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Alasita y la Virgen de la paz

Alasita es una fiesta cristiana, creada para honrar a la patrona de la ciudad, la Virgen de la paz

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:01 / 29 de enero de 2014

La semana pasada se llevó a cabo la tradicional fiesta paceña de Alasita. Ella nació en la Colonia, en homenaje a la Virgen de la paz, patrona de nuestra ciudad. Es de lamentar que ni el Gobernador del departamento ni el Alcalde de la ciudad hubiesen recordado que el 24 de enero es el día de Nuestra Señora de la paz.

Cabe señalar que durante tres siglos, del XVI hasta mediados del XIX, se celebró el 24 de enero como el día de nuestra ciudad. Y así, cada 24 de enero, la hermosa imagen donada por el emperador Carlos V a la recién fundada ciudad de Nuestra Señora de la paz recibía, como ofrenda del pueblo trabajador de la villa, el fruto de su habilidad y esfuerzo en forma simbólica y de reducido tamaño. Así surgió la feria de Alasita. Por eso también ésta se realizaba en la Plaza Mayor, frente a la Catedral, donde la gente ingresaba para hacer bendecir por la Virgen los productos adquiridos en la feria.

Muchos años después apareció el Ekeko, como una alegoría del habitante ciudadano, principalmente artesano, que se consagra a la Virgen como su más ferviente servidor. Este personaje, aunque tiene un origen pagano, no representa a un absurdo dios indígena, como actualmente se trata de insistir, sino al verdadero hombre del pueblo paceño: pequeño, retaco, blancón y con bigotes. Este Ekeko personificaba asimismo el espíritu del paceño colonial, un hombre alegre, lleno de confianza en que la madre de Dios le concedería el cumplimiento de sus anhelos.

Por lo tanto, Alasita es una fiesta netamente cristiana, creada para honrar a la patrona de la ciudad, la Virgen de la paz. Pero, increíblemente, en la actualidad la gente se ha olvidado de ella y ahora se pregona absurdamente que Alasita es una fiesta pagana. Naturalmente, la religiosidad de nuestro pueblo siempre ha tenido visos paganos, como sucede en general en casi todo el orbe católico latino. Pero todavía se mantiene la costumbre de hacer bendecir lo adquirido en una iglesia; porque ahora, por su enorme crecimiento poblacional, es imposible que la mayoría de la gente pueda llegar hasta la Plaza Mayor, es decir, a la Plaza Murillo.

En los primeros años de nuestra existencia republicana se decidió mudar el día de la ciudad al 16 de julio, con el fin de rendir un homenaje más vigoroso a la gesta de Murillo. Pero si las autoridades elogiaban a la Revolución del 16 de Julio, nuestro pueblo, consciente de sus tradiciones, siguió permanentemente enalteciendo a su patrona en la feria de Alasita. De este modo, en la práctica la ciudad tuvo dos festividades conmemorativas: la del 24 de enero, más tradicional y acorde con el símbolo de la paz; y la del 16 de julio, donde se exaltaba el temple revolucionario del pueblo paceño. Da lugar a pensar que esta situación de existir al mismo tiempo dos fiestas opuestas fue un reflejo del alma paceña: por un lado, generosa, emotiva y acogedora; y por otro, impetuosa, apasionada e intransigente.

Ahora bien, se podría decir que la modificación del aniversario de la ciudad tuvo un sino trágico. Pareciera que el pueblo paceño y el boliviano en general, en vez de la paz y la concordia que la Virgen representaba, eligieron la revolución y la violencia. Pero esta agitada subsistencia solo trajo a los bolivianos aflicción y división. Desgraciadamente, el error de nuestro pueblo fue creer que el progreso proviene de la violencia, y de no haber obedecido a nuestra madre, la Virgen de la paz, que nos enseña precisamente que la felicidad y la prosperidad se alcanzan con el trabajo pacífico y mancomunado de toda la nación.

En consecuencia, en estos días en que se conmemora a nuestra Virgen patronal, se debe buscar su intercesión, para que efectúe un cambio radical en el alma del pueblo paceño, desechando su parte violenta e intolerante, y ensalzando su lado generoso y sentimental. Sólo de este modo podremos integrarnos a Nuestra Señora de la paz, y lo que ella representa: la paz, el consenso, el entendimiento y la fraternidad que debiera reinar entre todos los bolivianos.

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