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Aprendizaje del aymara

El fin de los cursos debería ser que los funcionarios cambien su forma de pensar respecto a quienes sirven

La Razón (Edición Impresa) / Justino Peralta Espinoza

03:56 / 23 de octubre de 2015

Ha concluido el plazo que manda la Constitución Política del Estado para que los servidores públicos aprendan a hablar dos idiomas oficiales del país (Art. 234, numeral 7). De acuerdo con datos estadísticos, hasta junio de 2015 cerca de 30.000 funcionarios se han capacitado en diversas lenguas oficiales del país. Al respecto no sobra recordar que, según reza el adagio popular de las gramáticas, el aprendizaje de una lengua se logra mejor en el propio terreno; sin embargo, lo hecho hasta ahora es plausible hasta cierto punto, porque, por ejemplo, aprender por aprender el aymara no tiene efectos positivos en las personas, si antes no se aprende primero la cultura detrás de este idioma.

Ya el artículo 3, inciso a, de la Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas indica que un principio que rige dicha norma es el de “desmontar las estructuras mentales de dominación producto del colonialismo lingüístico y cultural”. Esto significa que el aprendizaje de una lengua debe estar vinculado a su cultura, en otras palabras, a las prácticas sociales de la población que forma parte de ese mundo lingüístico.

En este sentido, pienso que este es un buen momento para que los servidores públicos de La Paz tengan un acercamiento al mundo aymara, relacionándose con los individuos que componen esta cultura, e intentando comprender su cosmovisión mediante su lengua, que es lo que da sentido y significado a la realidad. En otras palabras, hay que animarse a dar un paso adicional encaminado a desmontar la mentalidad colonial de nuestros servidores públicos, quienes conviven con prejuicios, creencias, valores e ideas que hasta el presente no se “contaminan” con todo lo que se produce en el mundo aymara.

Además, esta primera experiencia por intentar aprender el idioma aymara debería constituirse en un acto político, orientado a cambiar la actitud de los servidores públicos, porque de nada sirve que una persona aprenda a hablar un idioma ajeno pero que siga conservando una mentalidad de “jerarca racista”. El fondo de los cursos de aymara debería ser que los servidores públicos cambien su forma de pensar respecto a quienes están sirviendo desde sus puestos de trabajo, de tal manera que respeten a los indígenas y tengan en cuenta que muchos de ellos han sido sujetos del proceso de cambio que vivimos, ofrendando su vida, sangre y sudor; además siguen trabajando desde sus comunidades en favor del país, y que son ellos los que recurren a las oficinas de la administración pública.

Como se puede observar, no se trata solamente de aprender a hablar una lengua más, sino de que todos los servidores públicos reflexionen y hagan un trabajo interno para cambiar y así poder entablar relaciones horizontales con cada uno de los ciudadanos indígenas, comenzando por saludarlos en su propio idioma.

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