Columnistas

¿Armas químicas en Bolivia?

Las semillas transgénicas han sido inoculadas con bacterias, virus y el mortal veneno glifosato

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

03:15 / 24 de abril de 2015

Es alarmante ver cómo el gobierno del presidente Evo Morales, después de haber sobrevivido las mil formas del intervencionismo estadounidense y haber defendido la soberanía de Bolivia, hoy se entrega a las fauces de ese imperialismo, a través del uso de los transgénicos de Monsanto.  Los “expertos” pagados para engañar sobre los transgénicos sugieren que éstos implican la simple y natural ingeniería genética entre semillas a fin de mejorar la productividad. Sin embargo, ocultan que su producción también incluye la inoculación del grano con bacterias, virus y el mortal veneno conocido como glifosato, agente activo del funesto Agente Naranja, el arma química de Estados Unidos creada por Monsanto y usada en los ataques contra Vietnam, con los cuales se destruyó la vegetación que protegía y alimentaba a los campesinos, y de paso causó cientos de miles de personas muertas y medio millón de niños que nacieron con malformaciones.

Bolivia debe recordar ahora que esas armas químicas fueron rebautizadas para esconder la presencia del glifosato, y así ser utilizadas en la agricultura, con el propósito de eliminar la maleza (y toda la diversidad botánica), excepto la semilla resistente transgénica, previamente inoculada con el veneno. Posteriormente, esa semilla fue manipulada nuevamente, inculcándole la peculiaridad de poder matar incluso a los gusanos y a todo insecto que intente comérsela. Se creó una monstruosidad resistente a todas las plagas, por contener esas mismas plagas.

El pueblo boliviano está siendo engañado, pues desconoce el daño que está sufriendo, solo por aumentar la productividad de una oligarquía extranjera que hace rato está matando la tierra cruceña y boliviana, envenenando no solo los granos, sino también la carne, el aceite, la leche, el agua y hasta el aire, además de muchos otros alimentos que contienen productos transgénicos. Mientras la comunidad europea ha decidido prohibirlos, al igual que varios países del Asia y África, los cultivos transgénicos aumentan en Santa Cruz, así como en Brasil y Argentina: territorios de Monsanto.

Considerando que esas semillas son patentadas, que el productor no puede obtener de su cosecha semilla para resembrarla, y que el glifosato mata toda la diversidad que la naturaleza le dio a los pueblos, el uso de transgénicos es una de las expresiones más impunes del imperialismo, que extiende su dominio y destrucción sobre otros pueblos. El 21 de abril de 2015, el Ejecutivo dio inicio a una cumbre agropecuaria para debatir el pedido de los capitalistas agropecuarios de Santa Cruz de expandir el actual uso de transgénicos en la soya al maíz y a la caña de azúcar, además de ampliar la frontera agrícola. El mundo ambientalista debiera alarmarse con esta cumbre, que puede legitimar y expandir el uso de los transgénicos.

A su vez, el Gobierno debería reconocer el daño que ha causado al haber cedido a las exigencias del capitalismo internacional que opera desde las organizaciones agropecuarias cruceñas en el uso de transgénicos, en un Estado Plurinacional que supuestamente se había liberado de la influencia de las multinacionales.

El pueblo boliviano tendría que tomar conciencia de que las semillas de Monsanto son en realidad un veneno que mata lentamente, sin permitir que se conozcan los daños que provoca ni se conecten sus efectos con la proliferación de enfermedades alérgicas, del sistema digestivo, inmunológico y la proliferación del cáncer, entre otras enfermedades. Esto es tan grave que las organizaciones sociales deberían marchar sobre La Paz y Santa Cruz para exigir un verdadero respeto a la vida y a la Madre Tierra. 

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