Columnistas

Bandolera presumida

La cartera en las mujeres es una forma de reforzar su identidad. (Jean-Claude Kaufmann)

La Razón / Alejandro F. Mercado

01:51 / 30 de marzo de 2013

Mi nombre es Nikia y no soy una bandolera cualquiera, soy una Kipling legítima. Mi color es una especie de gris azulado y llevo colgada una muñequita de Hello Kitty, reflejando así la personalidad de mi dueña, una joven estudiante con ambiciones. Siempre ando cargada de cosas, ya que voy a todas partes siempre llevando lo mismo. Parece un arte de magia como es que mi dueña me pone cada vez más cosas y muy pocas veces saca alguna, pero las cosas siguen y siguen entrando.

¿Qué es lo que llevo? Eso es un completo misterio, pero si buscan encontrarán de todo. Está la tablet, el celular, el flash memory, el infaltable espejo, una crema hidratante, una crema de protección solar, un perfume, la billetera, una agenda, un paquete de Klenex, facturas, anotaciones en papelitos, las malditas llaves (que siempre están en mi interior pero nunca las encuentran) y muchas cosas más. Cuando alguien intenta ver mi contenido, mi dueña salta como un león para evitarlo, no sé por qué lo hace, ya que, para ser sincera, ni ella sabe lo que guardo dentro.

El otro día me llevaron a una conferencia donde conocí una amiga. Era propiedad de una estudiante de izquierda. Estaba hecha de cuero, adornada con una especie de cintas de tela de aguayo y un parche del canalla, para usar la expresión de Nicolás Márquez. Ella, al igual que todas nosotras, lleva de todo y, ciertamente, tampoco su dueña sabe qué es lo que transporta y qué sentido tiene cargar con tantas cosas.

Cuando volvemos a casa, en ciertas ocasiones me colocan junto a mi mamá, que es una lujosa cartera Prada, rígida y lustrosa. Tiene una hebilla donde va marcado su nombre y una empuñadura muy hermosa. De vez en cuando me llevan a visitar a doña escarcela, mi querida abuela. La doña, hecha del cuero de alguna infortunada víbora, siempre está holgada y relajada, porque lo único que lleva es un pequeño pañuelo, lentes, pastillas recetadas hace muchos años y algunos utensilios para maquillaje.

Es muy probable que existan quienes consideren el presente artículo como una simple banalidad, probablemente tengan razón, sin embargo, cabría consultarles si sus hijas están dispuestas a ir a la universidad con una mochila que no sea de marca, mínimo con una Totto, si saben la cantidad de carteras que tienen sus esposas y si tienen alguna idea de cuánto gastaron en ellas. Como lo destaca el sociólogo francés Jean-Claude Kaufmann, la cartera en las mujeres es una forma de reforzar su identidad y, al final de cuentas, la vida está hecha de estas pequeñas cosas o banalidades, como usted quiera llamarlas.

Es economista y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras de la Universidad Católica Boliviana.

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