Columnistas

Autoemboscadas

La Razón (Edición Impresa) / La H Parlante - Rafael Archondo

03:30 / 14 de marzo de 2016

En reciente entrevista dominical nocturna, y en ese hogar televisivo adornado siempre a su medida, el Vicepresidente del Estado dio rienda suelta a la autocrítica, que en su caso suele ser más bien una fuga hacia adelante. Tampoco ésta fue la excepción. Cada que admite un tropiezo, se afana por señalar lo pasajero del morete; y cada que su enemigo se devela como más astuto, se esmera en descargar culpas sobre otros hombros. Los vanidosos no pierden el donaire, aún si reciben polvo por bocado.

Apelando a las reglas clásicas del marketing, García Linera habló alguna vez de la ejecución prolija de una “estrategia envolvente” con la que habría sometido a la oposición beligerante de la llamada “media luna”. Fueron sus últimos destellos de destreza mental. Hoy, cuando los resultados del 21 de febrero ya no le cuadran, se desnuda como un mero conversador entusiasta, aunque ahora primorosamente “envuelto” en sus propios argumentos.

En aquella cita del antiperiodismo, donde la conductora se brinda a fabricarle memes para que sus palabras caminen lozanas por las redes sociales, y el coentrevistador se sonroja cada que tiene que confesar alguna discrepancia superficial con sus anfitriones, el Vicepresidente se prueba fértil organizándose emboscadas. Primero dice que en Bolivia no hay polarización, porque no existen dos proyectos confrontados de país, para de inmediato reconocer que Evo divide a los electores en dos bloques de idéntico tamaño. ¿Cómo resuelve este amarre? Diciendo que cuando los bolivianos juzgan la gestión de Morales, la aplauden, pero cuando se les consulta acerca de seguir siendo gobernados por el mismo hombre, su entusiasmo se marchita. Extraño pueblo éste que elogia la obra, pero desconfía del artífice.

La segunda encerrona vino junto a la explicación acerca de por qué fueron a un referéndum sabiendo que solo un 40% abrazaba la repostulación. Una vez más, el que suponíamos faro intelectual del cambio patina sobre su propio jabón. Relata que no fue Evo el que buscó la consulta, sino que ésta fue impuesta por los movimientos sociales. Y claro, como ellos son “orgánicos”, entonces no les quedó más que asentir. Cuán dóciles y obedientes los timoneles timoneados. Minutos después, García Linera retoma su malograda reflexión acerca de que las revoluciones son obra de los individuos y no de las instituciones, y saca a pasear la idea de que hay personas, como Evo, dotadas para canalizar los anhelos sociales. “Nunca van a poder ganarle”, sentencia. Peculiar esa encarnación metafísica, tan implacable con los enemigos y tan impotente con las fuerzas aliadas, resueltas a empujarlo a un traspié tras otro sin que él oponga resistencia.

El tercer moño llega cuando adelanta el modo en que el Gobierno ha decidido encarar la vacancia del caudillo. Admitida la derrota en el referéndum, la solución planteada es postergar todo debate hasta 2018. Otra vez, sin que sus admiradores lo inciten a ello, termina maniatado en sus ideas. El MAS concurre debilitado a la siguiente elección y el remedio consiste en “cerrar filas” y no hablar de candidatos hasta que el calendario electoral estrangule cualquier reemplazo eficiente. ¿Y entonces? Pues, seguramente cuando el partido de gobierno esté ante la obligación de registrar un candidato sobre el que se ha negado a debatir, no tendrá mejor idea que buscar la alteración desvergonzada de las decisiones populares y convocar a un referéndum rectificatorio de lo decidido este año. Raro partido éste que enfrenta su carencia de líder aplastando el debate sobre la nominación del sustituto.  

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