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Atención integral para enfrentar el chagas

Estos factores hacen del chagas no solo una enfermedad silenciosa, sino también olvidadaç

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Contreras Orozco

06:01 / 16 de abril de 2016

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que entre 6 y 7 millones de personas de 21 países de América Latina están infectadas por el Trypanosoma cruzi, parásito que causa la enfermedad de chagas y que se transmite principalmente a través de un insecto, o vector, conocido en Bolivia con el nombre de “vinchuca”. La vinchuca se encuentra presente en aproximadamente el 60% del territorio boliviano.

Esta dolencia es considerada una enfermedad silenciosa, debido a que en pocas ocasiones la persona infectada presenta síntomas, por lo que no se diagnostica durante el periodo de infección reciente, y en el cual resulta más efectivo el tratamiento; sino que suele pasar desapercibido por la persona durante muchos años y solo se manifiesta cuando ya se ha desarrollado alteraciones cardiacas o digestivas. Se calcula que aproximadamente el 30% de las personas infectadas por este parásito desarrollarán alteraciones cardiacas; mientras que un 10% desarrollará alteraciones digestivas. Frecuentemente la persona muere sin saber la causa.

Médicos Sin Fronteras (MSF) implementó desde 1999 proyectos en varios países, iniciando actividades en Honduras, Nicaragua, Guatemala, México y desde 2002 en Bolivia. Hasta 2013 se atendieron cerca de 8.000 pacientes. A partir de finales de 2014 se decidió cambiar de estrategia con la apertura del proyecto de Monteagudo (Chuquisaca), donde se busca mejorar el acceso de la población a la atención de la enfermedad con el apoyo al Ministerio de Salud en la creación de un modelo replicable y que garantizara continuidad. Se decidió dejar de hacer atención directa y se cambió por apoyar al ministerio en un modelo que fuera replicable, sostenible, y bajo su liderazgo.

En el ámbito internacional se han logrado importantes avances en los últimos años, como la disminución de las infecciones mediante el control del vector. De igual forma se ha avanzado en Bolivia, con la disminución en el número de personas infectadas y de viviendas con presencia de vinchucas, de cerca del 55% en 1999 a una tasa de infestación del 2,1% en 2015. En 2006 se logró la aprobación de la Ley del Chagas en Bolivia, donde se declara de prioridad nacional. A pesar de que han pasado 10 años, continúa pendiente su reglamentación para que sea realmente efectiva.

Persisten muchos retos para lograr una atención integral de la enfermedad de chagas en Bolivia. De acuerdo con cifras del Programa Nacional de Chagas, la frecuencia de esta enfermedad entre las personas tamizadas (evaluadas) en 2015 en Bolivia fue del 33,3% (23.717 positivas de 71.162 personas evaluadas), mientras que solo el 9,7% fueron tratadas (2.317 personas). El acceso al diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad sigue siendo un problema nacional, que solo se podrá solucionar si se garantiza su implantación sistemática en las estructuras de atención primaria. A nivel de control vectorial también se presentan dificultades, debido a los recortes en el presupuesto que limitan el número de técnicos y voluntarios para fumigar las casas infectadas con la vinchuca; a lo que se suma la resistencia al insecticida del propio insecto que transmite el parásito de chagas.

El hecho de que el chagas sea una enfermedad olvidada asociada a la pobreza explica la falta de inversión por parte de los laboratorios internacionales en el desarrollo de tests rápidos para el diagnóstico y medicamentos adecuados para el manejo de la enfermedad. Actualmente solo existe un proveedor capaz de fabricar y exportar el medicamento principal, Benznidazol, a Bolivia, lo que tiene consecuencias en relación al coste del tratamiento por paciente, genera frecuentes problemas de abastecimiento y limita el acceso al tratamiento en varias de las zonas endémicas.

Por último están los pacientes con complicaciones de la enfermedad, ese 30-40% de los pacientes con problemas cardiacos o digestivos que asumen el elevado costo de su enfermedad. Todos estos retos hacen del chagas no solo una enfermedad silenciosa, sino también olvidada, para la que se necesita la inversión de más recursos que permitan una atención integral y simplificada, a un menor costo. 

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