Columnistas

Ayata, paraíso paceño

Una espesa niebla cubre la carretera que luego ingresa a un hermoso valle escondido.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Iturry

00:00 / 13 de diciembre de 2015

Cada 8 de diciembre se celebra la festividad de la Virgen Inmaculada Concepción en el municipio paceño de Ayata, provincia Muñecas. Un lugar paradisíaco, situado en un valle privilegiado, rodeado de comunidades indígenas que cultivan cereales de diversa variedad.

La conmemoración reúne a centenares de visitantes y genera un movimiento económico que sin duda alguna beneficia a los lugareños y promueve cada año que pasa un mayor interés por conocer sus recovecos.

Este año la festividad comenzó el sábado 5 de diciembre con la llegada de los fieles peregrinos a la parroquia San Lorenzo de Ayata, y prosiguió con una entrada folklórica, cuyas fraternidades en su mayoría están conformadas por los ayateños que residen en la ciudad de La Paz. Ahí, gallardos y orgullosos de sus raíces, mostraron su colorido y destreza danzarina, motivados por la fe y devoción que tiene cada uno de ellos a la patrona del lugar.

El tiempo de viaje es de ocho horas desde la ciudad de La Paz. En el recorrido se observa el paisaje altiplánico a orillas del lago Titicaca, y casi llegando, el panorama cambia como por arte de magia, ya que una espesa niebla cubre la carretera para  luego ingresar a un hermoso valle escondido.

Esa sensación de reencontrarse con la vegetación, con lo tradicional y lo costumbrista paga con creces el esfuerzo que uno hace para decir “presente” en la fiesta.

Lo lamentable del viaje es el servicio de transporte interprovincial, de muy mala calidad. En el recorrido los agentes de las trancas no revisan ni controlan nada, tanto en el ingreso como a la salida.

El pasajero tiene que lidiar con la decisión unilateral del chofer de cumplir o no con lo que dicta la Ley 165, promulgada en agosto de 2011. La Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT) brilla por su ausencia en dichas carreteras, como si ocho horas bastaran para abandonar toda norma de tránsito; una ausencia que no debiera ser ignorada por las autoridades policiales ni del Ministerio de Culturas y Turismo, pues se está perdiendo una gran oportunidad para afianzar el turismo interno y externo del departamento.

En casi todos los buses el pasajero “central” es frecuente, es decir, el que por necesidad acepta ir como “animalito doméstico” en el pasillo, pese a la incomodidad e inseguridad que esto implica.

Pero al final, los sacrificios y las penurias del mal viaje perecen en el viajero, ya que llegando al lugar uno se encuentra con los fraternos principales de la solemnidad, los Morenos Inmaculada Concepción en Pífano, quienes al compás del ritmo de la flauta autóctona manifiestan su hermandad, alegría y devoción a lo que ellos llaman la fiesta grande de su querido pueblo.

Es coordinador de edición digital La Razón.

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