Columnistas

Barral, la punta del ovillo

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

05:00 / 19 de mayo de 2015

Amílcar Barral Cabero, “la seguridad del hombre nuevo”. Así se describe el diputado suplente de Unidad Demócrata (UD) en su blog. Si bien se ha hecho conocido por el encontrón que tuvo con la vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE) Dina Chuquimia, su fama en el país ha alcanzado niveles extraordinarios, y no precisamente por cómo se presentó cuando fue candidato a diputado suplente.

Como pretendiendo convencer a quienes no escucharon el audio que lo involucra en un caso de corrupción a menos de tres meses de haber jurado a un curul de la oposición, el hombre dice ser inocente de las denuncias de un asesor de la bancada de su alianza que lo acusó de haberle retenido la mitad de su sueldo. “Me has hecho putear con el Samuel Doria Medina, (...) yo tengo un tema de dinero que tengo que entregarte y te lo voy a entregar pero si renuncias (...), ésa es la condición”, le dice en el audio al funcionario, a quien le debía Bs 21.000.

Es decir, toma represalias porque la víctima lo denunció. Es más, lo condiciona. “Ahora hay otra manera de arreglar (...): que cobres todo tu sueldo hasta cumplir el monto de dinero que te debo (Bs 21.000)”. Así de fácil suena su propuesta en la conversación en la que Barral se manda carajazos, mierdas y cagadas contra su interlocutor.

Ahora, trata de zafarse de su colega Jimena Costa, quien lo denunció por el caso ante la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados, con el consentimiento de Doria Medina y buena parte de la alianza. Y con la ayuda de quien menos pensáramos, el exdirigente indígena, “defensor” del TIPNIS y ahora diputado Rafael Quispe.

¿Qué habrá detrás de esto, que sacó de las casillas al exdirectivo del Conamaq? No sabría decirlo, pero para la reacción que tuvo, debe ser una “razón de Estado”, que hasta el mismo líder de UD no ha dicho nada más que —a decir de Costa— respaldar la denuncia. Sin pensarlo mucho, los descuentos deben ser moneda común en la alianza, a juzgar por una segunda denuncia de ese tipo que se conoce.

En un arranque de furia por el caso, Quispe acusó a Costa de ser “infiltrada” del presidente Evo Morales y del Movimiento Al Socialismo (MAS) en UD. ¿Acaso aquel no se había mostrado como paladín de la lucha contra la corrupción con el nefasto caso Fondo Indígena? Tanta vehemencia en esto e indulgencia con Barral, uno termina dudando de sus virtudes con las que se gana a los medios de información. O se es inclemente con todo acto de corrupción o no se es nada, así de claro.

Bien por Costa, mal por Quispe. Y Barral… lo escuchamos en la discusión. Pero, en su defensa, el diputado suplente aceptó el extremo, aunque justificó que el monto retenido fue para la campaña de su organización en Potosí. Menudo problema en el que se ha metido el legislador y con él ha comenzado a ventilar las fisuras de UD, que por el momento son de menor grado.

El caso de para pensar, y mucho. Y haciendo elucubraciones, causan serias susceptibilidades el silencio de Doria Medina, la reacción de Quispe y el “pataleo” de Barral, que de “hombre nuevo” no tiene nada. Lo que con vergüenza ajena estamos viendo es solo la punta del ovillo, que quizás esconda más que una fisura política. El tiempo lo dirá, y hay que ayudarlo a descubrir.

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