Columnistas

Adiós 2013

Recomposición hegemónica mundial parece ser la palabra del momento histórico.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Rossell

00:00 / 22 de diciembre de 2013

En el ocaso de este 2013, su columnista desea hacer un repaso de los hechos más relevantes. Pero, antes que nada, agradecer a ustedes por honrarme con su lectura y por dejarme entrar a sus hogares a acompañar vuestras reflexiones domingueras.

Usualmente esta columna contiene algún análisis de temas de relevancia internacional y, para hoy, debo decir que con justeza me corresponde destacar, en primer lugar, el hito histórico que ha logrado nuestro país con el lanzamiento de su primer satélite de telecomunicaciones. Mucho se ha dicho acerca del costo del satélite y de los posibles usos alternativos del dinero allí invertido hoy por hoy, ya en el espacio. Lo mismo podríamos decir de los varios cientos de millones de dólares que aún nos falta invertir para tender fibra óptica a todos los centros poblados y llegar con una velocidad de conexión domiciliaria de fibra al hogar. Toda inversión tiene su costo, y todo dinero invertido tiene su uso alternativo.

También creo que los analistas políticos estilo Facebook tendrían mejores cosas en las que ocupar su tiempo y la conexión de internet que en muchos casos pagan sus empleadores. No diré más por ahora. Los organismos especializados del Estado tienen más elementos que yo para explicar la utilidad del Túpac Katari. El caso es que —así nos paremos de cabeza— nuestro satélite es historia, a nivel Latinoamérica.

Ya en el plano del mundo mundial, los hechos geopolíticos que personalmente veo como los más destacables son, primero, el caso Snowden y los espionajes de la Agencia Nacional de Vigilancia estadounidense (NSA, por sus siglas en inglés). Elijo este primero porque es el evento global que más directamente nos ha afectado, como país y como región. Gracias a Snowden nos enteramos de que el gran ojo del gran águila estaba mirando no sólo la ropa interior de sus propios ciudadanos, no sólo la ropa interior de ciudadanos de otros países, sino las comunicaciones personales de nuestros presidentes y presidentas. Para prevenir actos terroristas, dice. Lo que me extraña hasta la estupefacción es que tanta tecnología no les haya permitido evitar las decenas de ataques terroristas que han dejado centenas de ciudadanos norteamericanos muertos —muchos de ellos menores de edad— en sus escuelas y universidades, en sus propias ciudades. Para mí, el hecho de que los perpetradores hayan sido estadounidenses no les quita lo terroristas.

En segundo lugar, resalto el histórico acuerdo de eliminación del arsenal de armas químicas de Siria, paciente y brillantemente logrado por la Rusia de Putín.

Este acuerdo es muy elocuente en relación a dos elementos que personalmente me parecen relevantes, como cuando se juntan el hambre y las ganas de comer: primero, la menguante eficacia de la potencia más poderosa para imponer su orden, paradójicamente cuando su concentración de recursos y tecnología militar es la mayor de la historia. Segundo, en paralelo, las modalidades en las que Rusia está ocupando esos espacios de orden que la potencia del norte deja vacíos, justo en una región tan volátil como el Medio Oriente.

Tercerita: de nuevo, el Medio Oriente. Otro acuerdo histórico, esta vez logrado por Irán, que evitó una escalada de violencia (iniciada por la incontenida verborrea israelí), a tiempo de salvar su potestad soberana de desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos (nos lo juran por Alá). Otro punto en contra, esta vez para los aliados de Estados Unidos.

Recomposición hegemónica mundial parece ser la palabra del momento histórico, momento que puede durar uno o varios lustros. La gran duda es si —esta vez— los humanos seremos lo suficientemente sensatos como para sacarla de manera incruenta.

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