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Apunte necesario…

El Estado Plurinacio-nal no es antipatriar-cal, algo demostrado flagrantemente, esta vez, desde el Ejecutivo.

La Razón / Elizabeth Peredo

00:00 / 09 de marzo de 2012

Hace un par de semanas, las coplas carnavaleras del Gobierno abrieron por un breve instante la posibilidad de un debate y reflexión desde la cultura y la subjetividad sobre las relaciones de género en el Estado Plurinacional que busca definirse descolonizado y antipatriarcal, analizar con más sinceridad las lógicas del poder vinculando el género, la cultura y la política, entre otras posibilidades. Pero como suele suceder con muchas cosas importantes, el hecho empieza a olvidarse y quedar en el anecdotario junto con el inicio de la cuaresma.

No faltaron respuestas a las reacciones y análisis en torno a las coplas. Una de ellas expresa quizá sin percibirlo una reacción riesgosamente simplista: para el autor, “las críticas encubren el racismo de las mujeres blancas”, quienes “estaban bien cuando escribían sobre las causas generosas de la dignidad humana”, pero que esta vez hablan demasiado expresando en sus críticas su condición de clase y que esto ha servido para “visibilizar el racismo en su disfraz de feminismo”.

La opinión del articulista se centra en poner en primer lugar el origen social de las críticas antes que los argumentos vertidos por quienes reaccionamos a las coplas, intentando reflexionar sobre su trasfondo político y social y se dedica a exaltar los racismos-polarización que en su versión extrema ha paralizado el país hace algunos años, para evitar entrar a la discusión de fondo: el Estado Plurinacional no es antipatriarcal, algo demostrado flagrantemente, esta vez, desde el Ejecutivo (no poca cosa).

La construcción de las ideologías de dominación se basan en naturalizar las inequidades e injusticias, verlas como normales y hasta jocosas; es el Estado el que opera para que estas ideologías y valores sustenten las relaciones sociales de género, clase, etnicidad, etc. Por tanto, lo sucedido deja pendiente el análisis sobre un tema de fondo en el caso boliviano.

¿Por qué deberíamos contentarnos con acabar el debate apelando a las cuestiones raciales y de clase? ¿No es una expresión de temor a reconocer los errores el utilizar argumentos como: “en el fondo dices eso porque tu mamá…”? Es decir, ¿es más importante el apellido de las opiniones que su contenido? ¿A que le viene el “racismo”? ¿Es una sugerencia de que somos críticas a las coplas del Ejecutivo porque son populares? ¿No hemos escuchado las coplas carnavaleras de los valles bolivianos que son un picante diálogo intergénero de ida y vuelta? Las coplas populares tienen la característica de que dan lugar a la réplica picaresca de hombres y mujeres; no son un soliloquio masculino donde las mujeres se atacan a sí mismas.

 ¿Qué de racista tiene reivindicar el derecho a la réplica en las coplas populares? ¿Dónde está el racismo en reclamar el respeto a la dignidad de las ministras? ¿Estamos pensando que el ‘no-racismo’ es aceptar condescendientemente el machismo en su disfraz de ‘popular’?

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