Columnistas

Acuerdo nuclear, el turno del Capitolio

La acción bélica tendría efectos desastrosos en una zona tan conflictiva como Medio Oriente

La Razón (Edición Impresa) / Walker San Miguel Rodríguez

02:18 / 04 de septiembre de 2015

El acuerdo entre Irán y Estados Unidos, al que se adhirieron los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Francia, Reino Unido, China y Rusia) y Alemania, referido a la limitación impuesta a Teherán a su programa nuclear se encuentra en una fase decisiva para su implementación, pues se requiere que el Congreso estadounidense no lo bloquee.

El presidente Barack Obama ya habría conseguido los votos necesarios en el Senado (al menos 34 senadores de un total de 100), y así evitar que la mayoría perteneciente al Partido Republicano eche por tierra el acuerdo trabajado intensamente por la administración Obama. Para comprender el procedimiento al interior del Capitolio, vale señalar que el acuerdo con Irán podría merecer un voto de rechazo en cada una de las cámaras (la de Representantes y la de Senadores) donde los republicanos tienen mayoría. Entonces el presidente Obama vetaría a su vez ese rechazo, pero el Congreso necesita dos tercios de votos en cada cámara para anular el veto.

El Senado tratará en los próximos días el tema, y si la Casa Blanca garantiza el voto de los 34 senadores antes mencionados, será muy difícil que el Partido Republicano active luego la anulación del veto. Hay quienes creen que incluso el Partido Demócrata conseguirá más de 40 votos y lograrán así una minoría calificada que echará por tierra la pretensión republicana.

Y no solo se trata de la postura del partido de oposición a la actual administración estadounidense, sino también del potente lobby proisraelí que se ha desatado en Washington para bloquear el acuerdo nuclear con el régimen de los ayatolás. Recordemos que el pasado marzo el propio primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, expuso ante el pleno del Congreso su oposición al acuerdo con Irán, argumentando que no se debe doblegar el brazo ante el régimen iraní al que acusan de patrocinar a terroristas y de amenazar a los países circundantes.

El tema es muy delicado si se tiene en cuenta que Irán tiene tan avanzado su programa nuclear y podría fabricar en pocos años más una bomba atómica. Israel es un país que tiene capacidad bélica nuclear y no desea que Irán lo posea, pues modificaría el actual equilibrio de Medio Oriente. El desarrollo de las relaciones exteriores se ha tornado sorprendente. Efectivamente EEUU calificó durante décadas a Teherán como un régimen terrorista. De hecho, desde que los militantes de la revolución islámica derrocaron al Sha en 1979 y tomaron como rehenes a personal de la Embajada de EEUU en Teherán las relaciones estuvieron marcadas por la tensión, al extremo de que Washington amenazó al entonces presidente Mahmud Ahmadineyad con desatar un ataque bélico si no se detenía el programa nuclear iraní.

Hoy, Obama defiende el acuerdo alcanzado el 14 de julio en Viena pues considera que impide durante al menos diez años el acceso de los iraníes a contar con una bomba nuclear, además somete a Irán a un estricto régimen de inspecciones. Y en compensación el país persa lograría el levantamiento de las sanciones económicas internacionales que están asfixiando a su economía.

Una senadora demócrata señaló recientemente que ningún acuerdo es perfecto, menos uno negociado con el régimen iraní, pero acotó que “es la mejor opción disponible para impedir que Irán tenga la bomba nuclear”. Obama y su secretario de Estado, John Kerry, han optado por el juego diplomático antes que por la acción bélica, opción que tendría efectos desastrosos inimaginables en una zona tan conflictiva como Medio Oriente. Washington y Teherán viven un acercamiento inédito, y en mi criterio debe imponerse la opción de paz al que ambos han optado.

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