Columnistas

Año nuevo o nuevo ciclo

Cuando queremos desear un próspero año, depende de las convenciones y a qué nos referimos

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

01:48 / 27 de diciembre de 2014

El ser humano hace miles de años ha tratado de medir el tiempo y registrar acontecimientos, los cuales cambian en función de las diferentes culturas. Hace 5.000 años, los egipcios y babilonios ya realizaban rituales para festejar el inicio y el fin de un nuevo ciclo. Los pueblos agricultores relacionaban el comienzo del ciclo con el equinoccio de primavera; es decir, con los movimientos de la Tierra alrededor del Sol, que señalaban la sucesión de las distintas estaciones y los momentos propicios para la siembra y la cosecha. En el Norte, el comienzo del año astronómico —o natural—continúa siendo el equinoccio de primavera, entre el 20 y el 21 de marzo.

Dicen que fue Roma, en el año 47 antes de nuestra era, que estableció el 1 de enero como el inicio del nuevo calendario juliano, puesto que antes celebraban el Año Nuevo en marzo. El papa Gregorio XIII en 1582 reemplazó el calendario juliano y mantuvo el 1 de enero como el inicio del calendario gregoriano. Esta convención se aplica hasta hoy, con excepción del pueblo judío, cuya cabeza de año empieza entre septiembre-octubre con la primera luna nueva de otoño; y del pueblo chino con un calendario “lunisolar”, en la segunda luna nueva posterior al solsticio de invierno, entre los meses de enero y febrero; del pueblo musulmán, que al adoptar un calendario lunar la fecha es variable, a veces entre noviembre y diciembre; y del calendario hindú, en octubre, cuando empieza el otoño.

En Bolivia, el 21 de junio en Tiwanaku se celebra la fiesta del Mara t'aqa o Año Nuevo Aymara, una rememoración del calendario prehispánico, que se efectúa en el tiempo de invierno (juyphipacha) que es el primer y más corto día del año para los aymaras. Era el cierre del tiempo de cosecha de los productos de la Pachamama y fin del ciclo agrícola. Aunque algunos dicen que es un invento reciente, desde 1970, también lo es la celebración católica, aunque en el caso andino expresa la mentalidad de un pueblo agricultor relacionado con los ciclos astronómicos o naturales, al igual que en los pueblos de los rubios del norte.

En el campo de la economía nos deseamos un feliz año fiscal, que en el caso de Sudamérica empieza el 1 de enero, así como en Alemania, China y Canadá. Sin embargo, en Estados Unidos, el año fiscal comprende los 12 meses entre el 1 de octubre de un año y el 30 de septiembre del siguiente. En Hong Kong, Japón y Singapur el inicio del año fiscal es el 1 abril. En Australia empieza el 1 de julio. Y es fácil hacerse un ch’enko con la diferencia de años fiscales.

También existe el concepto de año agrícola definido como: “El periodo de 18 meses que resulta de la adición de las siembras y cosechas que se llevan a cabo en los ciclos agrícolas otoño-­invierno y primavera-­verano y de las cosechas de productos perennes. Comprende octubre-­diciembre de un año, más el siguiente completo y los meses enero­-marzo del año subsecuente”. También se utilizan los términos de calendario agrícola o “período agrícola”.

Como se observa, cuando queremos desear un próspero año, depende de las convenciones y a qué nos referimos, y —en esta columna— quiero desearle a mi país un nuevo ciclo en un contexto externo muy desafiante, que nos dará la oportunidad de mostrar las fortalezas y debilidades del modelo económico.

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