones y procesos que hacen a los pueblos.

No es un detalle menor nuestra insistencia como feministas comunitarias de denominar a este sistema de dominaciones como “patriarcado”; este sistema de muerte se recicla y recicla el sistema, y su particularidad es que lo hace sobre los cuerpos de las mujeres. Nuestros hermanos hombres también están jodidos en el “patriarcado”, pero tienen privilegios en ese sistema, y esos privilegios consisten en sentirse más y mejor que las mujeres que les rodean. Es este el mecanismo a través del cual el sistema se recicla cada día y finalmente no cambia, y así no podemos construir el mundo que soñamos.

Más que nunca Venezuela, hermana, estamos contigo, más que nunca Argentina, hermana, estamos contigo. Todo lo dicho, todas las reflexiones planteadas aquí son también para Bolivia; en donde nuestro proceso de cambio y nuestros sueños de país peligran, porque los errores son diferentes, pero muy parecidos.

Es feminista comunitaria.

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