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‘Alasitay... simpasiñataki’

La Alasita tiene sus orígenes en el mundo comunal de las illas, palabra que se traduce como amuleto

La Razón (Edición Impresa)

00:01 / 31 de enero de 2015

La fiesta de la Alasita, o Alasitay, es una tradición andina que se ha ido arraigando en el mundo urbano, no solo paceño, sino en varias otras regiones del país e incluso en algunas urbes del exterior. Alasita o alasitay es una palabra aymara que quiere decir “cómprame”, “cómprame pues”. La Alasita tiene sus orígenes en el mundo comunal de las illas (palabra que se puede traducir como “amuleto”) que antiguamente cada familia poseía (y aún poseen), sea del ganado, de las parcelas, de las semillas, de la pareja, etc. que simbolizan la relación del ser humano con la Pachamama y los animales, y que se tienen que “ritualizar” en varias épocas del año para poder usufructuar.

La Alasita está personificada en la illa del Iqiqu; es decir, aquel personaje diminuto que se muestra en todo su esplendor de alegría; incluido el erotismo, pues hay que recordar que las illas son representaciones de la fertilidad y la reproducción, por lo que el Iqiqu era simbolizado antiguamente con miembros masculinos erectos. Sin embargo, por algún prejuicio urbano se arropó al Iqiqu hasta convertirlo en personaje de “buena presencia” y de un vestir cuasimestizo urbano, como son el uso del pantalón, la camisa y el sombrero; denotando solo el lluch’u y las abarcas con su ancestralidad, a la que hoy se ha añadido un cargamento de productos enlatados en su espalada, dependiendo de las “novedades” de moda y promocionados por el marketing nacional e internacional.

Los orígenes de la Alasita se sitúan en la época colonial; pero la celebración como fiesta andina en la ciudad de Chuqiyapu marka o La Paz se masificó después de la rebelión de Túpac Katari contra el sistema colonial en 1781, hecho que convirtió al Iqiqu en la illa principal, aunque su fisonomía india cambio a casi q’ara, con pómulos chaposos, regordete, bigotes y fumando cigarro.

El Iqiqu como illa representa los presagios, el vaticinio, la predicción o los deseos de que se haga realidad algún bien material adquirido en la Alasita el mediodía del 24 de enero. Ese deseo es la simpasiña, palabra aymara hoy poco usada que hace referencia a tener mucha fe para que se haga realidad aquella miniatura en algún momento de la vida. La palabra simpasiña denota ese deseo de fe profunda, por eso se dice en aymara alasiñani simpasiñapataki o “me compraré pues para que se haga realidad”.

Sin embargo, la Alasita se va modificando con el tiempo. En la tradición de los pueblos andinos no existe el insulto a aquello que se venera y respeta, de lo contrario no habría la fiesta de Alasita en honor a la illa Iqiqu. No obstante hoy en día se ha asociado también la Alasita a la risa, a la broma, con aires de insulto; y esta expresión se ve muy reflejada en la prensa escrita que cada año hace un tiraje especial de sus periodiquitos. Es una burla, una mofa sobre todo a los políticos y ciertos ciudadanos que cobran notoriedad, y uno se pregunta, ¿cuál es la relación del espíritu de la Alasita y del Iqiqu con esta actividad de mofa periodística?

Mientras la asociación del Iqiqu con el petiso o el muqu va pasando a un segundo plano, la burla y diversas formas de insulto gráfico y escrito ha tomado mucho espacio. Sería lindo estudiar a esa prensa que incluso es premiada, y no sé bajo qué parámetros. Este fenómeno es una construcción muy urbana, denigrante, e incluso con aires de racismo, que lamentablemente ha cobrado cierta connotación, aunque el sentido de la ritualización a la illa es otra.

Khitinakatixa aymara markat juttanxa yattanwa, alasitaxa simpasiñatakiwa, taqi chuymampiwa kuntixa muntanxa alaqt’asina ¿janich ukhamaxa?

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