Columnistas

Asesinatos ambientales

Es hora de denunciar la inmoralidad que entraña la cantaleta repetida de ‘quien contamina paga’.

La Razón (Edición Impresa) / Wolf Rolón Roth

00:36 / 07 de abril de 2014

Hace unos años, la empresa petrolera BP ocasionó un irreparable derramamiento de petróleo en el Golfo de México por el que tuvo que pagar 20 billones de dólares, suma importante pero intrascendente porque ningún dinero devuelve la vida. Semejante catástrofe ambiental resulta pequeña comparada con las tragedias ecológicas causadas por transnacionales en países en desarrollo con enormes costos ambientales y sociales.

Fue mucho más grave otro derramamiento en la región amazónica de Ecuador cuando la empresa Texaco operó en la zona entre 1964 y 1990. La basura tóxica del petróleo se infiltró en suelos y napas subterráneas y contaminó el agua de superficie matando muchos niños por el envenenamiento del medio ambiente. Aunque los indígenas ganen el proceso judicial abierto contra la empresa por 27 billones de dólares, el dinero no repondrá el daño por el vertido de 345 millones de galones de petróleo en un bosque tropical de gran biodiversidad.

En 1984, en la ciudad india de Bhopal, los gases venenosos de una fábrica de pesticidas de propiedad de la empresa Union Carbide afectaron a más de medio millón de personas, matando inmediatamente a 2.300 y a 30.000 posteriormente. La empresa pagó 490 millones de dólares en 1989.

En Nigeria, el delta del río Níger recibe anualmente mucho más petróleo que el derramado en el Golfo de México (ya van más de 1,5 millones de toneladas vertidas en el último medio siglo) a través de filtraciones de tuberías, estaciones de bombeo y plataformas de extracción de empresas como Shell, Exxon-Mobil y otras. También están dispuestas a pagar por este crimen para continuar sembrando muerte.  

Todo esto indica que ya es hora de denunciar la enorme inmoralidad que entraña la cantaleta repetida de “quien contamina paga” porque es la misma mentalidad que regía la compra de indulgencias a la Iglesia en el siglo XVII denunciada por Lutero. La contaminación es un crimen y, como todo asesinato, es irreversible.

Desde hace unos 30 años la región del Beni ha sido alterada por la deforestación permanente de la cuenca alta de sus caudalosos ríos. Siendo una enorme planicie de suelos arcillosos de deficiente infiltración y con ausencia casi total de relieve, se transforma durante la época de lluvias en un enorme represamiento natural. La destrucción del bosque de la zona alta incrementa peligrosamente el flujo de agua alterando el ecosistema. Pero aun sabiendo esto se cometió el crimen de promover asentamientos humanos en estos bosques a través del desarrollo alternativo promovido por Usaid; un asesinato ambiental cuyas consecuencias no fueron capaces de entender los “expertos” de entonces. Actualmente grandes intereses económicos impusieron la construcción de represas en el Brasil por encima de las recomendaciones de la licencia ambiental.

Ambas acciones fueron como abrir el grifo arriba y reducir la salida de agua abajo: la inundación rebasó todos los niveles históricos.

Todavía falta que las empresas que operan las represas acepten su responsabilidad y cuando esto se logre, paguen todos los años por esta alteración catastrófica. Pero aunque paguen, ya han afectado y destruido la vida y han cometido un asesinato a una reserva de agua del planeta, porque la región de los llanos de Moxos es uno de los más grandes sitios Ramsar del mundo.

Pese a la magnitud del daño y a lo mucho que se podría pedir en compensaciones que siempre serán mínimas, lo más probable es que no pase nada porque con la nación vecina, así como antes fue con la nación del norte, nuestra diplomacia y periodismo están doblegados.

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