Columnistas

Agua, fragmentación y cambio climático

La fragmentación en la administración del agua no va a permitir que el problema del agua sea superado.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Salas Sejas

23:53 / 26 de diciembre de 2016

La situación sobre el desabastecimiento del agua en el país no ha cambiado desde hace semanas. La población afectada tuvo que, de forma inmediata, ajustar sus patrones de consumo. La otra parte, los administradores del líquido elemento, no pueden llegar a una decisión única e inequívoca, generando mayor confusión y disgusto entre la población. Para ilustrar el tema y su complejidad, me gustaría escribir sobre el concepto de fragmentación, que se utiliza ampliamente en diversas ramas de la ciencia.

Fragmentación se refiere a la división y efecto de la separación de las partes (Diccionario de la lengua española, 2016). En términos de la administración del agua, también podríamos utilizar este concepto para ejemplificar lo que precisamente pasa en diversas ciudades de Bolivia en este preciso instante.

Hace casi ya una década, Karen Bakker en su artículo titulado La falla en la gobernanza (World Development Journal, 2008) señala que muchos países del sur global han fallado en la administración de empresas de servicios públicos debido a diferentes factores, tanto culturales, históricos o técnicos, pero el común denominador es la presencia de estructuras fragmentadas. Estas estructuras han producido divisiones internas y posiciones muchas veces irreconciliables las unas con las otras. El resultado: no sabemos cuándo habrá agua.

La ineficiencia en el suministro de agua implica diversos problemas conectados. No olvidemos que el agua es necesaria para todo proceso productivo, y seguramente implicará un freno al ya mermado sector económico del país, sin mencionar otros de suma importancia como la educación, la salud o el medio ambiente.

Algunas experiencias nos muestran que diferentes países en América Latina presentan las mismas estructuras fragmentadas, pero ante la llegada de situaciones extremas donde nadie se hace responsable de dar soluciones, la gente ha tenido que desarrollar espacios de diálogo para afrontar las crisis. En algunos casos ha suscitado una gestión conjunta de cuencas hidrológicas; en otros casos, consensos para conservar los ecosistemas de altura, que son los proveedores y reguladores del agua para las partes bajas.

Adicionalmente, la temática del cambio climático en los últimos años ha pasado a tomar un rol importante en las sociedades del mundo entero. Una evidencia de ello es el tan celebrado acuerdo de París. El cambio climático es un hecho, esta aquí para quedarse. Las advertencias científicas que ya se tenían desde hace décadas las vivimos hoy en día. Es lamentable que el rol de la ciencia e investigación en Latinoamérica no tenga el impacto que tiene un cantante de pop.

Es así, estimado lector, que mientras usted lee estas líneas, el desabastecimiento de agua seguirá, las autoridades seguirán discursando, y cerca del 45% de las pérdidas de agua por fugas internas también continuará. De esta manera la coyuntura de escasez de agua, ante una evidente fragmentación en el sistema de administración, no tendrá otro destino que mayores racionamientos y cortes en el suministro. Una alternativa a mediano plazo podría ser un enfoque más horizontal y participativo. Esto también dará parte de la responsabilidad a los involucrados (a la gente), haciéndola más propositiva y activa en el tema.

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