Columnistas

Balance y perspectivas

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:00 / 10 de noviembre de 2017

Cien años después, la revolución Rusa todavía sigue despertando encendidos debates. Y más allá de la historia (en cuya interpretación nunca nos pondremos de acuerdo), en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional debatieron la semana que termina maoístas, estalinistas y trotskistas. Mostrando profundos desencuentros del pasado, todos ellos confluyen en la defensa del proceso de cambio que hoy se vive. En resumen, el pasado desune, pero no la visión de futuro. Quizá ahí estuvo la gran virtud de Evo Morales: juntar lo que parecía imposible. La unidad de la casi totalidad de la izquierda boliviana ha sido el gran soporte del gobierno más largo de la historia de Bolivia.

Ahora, en el debate mismo creo que hay que señalar no solo las virtudes de esa revolución que mostró que las utopías podían convertirse en realidad, sino también los errores. Comencemos con algo señalado por Horacio Tuercas: en ninguna parte de los escritos de los clásicos del marxismo, incluyendo a Lenin y a Trotsky, se anunciaba que debería haber un partido único que dirija los destinos del Estado. Fue un gran error, como lo fue el suprimir la propia discusión al interior del bolchevismo con la absurda acusación de que los opositores eran agentes del enemigo. Así se logró llenar las cárceles y cambiar el rumbo del pensamiento de no pocos militantes, miedo de por medio. Miles de leales revolucionarios (muchos más que durante el zarismo) fueron a parar a Siberia, y muchos fueron fusilados en el Proceso de Moscú después de ser obligados a firmar escandalosas autoinculpaciones.

Para 1938, del viejo Comité Central que tomó el poder en ese célebre octubre del que festejamos 100 años solo quedaban vivos Stalin y Trotsky. Este último sería asesinado el 21 de agosto de 1940 por Ramón Mercader, un agente del Gobierno soviético. Esa falta de democracia comenzaría con la eliminación de los eseristas y de los anarquistas, cuyo apoyo fue determinante para el triunfo de octubre. Y eso condujo a que la revolución degenerara en dictadura, y no precisamente del proletariado, sino sobre él y sobre el propio partido.

Menudearon pues las arbitrariedades y se impuso la burocracia. Aun así, la URSS tuvo la fuerza suficiente para vencer al fascismo. Es conocida la determinación de muchos trotskistas presos en Siberia de ir a luchar en primera línea del frente para defender las conquistas de octubre, particularmente la estatización de los medios de producción. Pero no toda colectivización fue buena. La de la tierra produjo tal hambruna que Lenin llegaría a decirles a los campesinos: enriqueceos, volviendo a la propiedad privada.

Hoy se ha aprendido de esos yerros y se celebra la primera revolución del siglo XX con una mirada democrática y más equilibrada de hacia dónde debemos ir para construir el socialismo.

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