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¡Basta de ángeles blancos!

Claramente es más sano aceptar inmigrantes que enviar las clásicas ‘ayudas internacionales’

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:23 / 17 de octubre de 2014

Desde hace un año barcos de la marina italiana navegan por el Mediterráneo para “rescatar” inmigrantes que intentan llegar a Europa en balsas precarias. Los miembros del operativo, llamado Mare Nostrum, son vistos como salvadores y llamados “ángeles blancos”. La marina lleva a los “rescatados” a algún “centro de recepción”, virtuales prisiones. Pero, en lugar de gastar fortunas en estos operativos, los gobiernos occidentales deberían dejar de lado el racismo y la xenofobia y ser más sensatos, porque estos viajes precarios, y muchas veces mortales (desde 2000 se ahogaron más de 22.000 personas), ocurren porque las vías normales están impedidas para la inmigración.

Aunque la economía mundial crecerá en 2014 menos de lo previsto, los migrantes internacionales mandarán este año a casa, según el Banco Mundial (BM), $us 435.000 millones, 5% más que en 2013. Y la tendencia continuará hasta alcanzar en 2015 los $us 454.000 millones. Si se suman las remesas enviadas a los países desarrollados, los envíos alcanzarán los $us 582.000 millones en 2014 y $us 608.000 millones en 2015. Encabeza la lista de recepción de remesas India, con $us 71.000 millones, luego China (64.000); Filipinas (28.000); México (24.000) y Nigeria (21.000). Ahora, para países como Tayikistán estos envíos equivalen al 42% del PIB; del 32% de Kirguizistán y del 29% para Nepal.

Así, este envío de fondos es una fuente muy importante de flujos privados para los países en desarrollo. Claramente es más sano aceptar inmigrantes que enviar las clásicas “ayudas internacionales” que suelen otorgar los gobiernos, ya que estas personas trabajan produciendo riqueza en el país (de otro modo nadie los contrataría) y mandan recursos a sus empobrecidos países, además de unir, hermanar, a esos pueblos. En 2013, las remesas superaron a la inversión extranjera directa en los países emergentes, excepto en China, y fueron tres veces mayor que el volumen destinado como ayuda oficial al desarrollo.

Y no es cierto que los inmigrantes provocan desocupación o son proclives a delinquir. Todo lo contrario, proveen al desarrollo y a la paz. En el mundo hay mucho por hacer (escuelas, hospitales, viviendas, etc.) de modo que trabajo naturalmente sobra, y si falta es porque alguien lo está impidiendo de forma coactiva, y quién sino el Estado (que tiene el monopolio de la violencia) con leyes como el salario mínimo, que no hace más que dejar desocupados a los que ganarían menos. Vale señalar que si lo que se busca es subir los salarios, se debería aumentar la productividad, con inversión de capitales, lo que se logra bajando impuestos, entre otras cosas.

Por otra parte, no es creíble que los inmigrantes vayan a países donde hay poco trabajo. Por el contrario, se desplazan hacia donde serán mejor remunerados; es decir, donde la demanda de trabajo es más alta. Lo que a veces sucede es que los “planes asistenciales” estatales (como el seguro de desempleo y la cobertura médica) provocan que muchos inmigrantes permanezcan en países sin tener trabajo, y un hombre desocupado es proclive a utilizar su tiempo en cualquier cosa.

Finalmente, el BM destaca la inmigración debida a conflictos entre Estados, mostrando otro aspecto negativo de las guerras. Solo en Ucrania, el conflicto con Rusia ha provocado un millón de migrantes, mientras que en Siria más de la mitad de la población se ha desplazado interna o externamente.

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