Columnistas

Arzáns volvió a Potosí

Bartolomé Arzáns volvió a hablar en su ciudad natal después de casi tres siglos de ausencia.

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

00:00 / 31 de marzo de 2013

Hace unos días, imaginé a Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela recorriendo la segunda Casa de la Moneda que fue inaugurada en 1773; 37 años después de que su alma cruzara la última frontera. Lo imaginé en este siglo, un 20 de marzo de 2013, recorriendo los grandes patios y las amplias salas de esa monumental construcción, única en América Latina, preguntándose qué diablos hace un mascarón en una casa dedicada a acuñar monedas. Lo imaginé apreciando la colección de platería, la de numismática, la de pintura virreinal y la de arte moderno. Quizá se haya hecho tomar una fotografía junto a la Virgen del cerro, como lo hicimos con Cergio Prudencio.

Lo imaginé satisfecho con su retorno. Con su retorno impreso. Lo vi sonreír durante la presentación de su libro Historia de la Villa Imperial de Potosí, una maravillosa y fantástica obra de más de un millón de palabras, seleccionadas, bien pensadas y mejor hilvanadas, por el mejor cronista de la Audiencia de Charcas, un escritor a la altura de Garcilaso de la Vega y Guamán Poma de Ayala, solamente por citar a dos de los grandes cronistas de nuestro antiguo territorio colonial. Tres tomos en edición facsimilar de la edición príncipe que se hizo en 1965, publicados ahora por la Fundación Cultural del Banco Central, en coedición con Plural.

Y es que Arzáns estuvo la mañana de la presentación de su obra con nosotros, pues sus palabras fueron las de los presentadores y su alma fue parte del alma mayor que se congregó en la Casa de la Moneda para rendirle homenaje. El Consejo en pleno de la Fundación Cultural del Banco Central, junto a Gustavo Blacut, vicepresidente del BCB, y autoridades de Potosí estuvieron en el acto.

Arzáns volvió a hablar en su ciudad natal después de casi tres siglos de ausencia, en los que su obra estuvo sobreviviendo a la indiferencia y al olvido. Hasta que dos investigadores, uno estadounidense, Lewis Hanke, y otro boliviano, Gunnar Mendoza, decidieron rescatarla de los archivos de la Universidad de Brown y, bajo el auspicio de esta casa superior, publicarla en México en 1965. La historia de la edición por sí sola constituye un ensayo de cómo se debe encarar un trabajo de esta naturaleza. Y esa historia en epístolas de ida y vuelta, la del boliviano en castellano y la del gringo en inglés, se encuentra en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Sucre, ciudad en la que también se presentó la obra de nuestro cronista mayor.

Tanto en Potosí como en Sucre hubo extraordinarios oradores y mi columna no alcanza para reflejar lo que se dijo de Arzáns y su obra; sin embargo, quiero destacar la presencia  y las palabras de don Néstor Taboada Terán, que fue quien desde la Fundación Cultural del BCB impulsó la publicación de esta obra imprescindible para conocer la vida en una ciudad en la que nació el capitalismo, y que en ese periodo fue tan importante y más grande que otras ciudades europeas. Don Néstor señaló que “Bartolomé Arzáns dedicó su Historia, que le costó una labor ininterrumpida de alrededor de 60 años, al entrañable Cerro Rico de Potosí, el celebérrimo Sumaj Orcko”.

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