Columnistas

Artistas, esos locos

El arte cumple una labor importante para la sociedad: genera reflexión y conocimiento

La Razón / Miguel Vargas

04:50 / 22 de enero de 2012

Es tan raro ser artista?”, me pregunté mientras tomaba un ponche en el cumpleaños de una directora de cine que hizo una pijamada. “¿Una pijamada? ¿No es de niñas?”, juzgaba minutos antes un encorbatado primo mío mientras me veía, con horror, entrar a un taxi con chanclas y pantalón de hospital. La fiesta era de adolescentes hablando de amores en bolsas de dormir. Era gente adulta, profesional, que —eso sí— se veía distendida y divertida: no faltó quien llegó con su oso de peluche, una manta o una almohada. Actores, poetas, directores, escritores, gestores, performers... era la acostumbrada fauna y flora artística de la ciudad de La Paz.

De forma espontánea, todos compartían impresiones de sus proyectos para el año. Si bien la crisis golpeó fuerte a las embajadas, principales mecenas en nuestro país, cada uno de esos individuos se las sigue ingeniando para seguir creando... Una productora estaba ahí casi haciendo hora hasta las 06.00, que tenía una reunión con un director, mientras la actriz del lado, que está con cuatro proyectos simultáneos, lo vería a las 08.00. “Un día aproveché para pasar por la oficina de mi mamá antes de un ensayo y una colega suya le dijo, con condescendencia: ‘No te preocupes, así son los artistas, siempre de un lado a otro’”, contó ella.

Es que mucha gente aún ve a los artistas con una molesta ternura misericorde que se reserva para ese “pobrecito” que no sabe hacer algo útil en la vida más que “rascar” su guitarra. Otros los ven con un franco desprecio por no tener oficio ni beneficio, transfiriéndose entonces la molesta ternura misericorde a su aparentemente poco afortunada familia.

Una artista visual contó que su hermana, bien intencionada, le trajo algunos objetos que halló por ahí “para que haga sus manualidades”. En momentos como ese en que uno se cansa de poner la sonrisa de “gracias, pero no entendiste”, debe defender su trabajo. Porque el arte cumple una labor muy importante para la sociedad: genera reflexión y conocimiento.

Eso de que “todos llevamos un artista dentro” es engañoso, pues el arte implica compromiso, trabajo, discurso y forma de vida. No es llenar con una actividad el tiempo libre; es consagrar de forma expresiva el cuerpo, el alma y diferentes medios y técnicas para formular conceptos capaces de golpear la sensibilidad y la razón. La creatividad con que un artista solucione detalles de su vida —como festejar en pijamas— podrá ser simpática, pero no resta seriedad a su labor: la capacidad de cuestionar al espectador y, así, construir una sociedad mejor. Por eso digo: gracias a Dios por los artistas, esos locos.

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