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Adicciones

Las adicciones deben ser tratadas integralmente, con el apoyo de leyes y terapias de rehabilitación

La Razón / Luis Kushner

00:02 / 05 de septiembre de 2012

Las personas con adicciones son aquellas que se dejan dominar por el uso de alguna o varias drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos. En nuestro medio no existen políticas públicas para proteger a los pacientes ni evitar que otras personas se vuelvan adictas a algún vicio perjudicial a su salud física y mental. Los adolescentes son los que están más expuestos al consumo de elementos que en el futuro los pueden convertir en adictos .

Tampoco se ha logrado consolidar una institución que trate eficazmente este tipo de adicciones, que por lo demás pueden tener implicancias muy serias en la sociedad y la seguridad ciudadana, me refiero principalmente a la drogadicción y el alcoholismo. Cada día escuchamos sobre normas a nivel mundial que prohíben o limitan seriamente el consumo de estas sustancias, pero en nuestro medio los que ya cayeron en alguna adicción no están siendo tratados correctamente, por falta de un adecuado centro de rehabilitación que cuente con los recursos necesarios para tal labor. Las adicciones deben ser tratadas de manera multimodal, con el apoyo de leyes, sanciones e instituciones de rehabilitación, que cuenten con especialistas enfocados en el mejoramiento de la salud de los pacientes.

En el caso del cigarrillo, desde 1964 se han difundido innumerables informes que advierten que sus componentes son perjudiciales para la salud. Desde 1993, la Agencia de Protección de Medio Ambiente de EEUU ha lanzado una publicación clasificando el humo del tabaco como carcinogénico tipo A. Categoría que se le da a una sustancia cuando se tiene la máxima certeza de que provoca cáncer, y por tanto no existen dosis a las que se pueda considerar seguras; razones sólidas que deben inducir no sólo a aumentar el tamaño del letrero en la cajetilla, en el que se advierte sobre los daños que causa; sino que además debería considerarse, en el corto o mediano plazo, una norma que prohíba su producción.

Fumar no beneficia a nadie, sólo sacia un placer adictivo de alguna persona que se involucró en el tema por poco o bastante tiempo. Pero y ¿qué de los adictos? ¿Dónde podrían acudir los que tienen la intención de dejar el cigarrillo?, ¿o los que ya no deben fumar por haber adquirido alguna enfermedad que, de proseguir con su adicción, terminará con su vida? ¿Estamos haciendo algo por ellos? ¿Se están destinando recursos para ese tipo de rehabilitaciones? ¿O se está dejando a las empresas privadas hacerse cargo de ello, sin que el Estado juegue un papel importante en el tema? Seguro que usted, amigo lector, ya tiene la respuesta; de todas maneras, es un motivo para abrir un debate al respecto.

Mis respetos y admiración sincera a los que dejaron su adicción por completo, en ese ánimo de no perjudicarse ni perjudicar a los demás. Por desgracia, son los menos.

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