Columnistas

Ambigua rebelión del Partido Republicano

El Partido Republicano está enfrentando dos rebeliones que se llevan a cabo de manera simultánea

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 06 de febrero de 2016

Para comprender por qué la actual crisis conservadora confunde y desconcierta al establishment republicano se debe tomar conciencia de que ese partido político está enfrentando dos rebeliones separadas que se están llevando a cabo simultáneamente: una liderada por Ted Cruz y la otra por Donald Trump. La primera está bien descrita por E. J. Dionne en su nuevo libro Why the Right Went Wrong (Por qué la derecha salió mal). Dionne explica que durante seis décadas los conservadores han prometido a sus votantes que iban a cambiar al gran gobierno. En la década de los 50 y principios de los 60 fueron en contra del New Deal (seguridad social). Luego protestaron contra la Gran Sociedad (Medicare). Hoy en día es Obamacare. Pero en realidad no hicieron nada. A pesar de designar a Goldwater, elegir a Nixon, Reagan y a dos Bush, pese a una revolución del congreso liderada por Newt Gingrich, estos programas duraron y también se crearon nuevos.

La única razón para esto es, por supuesto, que mientras los estadounidenses se oponen en teoría, en la práctica les gusta el Estado de bienestar. Y la mayor parte del gasto del gobierno está destinado a la clase media, no en los pobres. La Seguridad Social y Medicare ocupan más del doble del presupuesto federal como todos los gastos discrecionales no imputados a la defensa juntos. Una exención fiscal de clase media, por la atención de salud basado en el empleador, le vale al Gobierno federal más de tres veces del total para el programa de cupones de alimentos.

Cualquiera sea la realidad, los republicanos continuaban prometiendo algo a su base, pero nunca lo proporcionaron. Esto ha conducido a lo que Dionne llama “la gran traición”. Los activistas del partido están enfurecidos al haber sido engañados y ven a la administración de Washington como un grupo de corruptos que se comprometen. Desean encontrar a alguien que finalmente cumpla con sus promesas de abolir y desmantelar.

Apuntemos a Ted Cruz. ¿Cómo es que un senador de solamente un período, despreciado dentro de su propio partido (tanto en Washington como en Texas), ha llegado tan lejos tan rápidamente? Lo logró al prometer encargarse de las élites del partido republicano y, finalmente, ahogar al gran gobierno. Cruz declara que revocará Obamacare, abolirá el Servicio de Rentas Internas (IRS) y reemplazará el impuesto sobre la renta con un 10% de tarifa fija y promulgará una enmienda constitucional para equilibrar el presupuesto, lo que implicaría cientos de miles de millones de dólares en recortes de gastos.

Por otro lado, los partidarios de Trump son economistas liberales anticuados. En un análisis poderoso, en el cual Michael Tesler hace uso de los datos topográficos más recientes y minuciosos de la Corporación RAND, muestra que el perfil del votante de Trump es muy diferente al de Cruz. “Cruz supera a Trump por cerca de 15 puntos porcentuales entre los republicanos más conservadores económicamente”, escribe. “Sin embargo, Cruz pierde contra Trump por cerca de 30 puntos entre la cuarta parte de los republicanos que mantienen posiciones progresistas en torno a la atención médica, impuestos, el salario mínimo y sindicatos”. Trump está bien informado en esta temática, lo cual explica la razón por la cual ha prometido reiteradamente no tocar la Seguridad Social ni Medicare, ha hablado con cariño acerca del sistema canadiense de un solo pagador, ha censurado los altos salarios de los directores ejecutivos (CEO), ha prometido construir infraestructura y está en contra de los acuerdos de libre comercio.

Los votantes de Trump reflejan una rebelión totalmente diferente. Desde los 60, una parte de los estadounidenses blancos de clase media y de clase obrera se han sentido incómodos con los cambios en marcha en el país. Se encontraban molestos con las revoluciones sociales de esa década, consternados por las protestas de los negros y por la violencia urbana; y enfurecidos también por la creciente ola de inmigrantes, muchos de ellos hispanos. En los años recientes, han expresado hostilidad hacia los musulmanes. Es este grupo de estadounidenses, muchos de ellos demócratas registrados e independientes, el que conforma el centro de apoyo de Donald Trump (obviamente, hay superposiciones entre los partidarios de los dos candidatos; no obstante, las divergencias son asombrosas).

En su análisis, Tesler muestra que estadísticamente “Trump se desempeña mejor entre los estadounidenses que expresan más resentimiento hacia los afroamericanos e inmigrantes y que tienden a evaluar a los blancos más favorablemente que a los grupos minoritarios”. Nate Cohn, columnista del New York Times, señala que el apoyo de Trump geográficamente es casi el opuesto al del último gran empresario populista que se postuló a la presidencia: Ross Perot.

Este último tuvo éxito en el occidente de EEUU y en Nueva Inglaterra, pero no le fue bien en el sur ni en el norte industrial. El apoyo de Trump sigue un patrón diferente, pero familiar. Cohn escribe: “es similar a un mapa de la tendencia hacia el racismo por la región.” Para ser claro, hay muchas personas que apoyan a Trump por razones enteramente inconexas con la raza, religión o etnicidad. Sin embargo, las correlaciones mostradas por los expertos son impresionantes.

¿Se podrían haber prevenido estas rebeliones? Tal vez, si el Partido Republicano hubiese sido honesto con sus votantes y les hubiese explicado que el Estado de bienestar estaba aquí para permanecer, que los mercados libres necesitan regulación gubernamental y que la atribución de poderes a las minorías y a las mujeres era inevitable y beneficioso. Su rol era hacer frente a estos cambios para que se desarrollen de forma natural, para que no sean excesivos y para que preserven los valores perdurables estadounidenses. Pero ése es el rol de un partido que es genuinamente conservador en lugar de radical.

Es periodista indo-estadounidense.  ([email protected]). © The Washington Post Writers Group, 2015.

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