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Aniversarios

Los aniversarios redondos adquieren una especial significación cuando se trata de hechos históricos

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Soria Galvarro

01:19 / 20 de octubre de 2014

Es bien sabido que los aniversarios redondos adquieren una especial significación particularmente cuando se trata de hechos históricos. El gobierno de Bautista Saavedra, por ejemplo, debido sobre todo a sus líos internos, hizo una celebración discreta de los primeros 100 años de la fundación de Bolivia, pero publicó un monumental libro que recuerda la fecha y que ahora es un orgullo de cualquier biblioteca pública o privada que lo contenga. Seguramente los coleccionistas pagarían una fortuna por poseer un ejemplar.

En 1975, bajo la dictadura fascista de Banzer se conmemoró el Sesquicentenario (150 años), y quienes resistíamos en la clandestinidad recordamos que una de las “hazañas” del régimen banzerista fue la detención de la poeta Alcira Cardona Torrico por haber publicado un periódico de Alasita con el nombre burlesco de Khesti Centenario (khesti en aymara significa sucio, podrido, maloliente). Recuerdo la valiente actitud de Antonio Paredes Candia, quien encabezó a los escritores que se constituyeron en la DOP y se declararon presos en solidaridad con Alcira. Por esos días circularon muy restringidamente unas carísimas monedas de oro, en las que se había acuñado a un lado la efigie de Bolívar, y en el otro... nada menos que la del propio Banzer. Para resistir tan atrevida comparación entre el Libertador y el dictador, el anónimo chiste popular inventó que la una era la cara y la otra el culo de la moneda.  

Resuenan todavía los ecos de la celebración del IV centenario de la fundación española de la ciudad de La Paz en 1948, que expresaba no solo el esplendor de la ciudad andina, sino su claro predominio político y económico ratificado por el traslado de la sede de gobierno, desde comienzos del siglo XX. En ese marco se terminó de construir el llamado Monoblock Central de la UMSA, durante muchos años el edificio más alto de toda Bolivia, hoy perdido en la selva de cemento que lo rodea por todos sus costados (nada me impresionó tanto que contemplar la ciudad y su majestuoso Illimani desde la azotea del Monoblock cuando vine a La Paz por primera vez en la adolescencia). También se hizo una edición especial del diario La Razón, propiedad del magnate minero Aramayo, que duró hasta el 9 de abril de 1952, y nada tiene que ver con el actual periódico La Razón, excepto el afán irrenunciable de intentar hacer un buen periodismo. Dicha edición, que seguramente subsiste en muchos gruesos empastes, refleja el pensamiento radicalmente criollo de la intelectualidad de entonces y el profundo desconocimiento y la exclusión del componente aymara de La Paz. Si no me equivoco, la única nota discordante es un ensayo sobre Bartolina Sisa, escrito por el historiador polaco-argentino Boleslao Lewin.

¿Qué es lo que se viene para 2025, bicentenario de la creación de Bolivia? Primero, una agenda cuya elaboración ha quedado inconclusa y que seguramente habrá que retomar ahora que está pasando el vendaval electoral. Segundo, la publicación de 200 libros bolivianos, previa una amplia consulta, a iniciativa de la Vicepresidencia. ¡Qué bien!

Me permito reflexionar en voz alta sobre otros dos temas muy poco tratados: Uno, la necesidad de una masiva elaboración de contenidos digitales sobre Bolivia, en lo cultural, político, económico, histórico, etc., para su incorporación en la web. En la era en que vivimos, los materiales impresos son insuficientes. Y dos, no somos una isla, los bicentenarios de los países vecinos son contemporáneos al nuestro, es necesario estrechar vínculos, especialmente con Perú y Argentina, estudiando, rescatando y difundiendo el pasado histórico común. Dos tareas gigantescas de todas y todos. 

Es periodista.

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