Columnistas

Autoestima a puntapiés

En el área rural del país, las canchas de fútbol son espacios de debate y de organización política

La Razón / Édgar Arandia

00:00 / 16 de junio de 2013

Los temas del fútbol no me apasionan, en cambio, me fascina escuchar y ver a las multitudes cómo se desplazan al estadio con sus banderas, gorritos, letreros, y otros artilugios para honrar a su equipo. En un rescoldo sadomasoquista que tenemos todos los seres humanos, se asientan mis observaciones al gozar con el sufrimiento cuando el equipo de sus amores recibe una rotunda tunda de su adversario, o cómo se alegran los del otro equipo cuando lo hacen y tratan de humillar a sus circunstanciales contendientes.

Esta suerte de grupos tribales se reúnen para cantar, insultar y vitorear a los jugadores de su equipo y de hacer todo lo contrario con los del otro. Estos reúnen todas las características de los circos romanos, por supuesto que muchas cosas han cambiado, ya no son cristianos echados al ruedo para que los emperadores embrutecidos por el saturnismo (enfermedad producida por el plomo de la cerámica en la que bebían el vino) se exalten hasta la locura, al ver los cuerpos descuartizados de sus adversarios.

De ahí viene el dicho: “Pan y circo para el pueblo“, porque las grandes multitudes han adquirido un poder de movilización que pueden hacer cambiar rumbos en la conducción de un Estado, como en la mal llamada “revolución árabe”, o en el caso nuestro, consolidarlo. Algunos miembros de la oposición estrellaron sus pelotas en el arco contrario, porque develaron que no tienen la más remota idea de la importancia que tienen los campos de fútbol para el mundo indígena, y que siempre estarán fuera de juego en tanto no corrijan sus tiros libres.

Sucede, pues, que los campeonatos del área rural que se llevan a cabo cada domingo, complementado con la feria e intercambio de productos agrícolas y de la ciudad, es el espacio que posibilita la comunicación interpersonal y comunal, desde matrimonios, reuniones sectoriales, sociales, asambleas, elección de autoridades y debates ideológicos. En los canchas de fútbol de las provincias de La Paz nació la Central Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, al mando de su constructor, Genaro Flores. Las grandes asambleas campesinas usaban estos campos deportivos, que no sólo sirven para agarrar a puntapiés a una esfera de cuero de un lugar a otro. En el área rural de Bolivia tiene otra función, es el campo de batalla político campesino-originario.

El programa del presidente Morales no construye canchas porque son bonitas con su césped trucho. En el fondo está construyendo espacios de debate y organización política. Si le preguntan dónde nacieron las primeras estructuras del MAS, les responderá que en los campeonatos de fútbol. Si le vuelven a preguntar en qué momento nació esa su pasión por el balompié, les responderá que en las reuniones que tenían lugar antes o después de los partidos en el Chapare.

Entonces queda claro que Bolivia está sembrada de espacios políticos, en los que los principales actores son los campesinos y vecinos de las poblaciones rurales y, de paso, como un plus deportivo, de aquí a una decena de años, o más, nuevos jugadores irrumpirán en las canchas, para deleite de Julio Peñaloza Bretel, experto en estos temas.

Entre mis compadres tengo uno que me dice (no falta gente realista a rajatabla): —¡Nunca seremos campeones mundiales, de ahí hay que partir! Otro agrega: —La estructura de la Liga es fatal ¡un nido de mafiosos! Otro más: —Azkargorta no es mago, es sólo un kaivo vivo. Debemos cambiar la estructura de la Liga y la Asociación, y planificar desde los 13 años para tener una generación lista.

Este deporte que, hay que reconocerlo, es bello por sus desplazamientos y estrategias, ha sido instrumentalizado como el circo romano, porque seduce a las multitudes que asumen su catarsis semanal vociferando en las canchas y saliendo tristes o felices, pero nunca callados.

En fin, el fútbol es como la política, todos opinan y solucionan los problemas: pero esta disciplina debe ser integral y se debe tomar en cuenta desde el deporte base: el atletismo, junto con una adecuada alimentación, como hicieron en Ecuador y Venezuela; y tal vez así, en el próximo siglo, lleguemos a estar entre los 20 mejores.

Es artista y antropólogo.

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