Columnistas

Apaleados y humillados

No con razones, sino por medio de la divi-sión, del hambre y del cansancio se rindió a los marchistas.

La Razón / José Gramunt

00:00 / 15 de julio de 2012

Los auténticos campesinos originarios de tierras bajas,  que intentaron hablar con el Sr. Presidente tras venir 600 kilómetros a pie, fueron víctimas de la violencia policial, así como de las subsiguientes humillaciones a las que les sometió el actual gobierno de derecha. Pero el Sr. Presidente se negó a recibirlos y, menos, a escucharlos.

Con su estilo oratorio muy personal, el Sr. Vicepresidente —¡Ay dolor..!— tuvo la idea de endilgarles el siguiente sambenito: “Lo más triste fue que los marchistas han desprestigiado la marcha como método de lucha propio de los movimientos sociales”. ¿Qué quería el Vicepresidente, que dinamitaran torres de alta tensión y que se pasearan con el fusil debajo el poncho?

El mismo Vicepresidente, en un tono de sembrador de abrojos entre los marchistas, avergonzó a los dirigentes originarios porque se alojaban en hoteles, mientras sus bases sobrevivían en las calles y se veían obligados a pedir limosna para comer. Hombres, mujeres y niños instalaron sus frígidas carpas frente al mismísimo elegante edificio de la Vicepresidencia. No ofendieron a nadie. Su presencia era el patente testimonio de sus reclamos. Pero nadie de la Vicepresidencia tuvo el gesto humanitario de ofrecerles ni un mendrugo de pan ni una modesta ropa de abrigo.

Mientras esto ocurría, el propio Presidente regalaba algunos abalorios a los otros originarios a los que enfrentaba con sus hermanos. Así es fácil dividir a cualquier grupo del mismo origen. Evo Morales logró su propósito. El gobierno de derecha había rendido a los marchistas, no con razones sino por medio de la división interna del hambre y del cansancio. A la espera de la “previa consulta póstuma”,  lo que sigue está cantado: se construirá la discutida carretera, la maquinaria pesada, pagada a precio de oro, arrasará las tierras vírgenes. Como los caballos de Atila, hollarán sin remedio el Parque Nacional Isiboro Sécure.

Dando por resuelto el conflicto del TIPNIS, Linera pasó página e ingresó en las arenas movedizas de la corrupción. “Ni los mejores proyectos se libran de la corrupción”, declaró el Vicepresidente. Como si éste hecho deplorable justificara los negocios sucios de alguno que otro alto funcionario público y de sus cómplices. Cierto: hay corrupción en otras partes, pero más en unas que en otras. Y recuerde el ilustrado lector que, mal de muchos, consuelo de tontos.Además, en unas partes del mundo, los hechos delictivos se sancionan, una vez cumplidos los requisitos de ley. Mientras que en otras, quedan impunes. Éstos sí que causan graves daños económicos al Estado Plurinacional, socialista y comunitario.

Recapitulando. La conducta del Gobierno, en el caso de los originarios del TIPNIS, no es como para que el oficialismo se vanaglorie de haber pisoteado sin miramientos la dignidad de los indígenas. Y en cuanto a la corrupción, basta con echar una mirada a los titulares de los periódicos para enterarse de lo que pasa. Las plantas de separación de líquidos de Río Grande y del Gran Chaco, las barcazas chinas, y otros que escapan a mi memoria.

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