Columnistas

Agenda Patriótica para el mundo

Una futura crisis alimentaria mundial podría significar  para Bolivia una gran oportunidad.

La Razón / Gary A. Rodríguez A.

02:47 / 03 de septiembre de 2012

Cuán cerca está el mundo de ver consumada la profecía bíblica (Apocalipsis 6:6) de que dos libras de trigo llegarán a costar un salario diario? Como van las cosas, muy cerca. “La FAO prevé altos precios de alimentos en próxima década”, destacó Prensa Latina (27.08.2012) informando que el Director General de la FAO advirtió que los precios de los alimentos seguirán altos y volátiles por diez años, y recomendó crear reservas de alimentos básicos para garantizar la seguridad alimentaria y afrontar el elevado costo de la comida.

Ese mismo día, el periódico virtual Vanguardia se preocupaba porque la peor sequía en EEUU, desde 1957, pueda generar tal grado de escasez de alimentos y elevación de precios (reforzada por la especulación bursátil) que arrastre a México a una hambruna, considerando la alta importación de maíz que realiza desde EEUU, cuya siembra fue afectada por la falta de agua en un 88%. Debido al cambio climático, la sequía afectará también la producción de carne de res, leche y huevo por la subida del precio del maíz en más de un 50% y la soya en un 20%, en sólo dos meses. Igual pasa con el trigo.

“He visto a gente que no ha comido durante cinco días. Esto está ocurriendo en el país más rico del mundo”, dijo a Inter Press Service el cofundador de la organización Food Not Bombs, Keith McHenry, rezaba la nota, recordando que cerca de mil millones de personas sufren hambre en el mundo. Para la FAO, el “fantasma de la hambruna” ha reaparecido.

En medio del fatalismo, se oyó una buena noticia en Bolivia relacionada con el tema: la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) decidió respaldar la “Agenda Patriótica” del presidente Evo Morales (La Razón, 28/08/2012), comprometiendo la producción de alimentos para garantizar la “seguridad alimentaria con soberanía”. ¿Qué problemas a superar planteó don Demetrio Pérez, presidente de Anapo, para lograrlo? Poco y mucho.

El periódico oficialista Cambio reflejó su declaración ese día de esta forma: “Estamos hablando de la inseguridad jurídica en la temática de tierras, desmontes sin permisos, la concreción de los resultados de la Cumbre (en Cochabamba) y sobre los avasallamientos, que es un grave problema (...) los mandos medios no acompañan adecuadamente los propósitos del señor Presidente” (un lastre que lamentablemente se da no sólo en el ámbito agropecuario sino también en otros ámbitos del Órgano Ejecutivo).

¿Podría el sector agroproductivo cruceño no comprometerse con la Agenda Patriótica de cara al Bicentenario del 2025, que entre otras cosas propone eliminar la extrema pobreza? De ninguna manera, porque si hoy genera más del 70% de los alimentos que consume Bolivia, luchar contra la pobreza produciendo más alimentos y empleos, ¡es su destino!

Si con menos del 10% de las 30 millones de hectáreas cultivables que existen, se avanzó tanto en tan poco tiempo, no hay que tener una gran imaginación para inferir lo que se podría lograr si se garantiza al productor agropecuario: seguridad jurídica, mercados interno y externo, riego, asistencia técnica, uso de biotecnología, crédito e infraestructura; sin pasar por alto el construir Puerto Busch para la exportación expedita de alimentos por las aguas internacionales de la hidrovía Paraguay-Paraná.

Una futura crisis alimentaria mundial podrá resultar para muchos una fatalidad, pero para Bolivia, la oportunidad de convertirse en un verdadero granero para alimentar al mundo.

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