Columnistas

Alcohol y gestación

En la etapa fetal, el cerebro está en  formación, desa-rrollo y maduración de las neuronas

La Razón (Edición Impresa) / Médico de cabecera - Luis Kushner

04:11 / 19 de marzo de 2014

Todas las pacientes se preguntan cuáles podrían ser los efectos del alcohol durante la gestación y he escuchado que algunos galenos sugieren a sus pacientes una pequeña gotita de alcohol incluso en la gestación, suponiendo que será benéfico para la paciente o para el feto.

El hecho es que ese consejo es el peor que se puede dar a una mujer en la etapa del embarazo, ya que los niveles de alcohol que pueden pasar la placenta son incalculables, y los daños pueden ser nefastos en esos casos, desde alteraciones en el aprendizaje hasta serios problemas neurológicos que pueden manifestarse no sólo en el nacimiento, sino posteriormente en unos cinco a diez años, en los que el niño o niña no podrá desarrollar por completo sus aptitudes de inteligencia normal.

¿Cuál es la razón por la que el alcohol durante el embarazo ocasionaría dichas alteraciones? Porque no hay que olvidar que en edades tempranas de la vida, como la etapa fetal, precisamente es en la que el cerebro está en formación, desarrollo y maduración de las neuronas; estas células son las encargadas de las millones de interconexiones necesarias para todo tipo de actividad, desde la motora hasta la sensitiva, y si este proceso se ve afectado por un cambio brusco de vasodilatación y vasocompresión (cuando los vasos sanguíneos se llenan de sangre y cuando se estrechan para mejorar la presión), el desarrollo neuronal puede alterarse de tal forma que puede evitarse el desarrollo neuronal normal y por ende provocar los problemas mencionados anteriormente.

Los efectos del alcohol en el adulto pueden ser similares en el feto, pero como sus vasos sanguíneos tienen menor calibre y son más sensibles a los cambios, en momentos de vasoconstricción se provocaría un proceso de reducción importante de la oxigenación que evitaría el ingreso de oxígeno cerebral y, por supuesto, un estado hipóxico no controlado. En los adultos, sabemos que un poco de alcohol en la sangre puede vasodilatarnos, razón por la que el efecto cerebral se traduce en la elocuencia y el recuerdo de varios tópicos, lo que nos hace ser más sociables; mientras que si se persiste en la ingesta de alcohol entramos en un proceso de vasoconstricción, en el que comienza la somnolencia y, finalmente, la intoxicación, que se traduce en vómitos, mareos, inestabilidad, sueño y hasta a veces un paro respiratorio que ocasiona la muerte. Las dosis fetales para solo vasodilatarse no son conocidas ni tampoco podría hacerse pruebas al respecto por razones éticas; sin embargo, el mensaje debe ser claro: cero tolerancia al alcohol durante el embarazo.

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