Columnistas

Arquitectura y delirio

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:04 / 01 de agosto de 2017

El fenómeno de los llamados cholets o arquitectura cohetillo es motivo de crónicas, paseos turísticos, debates y de una visibilidad inusual en los medios internacionales. Por el jaleo que despierta, revuelvo el avispero con algunas sentencias.

En primer lugar, este movimiento no empezó ahora ni tampoco es de un solo autor. Tuvo un largo proceso de gestación que empezó en zonas populares y comerciales de esta ciudad allá por los años 60 del siglo pasado. Tímidamente, las construcciones en altura de una emergente burguesía comercial del intercambio decoraba sus fachadas con azulejos y colores que vestían a una lógica funcional: pisos comerciales en planta baja y de vivienda o depósitos en los últimos pisos. Con el advenimiento de los regímenes militares, y posteriores gobiernos neoliberales, el proceso de acumulación de capital de esas clases marginales se extrapoló a límites inimaginables. La plusvalía del suelo urbano engordó en esas zonas populares como Chijini o la Ceja, entre otras, levantando edificios comerciales cada vez más grandes y desvergonzados. Ese poder económico se emparentó siempre con el poder cultural de las expresiones folklóricas como el Gran Poder. Se empoderó entonces una nueva burguesía popular, inédita y potente, con sus propios ritos y protocolos. Dicho en términos políticos, una nueva clase paceña comenzaba a desplazar a las clases tradicionales en un proceso acelerado de movilidad social. La suma del poder cultural y el económico necesitaba del poder político. Éste fue consumado hace pocos años y sin necesidad de conjugar ideologías. Así, se terminó de consolidar el trípode economía-cultura-política que sustenta cualquier expresión artística.

Y fueron muchos los autores de las construcciones en ese largo proceso como el difunto padre Obermaier, quien intuyó la fuerza del estilo Alasita y construyó decenas de iglesias para cambiar El Alto. Resultado: portada del suplemento cultural del New York Times en 2005. Pero el proceso continuó, y ahora el autor más reconocido es Mamani Silvestre, quien da conferencias por todo el planeta y es publicado en diversas revistas especializadas y periódicos del mundo como ningún otro arquitecto en nuestra historia. Y hay cuerda para rato. El delirio sigue y nuevas formas y autores aparecen como zombies: Transformers, Opusprime, onda Katanas o un pseudo Mondrian.

Apartando de la discusión los gustos o disgustos estéticos, o si es o no arquitectura, saltan preguntas: ¿soportaremos en este siglo delirios arquitectónicos y comportamientos exacerbados urbanos de todo tipo? ¿Será ésta la exultante carnalidad arquitectónica que nos represente en el siglo XXI?

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