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Actualidad de la Ley de Imprenta

La Ley de Imprenta norma todo lo que supone difusión de ideas, información, datos y opiniones

La Razón / Foro - Roberto Laserna

01:31 / 09 de abril de 2012

La “adecuación” de la Ley de Imprenta suele plantearse con entusiasmo desde el Gobierno y con ingenuidad desde la sociedad civil, aduciendo que los cambios tecnológicos la han hecho obsoleta.

Aunque los Jurados de Imprenta rara vez funcionan, la ley ha normado comportamientos con eficacia y sería riesgoso para la libertad y los derechos humanos promover su modificación con apresuramiento y superficialidad.

La Ley de Imprenta fue promulgada en enero de 1925. No podemos ignorar ni suponer la intención del legislador, pero sí deducirla por el lenguaje de su época. En 1925 los medios de comunicación en Bolivia se limitaban a algunos periódicos de pequeño e irregular tiraje. Recién en 1929 se inauguró la radiofonía pública, a fines de los 60 llegó la televisión y ya cerca del siglo XXI la internet. Estos son cambios tecnológicos importantísimos que la ley de 1925 no podía mencionar. Pero no los ignoró.  

El objeto de la ley es, como lo dice su título, la “Imprenta”. Pero no se refería a lo que hoy nosotros entendemos de manera limitada por imprenta; es decir, a la instalación dedicada a imprimir en papel, sino a la acción de publicar textos, o sea, a la acción de “señalar en el papel u otra materia las letras u otros caracteres de la palabra”. Esta definición se halla en el Diccionario de la Lengua Castellana de 1884. Por entonces no se incluían definiciones de los términos  en las leyes, sino que se asumía su comprensión habitual. Con ese criterio, la palabra “prensa” en la ley no se refiere a los medios de comunicación sino a la maquinaria u objeto que sirve para imprimir, acción que tiene la amplia acepción ya mencionada de registrar las señales de la palabra.

Por tanto, la Ley de Imprenta no regula solamente las actividades de las imprentas modernas ni se limita a los medios de comunicación escritos ni a sus trabajadores, directores o editores. Es más amplia. Se refiere a todas las acciones destinadas a hacer pública una idea o expresión. La propia ley dice que “se entiende realizada la publicación, cuando se distribuyen tres o más ejemplares del impreso, o ha sido leído por cinco o más individuos, o se pone en venta, o se fija en un paraje, se deja en un establecimiento, se remite por correo u otros casos semejantes” (Art. 7).

En consecuencia, si nos remitimos al significado que tenían en la época las palabras “imprenta”, “imprimir” y “prensa”, y reconocemos que tanto en el diccionario como en la ley se admitía la posibilidad de que los signos pudieran imprimirse en “otra materia” que no sea el papel, o publicarse por “otros casos semejantes”, es una norma aplicable a las páginas web, a los blogs personales e incluso al correo electrónico y al mismo Facebook o Twitter (si tiene cinco seguidores o amigos). Y podría argumentarse que un registro magnético, analógico o digital de voz es también impresión de señales de palabras. Los legisladores no podían saber que en 2012 se imprimirían palabras en formato digital, pero sí anticiparon que habría otros materiales distintos al papel y por eso se cuidaron se mencionar en la norma “u otros”.

La Ley de Imprenta norma todo lo que supone difusión de ideas, información, datos y opiniones, cualquiera que sea quien lo haga. Ese es su objeto. Tampoco se limita al periodismo o a los periodistas, sino que obliga y defiende a cualquier ciudadano en su derecho y en su responsabilidad de expresarse con libertad.

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