Columnistas

América Latina y el Caribe en 2012

Lo más inteligente es prepararse de manera activa para lo peor y esperar lo mejor

La Razón / Hasan Tuluy

01:19 / 17 de diciembre de 2011

América Latina y el Caribe comenzaron el 2011 en medio del  auge económico. Luego de recuperarse rápidamente tras la crisis mundial de 2008/2009, la región creció a tasas récord en 2010, llegando a niveles asiáticos del 8 y 10%. Creció tan rápido, de hecho, que a comienzos de año, algunos economistas temían un sobrecalentamiento, mayor apreciación cambiaria, demasiado crédito al consumo y presiones inflacionarias más elevadas.

A finales de año, sin embargo, mucho ha cambiado en el mundo con Europa y EEUU debilitados. De repente, la región ya no corre el riesgo de convertirse en una víctima de su propio éxito, sino en una víctima —una vez más— de errores sistémicos en el mundo industrializado.

Brasil, la potencia regional, ya está sintiendo el impacto de la crisis en la eurozona. Por primera vez desde 2009, su PIB dejó de crecer durante el tercer trimestre de este año. Más desconcertante,  China, una de las principales razones detrás de la recuperación de América Latina, pueda estar mostrando signos de desaceleración.

Si bien aún no está del todo claro cómo impactará la crisis de la eurozona a la región, estamos seguros de que (aun si no es drásticamente) se sentirá en la economía real: retracción crediticia, pérdidas comerciales y descenso en el precio de las materias primas.

Si bien América Latina aún se encuentra en una sólida posición macro y financiera, los avances sociales de la última década corren riesgo: 60 millones de personas dejaron de ser pobres y hubo avances claros en contra de la desigualdad. Hay que proteger estos logros. Soy optimista de que lo peor puede evitarse. Tengo la impresión de que los líderes regionales no están dispuestos a aceptar pasivamente los resultados de las penurias externas. Ellos saben que lo más inteligente es prepararse de manera activa para lo peor y esperar lo mejor, mientras influyen en la agenda internacional.

A nivel regional, están coordinando esfuerzos a través de Unasur. A nivel global, el desempeño ejemplar de la región en años recientes aumentó el peso político de su liderazgo en el escenario internacional. México dirige el Grupo de los 20 (G-20). Brasil, en tanto, ha dicho que estaría dispuesto a financiar parte de un fondo especial del FMI para asistir a países endeudados. Hace apenas diez años, Brasil y varios de sus vecinos solicitaron fondos del FMI.

Éste es otro mundo.

Internamente, algunos países planifican a futuro contrayendo líneas de crédito flexibles o manejando su política monetaria y tasas de interés para contar con un colchón adicional en caso de ser necesario. Otros llevan a cabo estímulos fiscales, como el paquete de $us 500 millones de Perú destinado a obras públicas locales y regionales, así como para financiar exportaciones no tradicionales.

La ventaja de este tipo de inversión radica en que no sólo ayudan a los países a sortear la incertidumbre, sino que crean las bases para la innovación y la productividad que luego les permitirá emerger más fuertes tras la crisis. Ya sea a través de inversiones en infraestructura o una mayor asignación de recursos para los más vulnerables, lo más importante es asegurarse que los mecanismos para la implementación de medidas contracíclicas estén listos.

Si bien se espera evitar otra recesión mundial, el hecho es que si ocurre, América Latina y el Caribe estarán mucho peor sin dichos preparativos.

La región comenzó en 2011 enfrentando sus propios desafíos en torno a cómo sostener tasas de crecimiento mayores al 5% a largo plazo. Estaba claro que para poder avanzar, los países debían acortar la brecha de productividad invirtiendo en infraestructura, innovación y capital humano mediante una educación y servicios de salud de mayor calidad.

Así pues, a medida que la región redirige su atención para centrarse en los peligros externos, podría descubrir que el curso de acción apropiado es bastante similar. Las políticas contracíclicas son en buena medida congruentes con las medidas a favor del crecimiento. Sin duda, algunos países pequeños, particularmente en el Caribe y América Central, no han experimentado el sólido crecimiento de sus vecinos, carecen de la misma capacidad para absorber impactos y les sería difícil encarar este tipo de inversiones.

Sin embargo, mientras la mayoría de los países de la región siga cosechando los frutos de un auge sin precedentes en el precio de las materias primas, probablemente continúen creciendo económicamente a la vez que se tornan más equitativos socialmente. Mientras el riesgo de cesación de pagos de deuda amenaza a otras regiones, sería bueno recordar que un buen conjunto de políticas, dirigidas por líderes visionarios, puede cambiar la historia.

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