Columnistas

Agricultura urbana en manos de mujeres

Las tecnologías ecológicas pueden solucionar el grave problema del costo a los consumidores finales

La Razón (Edición Impresa) / Crispim Moreira

00:02 / 12 de septiembre de 2015

Al menos 400 mujeres campesinas migrantes de áreas rurales de Bolivia producen alimentos ecológicos en áreas periurbanas para la nutrición de sus familias y el abastecimiento alimentario de miles de hogares en la ciudad de Sucre, como resultado de la cooperación técnica entre autoridades del Estado Plurinacional de Bolivia y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Las mujeres campesinas adoptaron una tecnología de producción desarrollada por la FAO en el altiplano boliviano que viene siendo probada y difundida hace diez años. El uso de esta tecnología ecológica y de bajo costo es apropiada a las condiciones socioambientales de la agricultura familiar campesina y les permite sembrar y cosechar de forma eficiente. Según el informe técnico de FAO Bolivia, cada familia produce 550 kg de hortalizas por año en un área de 24 m2. Se trata de producir en un espacio de 3 x 8 metros ubicado en el patio del hogar. Es así cómo las mujeres campesinas, con este medio de producción, rescatan su historia, su modo de vida originario, además de cumplir un importante rol social al alimentar de forma ecológica a las familias que viven en las ciudades.

Las mujeres campesinas de Sucre han logrado incorporar en su propia mesa más de 17 variedades de hortalizas, garantizando una dieta diversificada, sana y nutritiva para sus familias durante todos los días del año; además de incrementar los ingresos familiares con la comercialización de los excedentes en el mercado local. El buen manejo de esta tecnología intensiva de producción ecológica de hortalizas en las ciudades, denominada “carpas solares”, hasta hace dos años no era accesible a las mujeres campesinas de los distritos urbanos y periurbanos de la ciudad de Sucre. La fuerza, la labor y la dedicación de estas mujeres, hoy organizadas en la Asociación de Productores Urbanos de Sucre (APUS), se articula con la asistencia técnica y financiera de la FAO, la Gobernación de Chuquisaca y el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural de Bolivia.

Los resultados de alcanzar seguridad alimentaria con soberanía y generación de ingresos familiares, a través de emprendimientos económicos comunitarios y ecológicos de familias en situación de vulnerabilidad social, ahora es una realidad en Sucre. La perspectiva a futuro es la intensificación de una política nacional de agricultura urbana y periurbana en las principales capitales de los departamentos de Bolivia. El efecto final es contribuir a que Bolivia, a través de la articulación e integración intergubernamental (gobiernos central, departamental y municipal), entregue servicios públicos de calidad, de forma permanente a las y los agricultores familiares comunitarios en la periferia de las ciudades.

Al mismo tiempo que centenares de mujeres campesinas migrantes de Sucre logran el acceso físico y económico al alimento sano en cantidad y calidad, el Estado Plurinacional de Bolivia va avanzando en el proceso institucional de consolidar una política pública consistente de promoción de la agricultura urbana y periurbana.

La participación de la FAO en el desarrollo de estas actividades ha posibilitado, desde la cooperación sur-sur trilateral Brasil-Bolivia-FAO, el poder intercambiar saberes y conocimientos en la gestión de políticas públicas de seguridad alimentaria en regiones metropolitanas. Es así que los actores gubernamentales de forma articulada van implementando en campo, en la vida de las familias, los servicios públicos de asistencia técnica para la inclusión productiva y la autonomía económica de las mujeres campesinas que viven en las periferias de las ciudades.

El colectivo de las agricultoras familiares urbanas y periurbanas y de los actores gubernamentales han logrado plasmar los pilares de una verdadera política pública: cofinanciada por los actores públicos (con la participación efectiva de la comunidad, que aporta también sus recursos económicos), con control social y, especialmente, con un sistema operativo descentralizado. Por ejemplo, la Gobernación de Chuquisaca ha incorporado en su Secretaría de Desarrollo Productivo y Economía Plural una unidad dedicada a la agricultura urbana y periurbana. El equipo técnico de esta secretaría, conformado por agrónomos, economistas, nutricionistas y pasantes de universidades, entrega un buen servicio público de asistencia técnica para que las mujeres construyan sus carpas solares, preparen abonos orgánicos, seleccionen semillas, siembren, controlen las plagas sin agroquímicos, elaboren sus alimentos y comercialicen sus productos en la propia ciudad. Todo ello de forma familiar, ecológica y comunitaria. Los Estados miembros de la FAO definieron como objetivos de esta organización de la Naciones Unidas para el cuadrienio 2014-2018 contribuir a la erradicación del hambre y pobreza rural a través del desarrollo de sistemas agroalimentarios sostenibles e incluyentes, además de proteger los medios de vida de las familias afectadas por los efectos del cambio climático.

Las mujeres campesinas migrantes de Sucre contribuyen al logro de estos objetivos, enseñándonos con maestría cómo hacerlo. Ellas son un ejemplo para los demás departamentos de Bolivia y están en la capacidad de intercambiar y difundir esta experiencia con países de Latinoamérica y el mundo que buscan igualmente desarrollar sistemas agroalimentarios más ecológicos e incluyentes y resilentes a los efectos del cambio climático. La FAO, desde su sede en Roma, coordina un colectivo de actores (expertos, gestores de políticas públicas, organizaciones sociales) a nivel mundial denominado “Alimento para las ciudades” con el fin de promocionar e impulsar tales iniciativas en las grandes metrópolis globales de los continentes.

La tendencia mundial de los consumidores de forma general y en especial de los consumidores urbanos es buscar alimentarse bien con productos frescos, producidos de forma ecológica por la agricultura familiar comunitaria. Esta tendencia ha favorecido la afirmación de las políticas públicas antes señaladas en distintos países de América Latina, Europa y Asia principalmente. En Bolivia, el cambio en el marco legal que comprende políticas de producción ecológica, de fortalecimiento de la agricultura familiar y resilencia a los efectos del cambio climático, también favorece el desarrollo del programa nacional de agricultura urbana y periurbana, en esta perspectiva del desarrollo integral. Por lo tanto, las tecnologías ecológicas intensivas, accesibles a los presupuestos públicos y a las familias, pueden solucionar el grave problema del costo de alimentos a los consumidores finales, como es el caso del abastecimiento de hortalizas en los sistemas agroalimentarios metropolitanos.

Lograr el uso social y ambiental de la tierra urbana y periurbana, es decir, usar 24 m2 de los patios campesinos urbanos para la autonomía económica de las mujeres y el abastecimiento alimentario metropolitano, es un avance significativo. Asimismo, cuidar el buen uso de la tierra, apoyar a la territorialidad y la diversidad de los sistemas de vida de la agricultura familiar comunitaria boliviana es un desafío posible de alcanzar.

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