Columnistas

Arreglen entre ustedes nomás

El Gobierno ha lanzado un concepto verdaderamente inédito: la Consulta Posterior

La Razón / Rubén vargas

00:00 / 05 de febrero de 2012

Hay que ser optimistas. No hay que lamentarse todo el tiempo. La profunda crisis que vive el Gobierno puede convertirse en una oportunidad. Por ejemplo, puede servir para un avance substancia de la ciencia política en Bolivia. La crisis brinda a los estudiosos un magnífico desafío de desarrollo conceptual.

El primer desafío se relaciona con el novísimo estilo de gobernar estrenado por el presidente Morales a propósito de la marcha del Consejo Indígena del Sur (Conisur) que llegó a La Paz con más pena que gloria. Reunido con su dirigencia en el Palacio de Gobierno, dijo como respuesta a su demanda —la construcción sí o sí de la carretera que parte en dos al TIPNIS— que ese problema no es ni del Ejecutivo ni del Legislativo sino de las dirigencias de los indígenas. Así que arreglen entre ustedes nomás. El desafío para los científicos de la política consiste en pensar cómo así el primer Mandatario pasó de su estilo favorito (es decir, del “Mandar obedeciendo”), a la radical innovación de la temporada estival: “Arreglen entre ustedes nomás”. ¿Estaremos en los umbrales de un estilo de gobernar que deja en manos de los actores la solución de los problemas? ¿O será una forma de lavarse las manos ante sus bases cocaleras del Conisur? ¿Cómo será?

El segundo desafío es aún más arduo. Implica una complejísima revisión de los conceptos del derecho y aún de los mecanismos de la sana lógica. El Gobierno, también a propósito del asunto de la carretera por el TIPNIS, ha lanzado a la pasarela política veraniega un concepto verdaderamente inédito: la Consulta Posterior. Esta audaz innovación doctrinaria, legal y lógica viene a reemplazar el antiguo y ya demodé concepto consagrado por la Constitución: la Consulta Previa.

No soy yo el indicado para echar luces sobre este magnífico invento en torno al cual ha cerrado filas disciplinadamente todo el Gobierno: desde las primeros mandatarios hasta el último súbdito. Sin embargo, con ánimo constructivo, me animo a señalar un par de pistas.

La primera pista es de orden lógico. La Consulta Posterior es el tipo de proposición que encierra en sí misma una contradicción insalvable. Es decir que un término anula al otro. Si es consulta no puede ser posterior, y si es posterior ya no se trata de una consulta. La lógica aristotélica y la lógica hegeliana, la dialéctica materialista y la filosofía del lenguaje han sido enterradas de un solo plumazo por este atrevido constructo plurinacional. A la ciencia política boliviana le toca tramitar la patente.

La segunda pista no es de orden lógico, sino más bien de orden psicoanalítico. La formulo con mucha cautela, pero guiado por un auténtico afán patriótico. ¿No será que la fijación que el Gobierno tiene con la Consulta Posterior es el resultado del trauma que le dejó en el subconsciente el reculazo? Como se sabe, el reculazo es la táctica envolvente, pero en reversa, que utilizó el Gobierno para intentar enmendar el gasolinazo. Tienen la palabra Freud y Lacan.

En este asunto, sin embargo, hay preocupaciones más inmediatas. La Consulta Posterior ha sido asumida también con mucho entusiasmo por los dirigentes del Conisur. Estos señores, como ya lo ha hecho público su máximo dirigente, el señor Gumersindo Pradel, son amigos de resolver las contradicciones a flechazos. El temor es que agotadas las vías pacíficas, el señor Pradel y los suyos intenten imponer la Consulta Posterior a flechazos, con gravísimo riesgo, precisamente, para la humanidad posterior de quienes osen oponerse a sus propósitos. ¡Dios nos mantenga a buen recaudo!

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