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Año Nuevo 3594

Un enfoque global de la historia de esta tierra muestra que tuvimos un pasado esplendoroso

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Montaño Durán

03:19 / 19 de junio de 2014

Los solsticios y equinoccios eran bien conocidos en tiempos precolombinos, por eso los edificios de Tiwanaku, por ejemplo, se hallaban perfectamente orientados respecto a los puntos cardinales, y en esas fechas solían realizarse festividades conmemorativas; por lo que el gobierno de Evo Morales ha dispuesto que cada 21 de junio se recuerde el Año Nuevo Andino Amazónico. Personalmente, soy partícipe de todo lo que contribuya a revalorizar nuestro pasado autóctono, porque en ese pasado remoto están las raíces de nuestra identidad como bolivianos, y porque a lo largo del trabajo investigativo aprendí a amar cada piedra, cada cerro, cada rito y cada tradición que me recuerde quién soy y de dónde vengo.

En todos los países del mundo, la historia ha sido utilizada como un factor motivador y unificador para las sociedades. Todo pueblo busca lo mejor de su pasado para recordarlo, enaltecerlo y como impulso para retomar su antiguo brillo. De esa manera, los grandes líderes de la historia buscaron en tiempos remotos a quién emular en grandeza, como en Europa hicieron Julio César con Alejandro Magno, Carlo Magno con Julio César, Napoleón con Carlo Magno y Hitler con Napoleón.

Si bien han habido casos en los que de manera inapropiada algunos gobiernos llegaron a falsear su historia llenándola de mitos con el fin de mostrar su antigüedad y estirpe, en el caso de Bolivia no hay necesidad de maquillar el pasado para sentirnos orgullosos de él. Lo único que tenemos que hacer es estudiar y enseñar la historia completa, desde la época precolombina hasta la actualidad, y no solo la última parte de la época republicana como normalmente se hace.

Un enfoque global de la historia de esta tierra hoy llamada Bolivia muestra que tuvimos un pasado esplendoroso. En tiempos en que en otras latitudes apenas alcanzaban organizaciones tribales, nuestros predecesores tuvieron la capacidad de construir no solo importantes metrópolis, sino hasta un verdadero imperio como fue el caso de Tiwanaku, la cultura de mayor duración en historia sudamericana, que alcanzó una pervivencia de más de 1.000 años como Estado, y de la cual debemos sentirnos verdaderamente orgullosos.

La datación radiocarbónica más antigua entre las culturas precolombinas Wankarani, Chiripa y Tiwanaku corresponde a esta última, cuya antigüedad como asentamiento aldeano se remonta al año 1580 antes de Cristo; sumando esa fecha a los 2.014 años de la era cristiana, resulta que estamos en nuestro año 3594.

De acuerdo con las investigaciones científicas llevadas adelante principalmente por Carlos Ponce Sanginés, Tiwanaku fue un imperio multiétnico y plurilingüe que alcanzó una extensión de 600.000 kilómetros cuadrados llegando a ocupar parte de lo que ahora es Perú, el norte de Chile, el noroeste argentino y buena parte de Bolivia, habiéndose encontrado sitios tiwanacotas en lugares tan alejados del altiplano como los departamentos de Tarija y Santa Cruz. El imperio de Tiwanaku llegó a su final en 1187 a causa de una sequía seguida de una guerra civil y se descompuso en sus partes dando paso a los señoríos regionales de habla aymara, los que a partir de 1438 fueron conquistados por el Estado Inca, el que a su vez buscó reeditar al imperio tiwanacota que lo había precedido.

La revalorización de nuestro pasado precolombino es una de las tareas más importantes de todo gobierno, por el hecho de que el recuerdo de lo que nuestros antepasados lograron construir y los asombrosos avances sociales, políticos, económicos, artísticos y tecnológicos que alcanzaron nos devuelve la autoestima como pueblo. Los bolivianos no somos menos que nadie. Fuimos grandes, verdaderamente grandes, y podemos volver a serlo.

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