Columnistas

Babeando con la democracia

La mentalidad política oligárquica  y patronal tiene nuevas cartas recolonizadoras

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:51 / 05 de diciembre de 2015

En estos últimos tiempos escuchamos levantar la voz de la derecha política y colonial en varios países. En Bolivia dicen ya “es nuestro turno”, aunque solapadamente lo llaman “alternancia política”, que no es otra que “ahora a mí me toca”. Lo más importante es que la política sigue siendo percibida como de su propiedad o como un bien que han perdido y tienen que recuperarlo como sea. El reciente triunfo político de Mauricio Macri en la Argentina; las venideras elecciones legislativas del 6 de diciembre en Venezuela y la posible derrota del chavismo; la consulta en febrero del próximo año para una posible repostulación de Evo Morales o las arremetidas en contra de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, son algunos ejemplos de esta “levantada”, que nos lleva a constatar que la mentalidad política oligárquica y patronal tiene nuevas cartas recolonizadoras. A toda costa quieren recuperar los espacios políticos y el privilegio social perdido.

Sabemos que la democracia que quieren recuperar y fortalecer no es más que la democracia occidental liberal, o una burda imitación de aquella que fue impuesta por el sistema capitalista mundial desde hace muchos años. Sabemos, a pesar de la constatación histórica, que ese liberalismo político puede ser útil mientras avancemos hacia otras formas de representación política nacidas desde abajo, desde el pueblo o desde la raíz profunda de los pueblos ancestrales, e incluso desde las diásporas de los pueblos afro de nuestro gran continente de Abya Yala o América. Sabemos de las grandes limitaciones de la democracia liberal, pero a la vez es necesario jugar en su cancha, en casa ajena, soñando y construyendo otras formas de gobierno e incluso de Estado. Es preciso preguntarnos permanentemente  ¿hasta dónde podemos llegar con la democracia liberal occidental? ¿Cuánto podemos descolonizar en la democracia occidental? ¿Cómo el triunfo de las mayorías nacionales puede también convertirse en una verdadera trampa? Está claro que la democracia del voto, de las urnas, no nos garantiza avanzar realmente hacia procesos descolonizadores de largo alcance. Esa democracia, a pesar de sus avances, se va convirtiendo de parches, porque permite que se levanten las viejas oligarquías que aún piensan en el retorno de las ideas neoliberales y neocoloniales.

Los procesos políticos populares han permitido avanzar y seguirán permitiendo abrir aún más la democracia formal, y si bien es muy posible que no logren reventarla, al menos empoderan al pueblo. En el caso boliviano cabe preguntarse: ¿cuánto hemos avanzado en la construcción del Estado Plurinacional? Parece que poco, por las contradicciones coloniales, por la profundidad de la larga dominación. Pero ante ese poco avance, ¿cuánto daño causarían si retornan los q’aras y mistis de la política de siempre? No queda más que prepararnos para impedir la recolonización.

Veo con mucha preocupación la bronca de los antiguos aliados del Presidente, una gran mayoría q’aras, pero también indios. Posiblemente cuando lo apoyaban veían a Evo Morales como el “indiecito rebelde, pero manejable a la larga”; no obstante, cuando ese indio se empoderó y dejó de ser “manejable”, reflotó toda la bronca colonial y racial, porque ya es una amenaza total, porque temen ser sustituidos o derrotados definitivamente. Por eso tanta rabia, tanta adjetivación falsa y de corte racial, hasta considerarlo como un dictador.  Wali lup’iñasawa, amuykipañawa, kunjamasa sarnaqawisaxa. Sumakiti thakhisaxa sarantayasktana. ¿Janicha ukhama?

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