Columnistas

Basta de ‘huevear’, por eso marcho

Esto que nos pasa como sociedad no tiene que ver con ricos y pobres, sino con el maldito dinero

La Razón / Gabriela Ichaso Elcuaz

01:07 / 10 de octubre de 2013

Porque pensar, escribir, denunciar, alertar, decir o ser coherente es insuficiente; por eso marcho. Porque nos tienen que matar en la puerta de casa un hijo o en la carpa de la juerga otro para que se nos conmueva el alma; porque hace 30 años Noel Kempff Mercado tuvo que morir asesinado y desangrado; porque el fin de semana pasado se tuvo que morir asesinado y sin saber por qué el compañero de escuela de mi hijo; por eso marcho.

Porque somos una sociedad sin salvación si la política mete presa a una periodista que pide disculpas por una huevada, y a la vez se muestra incapaz de detener y juzgar a los asesinos de Hanali Huaycho, de Sergio Ortiz, Cristian Pinto, Álvaro Escalante y tantos otros; por eso marcho.

Porque somos una sociedad que permite, tolera, se presta y aplaude la basura de los medios de comunicación, hablando de muerte, dolor y solidaridad,  con Julio Iglesias de concierto de fondo,  y teatralizando la apología de la realidad que nos consume o permitiendo la confusión de valores en horarios aptos para todo público; por eso marcho.

Porque los asesinos están prófugos y porque no sólo los sistemas social y de justicia están en entredicho, sino que  además los testigos están en peligro, nuestras familias en estado de indefensión y la sociedad a expensas de la ruleta rusa de la suerte; por eso marcho.

Porque la indignación no se demuestra hueveando ni aparentando; porque somos causa y hace falta fuerza común, hombro con hombro, espalda con espalda, mano con mano; por eso marcho.

Porque es la vida de tu hijo, su hijo y mi hijo (¿de qué nos sirve creer que les damos lo mejor si la barbarie ronda, acecha, está ahí?); porque es hora de dejar de hablar huevadas en las reuniones de padres de familia, de dejarnos atropellar con huevadas que están reñidas con los muchachos de bien que decimos desear que sean felices; de hacernos los huevones con las huevadas que imponen modelos de vida extraños, tóxicos, deshumanizantes; por eso marcho.

Porque si sólo dejáramos de huevear en nuestras relaciones sociales, nos protegeríamos mejor entre todos, daríamos mayor seguridad a nuestros hijos para que sean quienes quieren ser, sin miedo al bullying, al acoso, a las modas de la manada.

Preocúpemonos de saber no sólo del colegio al que asisten, sino de los locales de diversión, del gimnasio, de los amigos, los maestros, los vecinos, de los juntes fuera de lugar y de hora, la gente que los induce, las condiciones que les ponen, la sustitución de aspiraciones personales por angustias materiales.

También marcho para que la clase política se ocupe de lo que importa y deje  de rellenar con huevadas el tiempo que les paga el Estado; y para que la clase empresarial y profesional se ocupe de cumplir sus deberes con la sociedad, en lugar de huevear para sacar ventajas del descuido o la necesidad corrupta.

¡Dejemos de huevear nosotros mismos! Porque esto que nos pasa como sociedad no tiene que ver con ricos y pobres, sino con el maldito dinero, que hemos permitido que nos carcoma el alma sin importarnos su procedencia, droga, alcohol, robo, contrabando, estafa, corrupción; y no le torcemos la cara en pantallas de televisión, en testeras, en eventos sociales, en gremios, en negocios malhabidos, en la sede de gobierno, en el Chapare y en Santa Cruz.

Porque “donde cayó la víctima, hubo sangre, pero algunas personas la limpiaron y continuaron la fiesta y la borrachera...”; porque basta de apropiarse de nuestras calles, nuestros caminos, nuestros barrios, nuestras escuelas (que construimos con el trabajo y la fe de quienes creemos en la vida decente); por eso marcho el viernes y exijo nada más que justicia todos los días.

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