Columnistas

Ambler, Lévi-Strauss y Bolivia

Cualquier comenta-rio negativo que hoy se hace sobre algo o alguien es conside-rado discriminación.

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vargas

00:00 / 09 de febrero de 2013

Mi colega, amigo, y por añadidura homónimo de apellido, el escritor Manuel Vargas, está preparando un libro en el que piensa incluir las muchas o pocas alusiones que la gran literatura mundial ha hecho a Bolivia. He visto cosas así que han hecho los colombianos y otros latinoamericanos. Supongo que se trata de una tierna señal de que existimos, de que “el Sur también existe”, como dijo un poeta de cuya ideología no quiero acordarme. Le prometí a Vargas proporcionarle el caso de una novela del escritor británico Eric Ambler, y ahora, a tiempo de hacerlo en esta columna, le agrego otro, que quizá conozcan los antropólogos, pero que yo estoy leyendo por primera vez, con creciente agrado, Tristes trópicos, de Claude Lévi-Strauss, acabo de enterarme. Vamos por partes (al final haré un colofón).

a) Causa de alarma (Cause for alarm) es una buena novela de espías situada en 1937, en medio de la desconfianza universal y crisis económica previas a la gran guerra que se vendría unos años después. Su personaje es un pobre diablo inglés que, en la urgencia de conseguir un trabajo (acaba de proponerle matrimonio a su divertida e inteligente novia, y a continuación acaban de despedirlo, así es la vida) comienza a desesperar y asustarse. Es que ya ha pasado más de dos meses intentándolo todo, y a ella no le gusta la idea de postergar sus nupcias (“y ahora que eso está liquidado, ¿qué vas a hacer para mantenerme?”, le dice la mujercita, actitud femenina que prueba que la novela se ubica en otra época, sin duda).  Y entonces le ofrecen un empleo.

¿Dónde? En un país llamado Bolivia. ¿Para hacer qué? Para instalar dos fábricas de armamento. La Guerra del Chaco había enseñado a ese país sudamericano la necesidad de contar con recursos propios para otro posible enfrentamiento. Lamentablemente el novio en apuros rechaza ofendido la idea de cruzar el charco a ese extraño lugar, y al final se traslada a Italia, donde se desarrolla el resto de la novela, y así se pierde la oportunidad de conocer Bolivia.

b) La segunda anécdota es real, y curiosamente también se sitúa en esos años, más precisamente en 1938. Claude Lévi-Strauss cuenta al comenzar Tristes trópicos, su hermoso tratado de antropología (pero también apasionante libro de viajes y autobiografía), que en uno de sus primeros viajes a Sudamérica había tenido que detenerse, camino a Brasil, “en la baja Bolivia”, esperando una correspondencia que no terminaba de llegar. La baja Bolivia era Santa Cruz de la Sierra; y mientras caminaban, él y un amigo, por sus calles fangosas (era época de lluvias), un policía los detuvo, porque tenían cara de extranjeros, según el célebre etnólogo. Retenidos en la casa de la gobernación, pudo leer el siguiente jocoso anuncio al lado de la documentación institucional: “Bajo pena de severas sanciones, está terminantemente prohibido arrancar páginas de los archivos para servirse de ellas con fines particulares o higiénicos. Toda persona que incurra en contravención será castigada.”

c) Si la doctrina de supuesta lucha contra el racismo del actual Gobierno se hubiera trasladado a esa época por arte de magia, supongo que el prefecto cruceño de marras podría haber interpuesto una orden internacional de detención a Lévi-Strauss, por sugerir que el pueblo cruceño es ignorante al citar ese cartel, y por decir que sus calles son un barrial intransitable; o perseguir a Ambler por faltar el respeto al “corazón de Sudamérica” ninguneándolo.

Digo esto en alusión a la grosera persecución judicial que está sufriendo la conductora de televisión Milena Fernández, sin que los muchos opinadores políticos locales y los gremios periodísticos digan esta boca es mía, en nombre del derecho a la libre expresión. Y lo hago porque me parece que es una prueba patética de cómo este Gobierno provoca, con sus poco meditadas medidas para mejorar la sociedad, que la convivencia entre los bolivianos en realidad desmejore. La famosa ley anticorrupción se ha vuelto un arma esgrimida por autoridades pobremente instruidas para de-sahogar los peores complejos de sus representados. Ahora resulta que cualquier comentario negativo que se haga sobre algo o alguien es considerado discriminación y fomento al racismo. Tenía que decirlo.

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