Columnistas

Arquitectura de la complementariedad

Los ‘cholets’ son un ejemplo de la conjunción entre el pragmatismo occidental y la reciprocidad andina.

La Razón (Edición Impresa) / Boris Bernal Mansilla

02:35 / 11 de febrero de 2015

Las culturas varían, innovan, crean, según contextos y circunstancias, de acuerdo con ciertos arquetipos y/o modelos mentales previos. Las culturas no solo incluyen lo que les ofrece el entorno, sino que además lo metabolizan según las reglas de su propia sintaxis.

Los “cholets” constituyen un ejemplo de la complementariedad entre el pragmatismo capitalista occidental y la reciprocidad andina. En medio del caos positivo de El Alto, estos coloridos edificios sobresalen por su volumen y altura. Desde 2006, tras la toma del poder de Evo Morales (primer gobernante indígena) y el ascenso de la economía boliviana, surgen estas construcciones.

Freddy Mamani Silvestre, quien ha construido hasta la fecha más de 150 edificios con estas características, se erige como uno de los principales promotores de esta nueva arquitectura andina. “Los tonos brillantes de verde y amarillo que empleo son los colores que representan la prosperidad y la esperanza”, afirma.

Estas edificaciones no son solamente casas para vivir. La planta baja es un salón lujoso de fiestas, en los pisos superiores hay departamentos o galerías comerciales y en la terraza se erige un chalet que sirve de vivienda para los propietarios. De allí el nombre de “cholets”.

Cabe resaltar que Mamani Silvestre pide por respeto no llamar “cholets” a la arquitectura andina: “Siento que algunos se refieren de forma despectiva. El diseño se hace en la ciudad de El Alto, que tiene raíces culturales andinas. Entonces, no podemos llamar ‘cholets’, ‘choletito’, ‘coetillo’ y no sé qué otros denominativos más dan. Como precursor del diseño, que tiene su propia identidad, el estilo se llama Arquitectura Andina de Bolivia, que surge en la ciudad de El Alto”, declara.

Este nuevo estilo de arquitectura ha llamado la atención de propios y extraños (empresarios, turistas, investigadores, cineastas, antropólogos, sociólogos, etc.). Es así que en junio de 2013, a iniciativa de la agencia de viajes Gastón Sacaze, se creó la primera ruta turística de la arquitectura chola en La Paz y El Alto. En febrero de 2014, la italiana Elisabetta Andreoli publicó el libro La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre, texto que promovió una escalada de documentales y un sinfín de publicaciones nacionales e internacionales.

Con estos antecedentes cabe analizar este fenómeno desde una perspectiva ontológica. Hablando en términos filosóficos, los aymaras atraviesan diferentes niveles de la realidad, se equiparan como semejantes e interconectados a espacios como el campo (la chacra) y la ciudad (el khatu). En ese sentido, “El cholet” es incluido en redes de relaciones y de comunicación con la gran familia cosmobiológica andina, en una relación que no es capitalista, ya que no es occidental patriarcal monoteísta, es animista: no conoce la separación sujeto/objeto. Todo tiene vida.

La casa (uta en aymara) no puede estar estática o muerta, tiene vida, debe bailar, moverse entre la comunidad, servir a los suyos, generando interés y acumulación de capital para toda comunidad.  Pues el capitalismo se basa en el postulado patriarcal de la escasez y la deuda; y la reciprocidad, en el postulado matriarcal de la abundancia y la variedad de lo necesario; generando un tercer incluido: compartir la abundancia del capital.

 

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