Columnistas

Adiós al contrato social

El reino del mercado libre solo conduce a que la miseria se agrave; y eso lo vivimos en el pasado

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:02 / 10 de enero de 2014

Reina en Europa el modelo alemán basado en el neoliberalismo. El resultado: los pobres son más pobres y los ricos cada vez más ricos. Quiere usted ejemplos: en 1976 el número uno de los gerentes del tercer banco más importante de la provincia ibérica ganaba ocho veces más que un empleado medio. Hoy gana 44 veces más. No me consuela mucho que en Estados Unidos la diferencia entre el “top bananas” de Walmart sea 900 veces más que un empleado medio.

Entre 2007 y 2012, la diferencia de ingresos entre el 20% más pobre y el 20% más rico en España subió del 5,5% al 7,2%. Y el número de pobres en Italia subió de 15,410 millones de personas a 18,190 millones (es decir, en 18%). O sea, el reino del mercado libre solamente conduce a que la miseria se agrave; y eso lo vivimos nosotros en tiempos pre 2006.

Claro no es la primera vez que la crisis produce el enriquecimiento. La respuesta clásica ha sido el New Deal, el keynesianismo con grandes inversiones del Estado (y para eso hay que tener un Estado fuerte que intervenga en la economía) y la implementación de fuertes impuestos a la riqueza. Y esto ha dado resultados. Claro que para que ello sea posible se necesita una izquierda fuerte, no solo en la militancia y en el voto, sino también en las ideas.

La izquierda de Europa, que tantas páginas gloriosas escribió, debe repensarse y relanzarse desde la lucha de la gente para que no se la arroje de la casa en la que vive hasta en los ojos de los inmigrantes que llegaron al continente más rico como antes lo hacían los europeos a América: cargados de ilusiones.

Hoy, cuando en España se discute el derecho al aborto, somos conscientes de lo terriblemente peligrosa que es la derecha en el poder: un retroceso de decenas de años en las luchas sociales y en la lucha por la equidad.

La primera lucha es por los imaginarios. Es en los cerebros donde se dan los combates iniciales. Y luego viene la acción. Los Indignados son una prueba de ello. Pero además de la práctica, se necesitan las ideas que muevan a la gente. Pasó en Bolivia con la defensa de la coca, pasó con la lucha para que los hidrocarburos fueran de los bolivianos. Octubre fue el resultado lógico de ese río de consignas que confluyeron hasta hacerse carne y esperanza.

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